SOCIEDAD › INVESTIGACION EXITOSA DE CIENTIFICOS DEL INSTITUTO LELOIR

Vacuna para frenar al cáncer

Probaron en animales una vacuna terapéutica que activa el sistema inmunitario para que el propio organismo destruya los tumores.

 Por Pedro Lipcovich

Un equipo de investigadores del Instituto Leloir desarrolló –en pruebas con animales de laboratorio– una vacuna terapéutica contra el cáncer. El método consiste en extraer células del tumor y modificarlas genéticamente en forma tal que produzcan dos sustancias llamadas “interleuquinas”, que actúan como mensajeros para activar el sistema inmunitario y así lograr que el propio organismo destruya los tumores. En rigor, el hallazgo de estos investigadores fue juntar, en su vacuna, dos interleuquinas que, separadas, tienen poco o ningún efecto pero juntas –descubrió el equipo argentino– se potencian. El fármaco se ensayó sobre tumores de mama y de colon con metástasis pulmonares: la curación total de los tumores se verificó entre el 40 y el 70 por ciento de los casos, y casi el ciento por ciento de las metástasis pulmonares se curaron. Los resultados se publican hoy en la prestigiosa revista The Journal of Immunology. El método desarrollado por el equipo del Leloir –dirigido por Osvaldo Podhajcer– ya tiene patente internacional. El próximo paso es, todavía con animales de laboratorio, hacer estudios para determinar la eventual toxicidad del fármaco, como paso previo a eventuales ensayos con seres humanos.
La primera pregunta que habría que hacer sobre el cáncer no es tanto cómo derrotarlo, sino, ¿por qué el organismo no lo derrota por sí mismo? ¿Cómo puede ser que el sistema inmunitario, exquisitamente forjado en millones y millones de años de evolución, no sea capaz de reconocer y atacar algo tan mortífero como un tumor? “Porque el tumor genera a su alrededor un ‘entorno inmunosupresor’”, una barrera de sustancias que le impiden al sistema inmunitario reconocerlo, explicó Podhajcer, director del Laboratorio de Terapia Génica del Instituto Leloir, investigador del Conicet, profesor en la UBA y jefe del equipo que integraron Verónica López, Soraya Adris, Alicia Bravo y Yuti Chernajovsky.
La cuestión es, entonces, cómo “despertar al sistema inmunitario de su letargo y permitirle atacar”, metaforizó Podhajcer. Para despertar al sistema inmunitario, los investigadores recurrieron a las interleuquinas: sustancias producidas por las distintas células inmunitarias para trasmitir a otras células del mismo sistema la información de que, por ejemplo, ha entrado un agente patógeno y hay que acudir a atacarlo.
Los primeros ensayos de vacunas antitumorales con interleuquinas, efectuados por distintos grupos en el mundo, consistieron en tomar células del tumor, inactivarlas y agregarles un gen que activara en ellas la producción de uno de estos mensajeros inmunológicos: “La interleuquina-12 (I-12) es considerada la de más potente acción antitumoral y antimetastásica”, puntualiza el trabajo en The Journal of Immunology. Pero los resultados de aquellas primeras pruebas fueron decepcionantes: la I-12 tenía un efecto “apenas marginal”. ¿Por qué no funcionaba?
“Porque –contó Podhajcer–, si bien la I-12 producía una respuesta inicial muy fuerte contra el tumor, a los pocos días aparecía otra interleuquina, la I-4, cuya función es contrarrestar la respuesta inmunitaria inicial.” ¿Una interleuquina traidora, que sabotea la acción de las leales? Nada de eso. “Normalmente, la I-4 tiene por función poner un límite a la reacción inmunológica para que no dañe al propio organismo; por eso se la utiliza terapéuticamente en enfermedades autoinmunes”, explicó Podhajcer.
La pregunta del millón era cómo lograr, contra el cáncer, que la I-4 se abstuviera de inhibir a la I-12, la cual así podría desplegar sin límites su eficacia antitumoral. La respuesta que encontraron los investigadores del Leloir consistió en preparar la vacuna antitumoral no sólo con I-12, sino también con la interleuquina-10 (I-10). Esta, en sí misma, no tiene eficacia; es más, “se suponía que, si se juntaban las dos, una bloquearía a la otra, pero nosotros demostramos que, lejos de contrarrestarse, tienen efecto sinérgico”, contó Podhajcer. ¿Por qué? Porque la I-10 bloquea a la I-4 y, al hacerlo, libera contra el tumor toda la furia de la I-12. Los resultados: “Del 40 al 70 por ciento de los animales eliminaron el tumor inicial, y cerca del ciento por ciento eliminó las metástasis pulmonares” mediante sus propios recursos inmunológicos activados por las interleuquinas, contó Podhajcer. Este abordaje, el tratamiento de tumores mediante dos interleuquinas combinadas, es el hallazgo específico que los argentinos patentaron internacionalmente.
El paso siguiente es “efectuar estudios sobre toxicidad, en animales, para nuestra combinación de interleuquinas”, anticipó el investigador. Estos estudios durarían entre 18 y 24 meses y “si sus resultados son favorables, podrían encararse los primeros ensayos clínicos en humanos”.
En los resultados, llama la atención el éxito con las metástasis: “La vacuna, además de actuar sobre el tumor primario, permite inmunizar contra la diseminación del cáncer”, dijo Podhajcer con entusiasmo, si bien observó que “sólo después de ensayos clínicos en personas será posible evaluar realmente los resultados”. Se eligieron tumores de mama y colon porque “son muy frecuentes en seres humanos y, para el de colon, la quimioterapia suele ser poco efectiva”.
La gestión de la patente en Estados Unidos fue financiada por el laboratorio argentino Craveri, que ya acordó financiar también los próximos ensayos. Además de Craveri, la investigación fue apoyada por las fundaciones René Barón, Amigos de la Fundación Leloir para la Investigación en Cáncer (Afulic), el Ministerio de Salud de la Nación y el Conicet.

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Osvaldo Podhajcer, líder del equipo del Leloir que desarrolló la vacuna.
 
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