SOCIEDAD › MAXIMA PENA POR EL CRIMEN DE EMILIANO D’AVERSA

Encargo con prisión perpetua

Alfredo Salomón y su hija Claudia fueron condenados a perpetua por pagar a un killer que asesinó a Emiliano D’Aversa. Los Salomón lo culpaban por la muerte de su hijo Guillermo en un accidente.

“Lo mataron por ir en un auto. Ellos eran amigos, iban a ser concuñados, pero la familia no entendió eso. Solamente agarraron odio hacia nosotros, hacia mi hijo, hasta que determinaron matarlo, contratar a un sicario y matarlo.” Antonio D’Aversa se abraza con Norma, su esposa. Acaban de escuchar la sentencia del Tribunal Oral 1 de San Martín, que condenó a perpetua a Alfredo Salomón y a su hija Claudia por contratar un killer que asesinó en vendetta a Emiliano, de 18 años, hijo de Norma y Antonio.

Los jueces Oscar Correa, Adela Formichelli y Silvio Chagay, consideraron probado que los Salomón contrataron a un sicario para asesinar a Emiliano. Guillermo “Willy” Salomón, hijo de Alfredo Salomón (62) y hermano de Claudia (38), conducía un auto que se accidentó y en el que viajaba Emiliano como acompañante. Los Salomón culparon de la muerte a Emiliano. Los jueces resolvieron escuchando los relatos de testigos que describieron el terror que tenía Emiliano por una serie de acontecimientos que tuvieron lugar tras el accidente y datos que fue recibiendo de vecinos que aseguraban que los Salomón le habían puesto precio a su cabeza.

Los peritos encontraron el cadáver del chico con un reloj, cadenas y anillos de oro, además de 20 pesos sobre la caja registradora y un teléfono celular. Formichelli se explayó al fundamentar por qué Emiliano no murió en un asalto, como pretendió sostener la defensa. La jueza sostuvo que el sicario buscaba sólo a Emiliano D’Aversa, a nadie más, lo que quedó comprobado en la ubicación de los impactos en el cuerpo de la víctima. Las pruebas demostraron a los jueces que el sicario entró a la perfumería Arco Iris entre las 17 y las 17.25 del 20 de mayo de 2002, apuntó con una 22 con silenciador a Emiliano y lo llevó al baño del fondo, donde lo mató de seis balazos. La perfumería Arco Iris, propiedad de los D’Aversa, queda en Santos Vega 5973, en Villa Bosch.

Cerca de allí, el 25 de diciembre de 2000, Willy y Emiliano viajaban en un Fiat Palio que volcó a 120 kilómetros por hora. Willy murió y Emiliano estuvo a punto de ser imputado por homicidio culposo. Según determinó la investigación del accidente, el auto había sido bajado con bolsas de arena para correr picadas. La sospecha de los Salomón fue que Emiliano era quien conducía y que sus padres habían pagado a la policía para dar vuelta las ubicaciones. En aquel momento, la Justicia no logró probar esa sospecha.

Para los Salomón fue suficiente. Según la investigación posterior, cuando creyeron cerradas las puertas judiciales decidieron buscar un killer. Según los detectives, el contacto llegó a través de Mario Mongelo (37), marido de Claudia Salomón. Pero los jueces consideraron que no existían pruebas suficientes para incriminarlo. Lo cierto es que por 8200 pesos, contrataron un killer que fue quien completó el encargo. Tras el asesinato, se sospechó de inmediato de los Salomón. Existían muchas evidencias, especialmente los miedos que había señalado Emiliano.

“El fiscal (Miguel Angel) Gragnoli le dijo a mi hijo que dejara de mirar películas de Hollywood cuando hizo la denuncia y a mí me dijo que Emiliano no era el hijo del presidente, que perro que ladra no muerde, que una familia no hace eso”, relató Norma Fritz, madre de Emiliano.

Finalmente, el tribunal sentenció a prisión perpetua a Alfredo y Claudia Salomón, por homicidio agravado por promesa remuneratoria en grado de instigadores. Y absolvió a Mario Mongelo por el beneficio de la duda.

“Estoy conforme, muy conforme con el tribunal porque ellos hicieron justicia. Ahora falta encontrar al que mató a Emi”, dijo Norma, mientras su marido gritaba a los condenados: “Se hizo justicia, mandaron a matar a mi hijo solamente por haber sido el acompañante en el auto de Willy”.

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Alfredo Salomón (der.) y su hija Claudia, antes de escuchar la sentencia a prisión perpetua.
Imagen: Télam
 
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