SOCIEDAD › PROGRAMA DE EXTERNACION EN EL NEUROPSIQUIATRICO OPEN DOOR

Dejar el manicomio no es una locura

Sobre un total de 1300 pacientes, ya se externaron 200. Siguen el tratamiento con su familia o en casas de medio camino.

Entrar al Hospital Colonia Doctor Domingo Cabred, rebautizado paradójicamente como Open Door, no se parece en nada a ingresar a un centro de salud. Lo primero que hay que hacer es superar una barrera y una garita con un policía bonaerense. Unos metros más adelante, los automovilistas se encuentran con un cartel que, entre óxido, advierte: “Cuidado, pacientes deambulando”. Esas son las imágenes que alcanzan para mostrar que el hospital, diseñado hace más de cien años, durante el gobierno de Julio A. Roca, fue concebido con la idea de que la solución para la locura es el encierro. Un proyecto aplicado desde 2002 busca cambiar esa concepción e impulsar la externación de los pacientes, ayudando a su reinserción en la sociedad. Hasta ahora, unos doscientos pacientes, sobre un total de 1300, dejaron la internación para pasar a vivir en casas de medio camino o volver con sus familias.

Plan para un Nuevo Modelo de Gestión y Atención en Salud Mental es el nombre del programa. “Tiene que ver con que no haya más gente internada de por vida”, sintetizó el director del hospital, Leo Zavattaro, ante la consulta de Página/12. En su aplicación participa el Ministerio de Salud bonaerense, de quien depende el hospital, la Fundación Banco Provincia y seis de los municipios que se encuentran en el área de influencia: Moreno, Morón, Malvinas Argentinas, José C. Paz, Pilar y La Matanza. La evaluación y parte de la asesoría técnica corre por cuenta de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

La descentralización del hospital apunta a transformarlo para que algunos de sus servicios puedan brindarse en los lugares de origen de los enfermos sin la necesidad de que queden internados. Uno de los pilares del plan está constituido por el área de Servicio Social y Equipo Transversal, compuesto por psicólogos, trabajadores sociales y terapistas ocupacionales. Su objetivo es tratar de reconectar a quienes padecen trastornos mentales con sus familias o derivarlos a casas de medio camino y detectar a nuevos pacientes que sean candidatos para la externación. Con su trabajo lograron otorgarle el alta a más de cuarenta pacientes, y nueve de ellos retornaron con sus familias a distintas provincias del país.

Además, algunos de los 200 que ya no están internados reciben el subsidio Vuelta a Casa, como ayuda económica para ellos y sus familias. Mientras tanto, todos continúan con los tratamientos y siguen recibiendo la medicación en los hospitales generales de los distritos, donde se capacitó al personal necesario para atenderlos.

Otra de las formas que tomó la implementación de este nuevo modelo es el Servicio de Atención en Crisis, que busca presentarse como una barrera de contención para limitar las internaciones indiscriminadas. De ese modo, quiere cambiarse el hospital como un lugar de residencia permanente, donde el paciente quede eternamente aislado del medio social, y lograr la disminución de la cantidad de internados.

El proyecto también se articula con el trabajo de algunos municipios. Por ejemplo, en Moreno se capacitaron acompañantes de convivencia y se está por instalar un centro de día que buscará atender otras problemáticas más difundidas, como la violencia familiar o el embarazo adolescente.

Como algunos de los pacientes se encuentran internados por orden de la Justicia, parte de la tarea de la reforma consistió en explicarles a los juzgados la nueva modalidad de atención y convencerlos para que la acepten. “La cuestión es que la mayoría de las psicosis crónicas pueden ser externalizadas. Cuando no es así es porque el paciente sufrió un deterioro como consecuencia del encierro. Y lo que queremos lograr es descentralizar, agregando en los municipios servicios que estén preparados para atender las crisis. Por otra parte, esto no es más caro, sino que se trata de distribuir el dinero de otra manera”, contó Zavattaro, que tiene la esperanza de que la experiencia pueda replicarse en toda la provincia.

Claro que el cambio de modelo se encontró con obstáculos. “Encontramos resistencias de todo tipo –reconoció Zavattaro–. Esta modalidad implica más trabajo por parte de los profesionales, que tienen que estar dispuestos, por ejemplo, a ir a visitar a los pacientes a sus casas y procurar que no abandonen los tratamientos. También tuvimos oposición desde el sindicato local de los trabajadores del hospital, que con la descentralización de los recursos pierden algunos de sus manejos.”

Todo lo realizado es evaluado por la OPS. En sus visitas, los funcionarios del organismo internacional hacen un seguimiento del trabajo realizado por los profesionales, los enfermeros y los responsables de las comunas que intervienen.

¿Cuál es el futuro de la Open Door de continuar el proceso de transformación? De llegar al final del plan, el hospital quedaría restringido a la atención de casos agudos y los pacientes serían internados en períodos de entre quince días y tres meses. Los que no estén en esa situación extrema pueden recibir atención en las áreas de salud mental de los hospitales municipales.

Informe: Lucas Livchits

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El hospital, ubicado en Luján, fue pensado con la idea de que el encierro es la solución para la locura.
Imagen: Ana D’Angelo
 
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