SOCIEDAD › HAY MENOS CHICAS Y CHICOS ALOJADOS EN HOGARES

El cuidado de los niños

En las instituciones a cargo del Estado se redujo un 37 por ciento la cantidad de chicas y chicos que fueron separados de sus familias, según Unicef y la Secretaría de Niñez.

En Argentina, cada vez menos chicas y chicos viven en instituciones y están a cargo del Estado, por falta de cuidados parentales. En 2014, la cantidad de niñas, niños y adolescentes alojados en dispositivos institucionales del Sistema de Protección estatal y sistemas de cuidado familiar –alternativos a su propia familia– bajó un 37 por ciento (en la última medición eran 9219, en lugar de los 14.675 de 2011). La mitad de ellos vive en la Ciudad de Buenos y en territorio bonaerense; la mayoría (el 53,3 por ciento) son chicas. Entre las causas más frecuentes de ingreso al sistema está la violencia: más de las mitad de las chicas y los chicos alojados en hogares fue separado de su familia tras situaciones graves de abuso. Los datos, relevados en “Situación de niños, niñas y adolescentes sin cuidados parentales en la República Argentina”, el estudio que continuó la investigación realizada en 2012 sobre datos de 2011, y que ayer presentaron la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf) y Unicef. Las cifras, reflexionó la coordinadora del Area de Protección de Unicef Manuela Thourte, hablan de un proceso gradual pero claro: “Lo que cambió es que empieza a haber un sistema de protección más robusto, que permite trabajar con las familias para evitar la separación” de los niños de sus padres, y se combina “con medidas integrales de protección como la Asignación Universal por Hijo, el Plan Nacer”, entre otros.

La mayoría de los chicos y las chicas que salen de una institución lo hace porque la revinculación con su familia fue exitosa. De cada diez chicos institucionalizados, siete regresan a sus casas una vez superado el conflicto que generó el alejamiento, o bien quedaron al cuidado de su familia ampliada (abuelos, tíos, adultos cercanos), que asumió su tutoría legal. Los otros dos motivos de egreso del sistema son el haber alcanzado la mayoría de edad (el 12,1 por ciento de los casos) y el haber sido adoptados –los que están en condiciones de serlo, un porcentaje menor al 10 por ciento de quienes están en el sistema–, el 8. Quienes llegan a la mayoría de edad, por otra parte, presentan una particularidad que marca una tendencia: “Ahora egresan cada vez más con un proyecto autónomo de vida”, señaló Thourte. Son chicas y chicos que “saben dónde van a vivir, de qué van a trabajar. En 2011, un 20 por ciento egresaba sin tener un proyecto de vida; ahora es el 8. Eso es muy importante. Es una de las líneas de trabajo de Unicef y la Senaf. Y es importante porque, sino, son chicas y chicos que salen sin red”.

Las estadísticas indican que las chicas son mayoría en las instituciones de los distintos distritos (ellas son el 53,28 por ciento –4912 en total–; ellos, el 46,72 –4307–), excepto en Catamarca, Chaco, Córdoba (donde la descentralización del sistema de cuidado se combinó con una fuerte promoción de la descentralización), La Pampa, La Rioja y Neuquén. La franja etaria más populosa es la de entre 6 y 12 años (3654 chicas y chicos, el 39,64 por ciento del total), seguida por la de entre 13 y 17 (3365, el 36,5 por ciento) y la de entre 0 y 5 años (2200, el 23,86 por ciento). Thourte señaló que la distribución de edades varía, entre otras cosas, porque los cambios legales y de criterios aplican otras modalidades a la hora de poner a resguardo a chicas y chicos. “Antes se separaba a los chicos más chiquitos del resto, de sus hermanos. Ahora, cuando hay una situación que motive el ingreso a una institución, se separa a grupos de hermanos, porque aunque la víctima sea una sola, se considera que todos los hermanos están en riesgo de sufrir lo mismo. Es preventivo.” Además, “se está aplicando más la ley de violencia familiar, que separa al agresor de la familia, en lugar de sacar al niño de su casa. Las leyes nuevas visibilizaron eso y ahora se privilegia que los niños permanezcan en su casa con su mamá, su tío, su abuelo”.

El motivo que determina con más frecuencia el ingreso de niñas, niños y adolescentes a hogares es la violencia. Más de la mitad de ellos quedó bajo el Sistema de Protección del Estado porque fue separado de su familia por situaciones de maltrato grave (esto sucedió en el 52,6 por ciento del total). El 22,8 por ciento sufrió abandono –una variable en descenso–; el 19 padeció abuso sexual, un motivo que se volvió más recurrente en los últimos años. “Antes, se consignaba en muchos casos como ‘abandono’ cosas que, en realidad, tenían que ver con negligencia, y se los separaba de la familia. Pero siempre institucionalizar a un niño es la peor medida que podés tomar, la medida más extrema es separar a su familia”, señaló Thourte, quien indicó que el cambio obedece a nuevos modos de trabajo con las familias, pero también con los funcionarios.

Thourte señaló que “el tema de la violencia y el abuso es de gran preocupación”. “En un estudio que hicimos en Unicef recientemente, en todas las franjas sociales, en todo el país, un 46,4 por ciento de los padres y las madres de Argentina reconoció usar la violencia física como forma de disciplina con sus hijos. Obviamente no todos esos niños van a ser separados de su familia, porque es otra cosa, pero el número indica que evidentemente es algo extendido en nuestra sociedad.”

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Las niñas son el 53 por ciento de la población en hogares.
Imagen: Pablo Piovano
 
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