SOCIEDAD › POLEMICA AMBIENTALISTA EN SAN JUAN POR UNA MINA AURIFERA

Cuando no todo lo que reluce es oro

El negocio es de 500 millones de dólares. El hermano del gobernador, el senador César Gioja, tiene una empresa que vende insumos a la minera. El tratamiento con cianuro provoca críticas ambientalistas.

La provincia de San Juan parece haber encontrado su destino: transformarse en una provincia minera. Uno de los proyectos más importantes, Veladero, ya está en marcha y planea extraer unos 13 millones de onzas de oro en 17 años por medio de la explotación a cielo abierto y la utilización de cianuro. Otras minas de grandes dimensiones aparecen en el horizonte. Pero no todo San Juan comparte la vocación minera ni aprecia los miles de millones dólares en inversiones. Mientras el hermano del gobernador es uno de los proveedores de esos proyectos, otros mantienen reclamos por la contaminación que puedan provocar las mineras utilizando métodos prohibidos en otros lugares del país. Quienes se oponen creen que “las empresas se llevan lo que les interesa y dejan sólo la contaminación. Este tipo de minería es suicida”, asegura Silvia Villalonga, presidenta de la ONG Fundación de Ciudadanos Independientes.

La idea de la extracción de oro en la zona de Veladero, 320 kilómetros al noroeste de la capital sanjuanina y a unos 4000 o 4850 metros de altura, comenzó a tomar forma en 1994. Un año después se inició la etapa de exploración y todo se agilizó con la devaluación. En 2003 la empresa a cargo del proyecto, la canadiense Barrick Gold, presentó un informe de impacto ambiental elaborado por ellos mismos y que fue sometido a un proceso de audiencias públicas. Una vez aprobado, comenzó la construcción de las instalaciones necesarias para la explotación de la mina. El 11 de octubre del año pasado, con la presencia de funcionarios provinciales y nacionales, Veladero empezó la extracción de oro.

Más de 547 millones de dólares fueron invertidos en la construcción de la mina, otro tanto desembolsarán a lo largo de los 17 años de vida útil del proyecto, 3 mil personas trabajaron durante la construcción, más de 1500 lo hacen ahora y 4 mil puestos de trabajo fueron generados indirectamente en 80 empresas de proveedores de Barrick. Esos son los números con los que la minería intenta convencer. Pero no le alcanzan.

“San Juan está camino a convertirse en una provincia minera –dijo en tono de queja a Página/12 Silvia Villalonga, presidenta de la Fundación de Ciudadanos Independientes (Fuci)–. La gente está convencida de que nos van a contaminar, aunque no salen a la calle. Hasta que no ocurra una tragedia no se van a preocupar.”

Claro que algunos tienen el sí más fácil, como el gobernador de la provincia, José Luis Gioja, uno de los defensores de los proyectos mineros. La misma defensa hace uno de sus hermanos, el senador nacional por el Frente para la Victoria César Ambrosio Gioja. Tiene sus motivos. El legislador no sólo es presidente de la comisión de Minería de la cámara alta, también es el propietario de la empresa Bentonitas Santa Gema, que en su sitio web comunica: “Con satisfacción decimos que somos proveedores de empresas líderes como Barrick Argentina”. Es en la empresa del hermano del gobernador donde la minera adquiere los lodos de perforación, una especie de arcilla que utiliza para realizar sus pozos.

Barrick es la misma que un plebiscito echó de Esquel, cuando en esa ciudad fueron rechazadas las minas a cielo abierto y la utilización de cianuro en el proceso de recuperación de metales denominado lixivación. Ambos procedimientos están prohibidos en Río Negro y en Chubut debido a sus efectos nocivos en el medio ambiente.

“La explotación a cielo abierto con lixiviación con cianuro está prohibida en la Unión Europea y en el estado de Montana, en Estados Unidos”, aseguró Hugo González, ingeniero en minas. De acuerdo a sus datos, en Veladero se moverán 48 mil toneladas de roca por día, se quemarán 531 millones de litros de gasoil y se utilizarán 91 millones de kilos de explosivos.

El riesgo advertido por los habitantes que se oponen a las minas es el de la contaminación del agua que consumen con cianuro y otros metales. El agua que utilizan en sus casas y cultivos proviene del deshielo de la cordillera, el lugar en el que las mineras tienen su área de trabajo. “En San Juan llueven apenas 200 milímetros al año. No tenemos otra forma de subsistir que lo que nos llega del deshielo”, señaló Villalonga.

Parte de ese deshielo se origina en los glaciares que se forman en la cordillera. Según una denuncia realizada por Fuci ante la justicia, varios de esos depósitos de hielo son afectados por el proyecto pero fueron omitidos por Barrick en su estudio de impacto ambiental. “En el informe no se hace ninguna mención al hielo, que también es una reserva hídrica”, explicó el glaciólogo Pablo Milana, quien por medio de fotografías aéreas y de una fotointerpretación descubrió lo que la minera escondía.

“Si no se cita la presencia de hielo, tampoco se tienen en cuenta las posibles consecuencias. Al menos dos glaciares se encuentran en el área de extracción y desaparecerían en el proceso. Nosotros no estamos en contra de la minería, pero queremos que se haga responsablemente. Para eso hace falta que la empresa reconozca la presencia de los glaciares”, afirmó Milana.

“Minería responsable” es la consigna que Barrick muestra debajo de su emblema. Ante la consulta de Página/12, la minera negó la posibilidad de contaminar las aguas. “El sistema de procesamiento del mineral que se aplica en la mina Veladero es un circuito cerrado –aseguraron– y por lo tanto no tiene emisiones al ambiente.” También explican que consideran “los aspectos de control y aseguramiento de la calidad de los recursos como el agua, el aire y el suelo, además de la salud de los trabajadores y los riesgos del medio ambiente”.

Aunque desde Barrick indican que diariamente se realizan monitoreos de las aguas de las zonas que rodean a la mina y que implementaron visitas guiadas a sus instalaciones para tratar de lavar su imagen, a los vecinos eso no les basta. “Están experimentando, sabemos que se les ha roto un tanque de cianuro. Hacen falta controles de verdad”, dicen.

Los monitoreos de la empresa son cuestionados por la ausencia de controles externos y porque la presencia de cianuro y metales pesados en el agua puede demorar años en evidenciarse. “Las consecuencias son a largo plazo –afirmó César Eguaburo, geólogo–, por el tiempo que el cianuro tarda en escurrir.”

“En la provincia hemos sido agricultores durante doscientos años. No entiendo por qué no seguimos esa línea o por qué las autoridades no promueven el turismo –se preguntó Villalonga–. Aquí el paisaje es hermoso y tiene que conocerlo todo el mundo. Con la minería, las empresas se llevan lo que les interesa y nos dejan sólo la contaminación. Este tipo de minería es suicida.”

Informe: Lucas Livchits.

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La mina de Veladero, 320 kilómetros al noroeste de la capital sanjuanina y a 4800 metros de altura.
 
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