SOCIEDAD › OPINION

Educación técnica y ampliación de derechos

 Por Eduardo Aragundi *

Ayer se celebró el Día de la Educación Técnica, en conmemoración de aquel 15 de noviembre de 1959 en que se creó el Consejo Nacional de Educación Técnica (Conet). El recordatorio cobra particular relevancia al amparo de un proyecto nacional basado en la diversificación de la producción industrial, la agregación de valor a la producción primaria y el fortalecimiento del trabajo. La educación técnico-profesional nunca es indiferente ante un proyecto de país.

Baste señalar que, en un modelo como el que pugnó por instalarse desde la última dictadura cívico-militar y que desembocó en la crisis de 2001, en el que la apertura indiscriminada de los mercados, la opción por la producción de servicios y la especulación financiera eran “el modelo”, la educación técnico-profesional se hacía innecesaria. Llanamente: en los ’90, la Ley Federal de Educación excluyó a las escuelas técnicas y muchas se cerraron o se “reconvirtieron”. Otras, sólo gracias a la tozudez de sus directivos y docentes, resistieron.

Vale pues, en este otro tiempo nacional, conmemorar pero también rememorar el camino recorrido en los últimos años, en pos de recuperar la escuela técnica, vuelta hoy estratégica para el desarrollo del país.

La Ley de Educación Técnico Profesional (N 26.058), impulsada por el presidente Néstor Kirchner, posibilitó la mejora edilicia y la recuperación de los talleres y laboratorios, la actualización de planes y programas y de las prácticas docentes, poniéndose en marcha así un proceso de intensificación de la calidad educativa orientado por la Nación, compartido por las provincias y concretado por las propias escuelas, que hoy se sostiene.

Desde la implementación de esa ley se invirtieron 4300 millones de pesos en proyectos de mejora de la educación técnico-profesional (ETO), cifra que asciende a los 5100 millones de pesos en toda la década.

Mas sería injusto reducir la política de estos años para la ETP a la inversión y a la ley. Es sobre todo la voluntad política para cumplir con la ley lo que generó las condiciones para iniciar un proceso de ordenamiento y regulación que hoy nos permite saber cuántas instituciones de la modalidad existen en el país y cuántos y qué títulos y certificados de educación técnico-profesional se expiden. Hay que saberlo: la Argentina de finales de siglo pasado no podía dar cuenta de cuántas instituciones aún quedaban en pie y mucho menos de con qué grado de actualización y competencia se formaban sus estudiantes.

Sabemos hoy además que muchas de esas formaciones se ajustan a los estándares mínimos que deben contener para asegurar trayectorias educativas de calidad.

Recuperamos también para la “técnica” la formación práctica: el taller, el laboratorio, el trabajo en el campo.

Hay motivos pues para que como sociedad estemos orgullosos de lo mucho hecho en estos años. Pero el orgullo no nos carga con la soberbia de pensar que todo fue hecho. La educación técnico-profesional tiene entre sus finalidades dotar a sus estudiantes de las capacidades para actuar en situaciones concretas de trabajo. ¡Pero cuidado con pensar que esa es su única meta!

La tarea no se agota en formar “personal” capacitado para ocupar un puesto de trabajo en una determinada organización laboral. La escuela técnica debe formar estudiantes capaces de comprender críticamente el contexto social, productivo y organizacional en el que han de involucrarse, en tanto que profesionales y trabajadores, pero sobre todo como ciudadanos, con posibilidades reales de inserción y movilidad laboral y de continuar estudios.

La escuela técnica de hoy, represtigiada, debe desarrollar las estrategias para que, sin menoscabo de los aprendizajes, todos sus estudiantes puedan ver coronadas sus trayectorias educativas con el título técnico.

Una escuela técnica de calidad extiende su acción educadora a quienes han terminado de cursar y aún no han obtenido el título, y también a aquellos y aquellas que viven en localidades pequeñas y que demandan capacitación en oficios.

Hace pocos días lanzamos un plan que permitirá que en los próximos dos años al menos 7000 estudiantes que terminaron de cursar en la “técnica” puedan obtener su título.

Ya se ha preadjudicado la fabricación de 42 aulas-talleres móviles que se agregan a las diez que ya están llevando la formación a pueblos y localidades pequeñas del país.

A las más de 300 escuelas técnicas incorporadas al sistema educativo nacional, se les sumarán, en los próximos años, 30 instituciones integrales de educación técnico-profesional, a través del programa federal de construcción de nuevos edificios.

Estos son algunos de los desafíos que estamos encarando, porque tenemos el compromiso de hacer que todos los que elijan la “técnica” encuentren en ella una oportunidad para realizar su proyecto de vida en una comunidad que se realiza.

Por ello evocamos hoy aquel Conet del que rescatamos sus mejores tradiciones, pero para desafiarlas y convertirlas en herramientas de este tiempo.

Una escuela técnica de calidad como la que propugnamos no trabaja para “producir pocos y mejores técnicos”, educa para formar muchos buenos técnicos, capaces de desarrollarse para ser mejores cada día, como personas comprometidas con un proyecto de Nación.

* Director ejecutivo del INET.

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