SOCIEDAD › SE REALIZO AYER EN LA PLAZA DE MAYO LA TERCERA MARCHA DE LAS PUTAS

Marcha contra el agravio machista

Nombrada por el comentario, en 2011, de un policía canadiense, la marcha reunió ayer a miles de mujeres y algunos hombres para reivindicar los derechos de las mujeres y repudiar la violencia sexual y el abuso.

 Por Carlos Rodríguez

El oscuro policía canadiense Michael Sanguinetti, quien en abril de 2011 aseguró en el marco de una charla en la Universidad de Toronto que “las mujeres deberían evitar vestirse como putas para no ser victimizadas”, recibió ayer, a la distancia, un nuevo y merecido repudio de parte de miles de mujeres –y algunos hombres– en la histórica Plaza de Mayo. Fue durante la tercera edición argentina de la Marcha de las Putas, nombre simbólico adoptado para convertir el agravio machista en bandera de lucha y de reivindicación de la mujer. Los testimonios, las consignas, los mensajes fueron muchos, pero algunos sobresalieron en forma inapelable. Deborah, una joven abusada en su niñez, hizo un emotivo, valiente y esperanzador relato de su historia, para recordarles a todos los Sanguinetti del país y del mundo que “violación no es una relación sexual” y que la palabra “consentimiento” significa que “dos personas han tomado una decisión impuesta por los sentidos”.

Deborah cuestionó, además, las “segundas acepciones” que la Real Academia Española le da al vocablo “consentir”, porque “dicen que también puede significar ‘permitir’ o ‘tolerar’, que son dos cuestiones totalmente distintas del consentimiento lúcido de una mujer que accede por propia voluntad, y en pleno uso de sus sentidos, a tener relaciones sexuales con alguien”. Los femicidios (“una mujer es asesinada cada 30 horas en la Argentina por violencia de género”) y los casos de violación seguida de muerte, como el de la joven Melina Romero, fueron dos de los ejes centrales de las charlas y de las consignas que llenaron la plaza, en carteles, exposiciones y en mensajes escritos sobre la piel de mujeres, en muchos casos acompañadas por sus amigos, novios o maridos.

“No me visto para provocarte” o “Mi vida no gira alrededor de tu pene” eran dos de las frases levantadas por la agrupación Mujeres sin Miedo. Otro cartel decía: “Ni tus padres, Ni tu pareja, Ni la Iglesia, Ni el Estado, ni tu Jefe. Tu cuerpo=Tu decisión”. En las vallas que todavía están instaladas en un sector de la Plaza de Mayo, a metros de la Pirámide, se habían colgado varias ilustraciones que simulaban las tapas de las tradicionales “revistas femeninas” que muestran a las mujeres como objetos que sólo sirven para “vender”.

Los títulos de las tapas que acompañaron a la Marcha de las Putas eran bien diferentes: “En mi belleza no está tu felicidad”, decía desde la foto una típica modelo sonriente y feliz de ser la tapa de una revista que oferta “mediocridad y sumisión”, comentó una de las creativas de las tapas que le dieron contenido a la manifestación. “Tritura tus ideales”, era la frase que acompañaba a otra “tapa”, en la que aparecía una “ama de casa” junto a su moderna multiprocesadora.

Uno de los momentos salientes de la manifestación se produjo cuando Deborah, una joven que se presentó como “sobreviviente de abuso y violación”, se explayó acerca de los casos de violación, o de violación y asesinato, que ocurren en el país. Subrayó que, además de la violencia física, en la Argentina hay también “muchos casos de violencia simbólica, de violencia mediática y de violencia obstétrica”, que todavía no han sido analizados en profundidad.

Deborah hizo hincapié en el sentido exacto que describe la palabra “consentimiento” y señaló que “si no hay consentimiento (por parte de una mujer para tener relaciones sexuales), hay abuso”. Resaltó que esos abusos “se dan sobre todo en el ámbito familiar, entre los propios miembros de una familia, o entre amigos, o entre vecinos, son menos frecuentes de los que se cree, aunque existen también, las violaciones callejeras, con personas desconocidas”.

A partir de su propia experiencia, y de la difusión de su historia personal a través de las redes sociales, Deborah llegó a contactarse con “una mujer de 70 años que se comunicó conmigo para contarme que cuando era niña había sido violada por su abuelo; lo increíble es que me dijo que yo era la primera persona a la que le había podido contar lo que le había sucedido cuando era pequeña”. De la charla participaron Malena, psicóloga y militante del Frente de Izquierda, y Tiago Obligado, psicoanalista y funcionario del Ministerio de Justicia de la Nación.

En diálogo con Página/12, Tiago Obligado recalcó que “es necesario que los hombres empecemos a tener una mayor participación en estas movilizaciones, porque tenemos que trabajar mucho sobre nuestro propio comportamiento como varones. Tenemos que acompañar a la mujer, porque es necesario que la mujer ocupe el espacio público como lo estamos haciendo ahora en esta marcha”.

Durante la charla se señaló que hoy ocurren “violaciones en las que las víctimas están alcoholizadas y los violadores, que muchas veces son personas de su círculo de amistad, no asumen lo que ocurrió como una violación, cuando lo es sin ninguna duda, porque para que haya consentimiento, la mujer tiene que saber lo que hace, tiene que estar en pleno uso de los sentidos”.

La consigna de esta tercera Marcha de las Putas giró siempre en torno de la diferencia entre abuso y consentimiento. Verónica Lemi, una de las organizadoras de la manifestación, insistió en que “hay una tendencia muy marcada, que se refleja en los medios de comunicación, que relativiza la cuestión del consentimiento y que alimenta la cultura de la violación y vuelve a victimizar a la mujer abusada”. La manifestación concluyó en el Obelisco, con música y compromiso “para seguir la lucha todos los días”.

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La Plaza fue escenario de la protesta y auditorio para escuchar historias de abuso y de violencia.
 
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