SOCIEDAD › OPINION

La pedagogía de la memoria

 Por Eduardo López y Mariano Denegris *

La Escuela Secundaria Nº 3 Carlos Geniso desarrolló un proyecto pedagógico con eje en la memoria y los derechos humanos que consiguió que el puente que une a Pompeya, en la Ciudad de Buenos Aires, con Valentín Alsina, en la provincia de Buenos Aires, deje de llamarse José Félix Uriburu (nombre del dictador que derrocó a Yrigoyen en 1930) y pase a llamarse Ezequiel Demonty. Ezequiel era un adolescente del barrio y estudiante de esa escuela que fue asesinado el 14 de septiembre de 2002 por policías federales que, luego de golpearlo, lo obligaron a arrojarse al Riachuelo cerca de ese puente.

Después de un largo trabajo pedagógico, el cambio de nombre del puente fue aprobado por el Congreso Nacional hace pocas semanas y sólo resta su publicación en el Boletín Oficial.

Sin embargo, en los últimos días, se ha intentado instalar un debate en torno de una supuesta preservación de la memoria histórica y la identidad barrial que plantea dos argumentos que cuestionan esta ley nacional. Uno es que en el año 2002 la Legislatura porteña había repuesto al Puente Uriburu el nombre original de Puente Alsina y que, por lo tanto, el Congreso Nacional no debería modificarlo. El segundo señala que para los vecinos de Pompeya y Valentín Alsina el nuevo cambio de nombre no es bienvenido porque ambos barrios perderían su identidad.

El primer argumento desconoce que por tratarse de un puente que une dos jurisdicciones no puede designarse por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires sino por el Congreso Nacional, que fue lo que ocurrió días atrás.

El segundo argumento desconoce mucho más que una cuestión administrativa. El nombre Ezequiel Demonty fue votado por todos los bloques de las dos cámaras del Congreso nacional (con la única y solitaria excepción del diputado del PRO Federico Pinedo). Es decir que el cambio de nombre fue votado en el Congreso por los representantes del pueblo de la Ciudad de Buenos Aires y por los representantes del pueblo de la provincia de Buenos Aires. Este destacable consenso político refleja el trabajo colectivo del proyecto educativo institucional de la escuela.

Por otro lado, el hecho de denominar a este emblema de dos barrios, uno porteño y uno bonaerense, con el nombre de un joven estudiante víctima de la violencia policial no es un hecho aislado ni fortuito. Se trata de desarrollar una pedagogía de la memoria no como elemento del pasado, sino como parte de la disputa material y simbólica para impedir la repetición de estos aberrantes delitos. Política pedagógica que está en la misma línea de los cambios de denominación de muchas escuelas de la Ciudad y de la provincia de Buenos Aires que en los últimos años fueron rebautizadas con nombres de docentes detenidos-desaparecidos por la última dictadura cívico-militar o de destacados impulsores de las artes, las ciencias y los derechos humanos. Porque la memoria no puede entenderse como un patrimonio de los guardianes de la tradición, sino como una construcción permanente, un terreno de lucha por una sociedad democrática y basada en el respeto a los derechos humanos. Si la memoria fuera sólo conservación de lo establecido, la calle Hipólito Yrigoyen seguiría siendo “de la Victoria” y Eva Perón seguiría llamándose “del Trabajo”.

Cuando nombramos lo que nos rodea en la vida cotidiana siempre tomamos opciones, y el puente Ezequiel Demonty representará una opción por la seguridad democrática y los derechos humanos para todos los que habitamos, transitamos y trabajamos día a día en nuestros queridos barrios de Pompeya y Valentín Alsina.

* Secretario general y de Prensa de UTE-Ctera Capital, respectivamente.

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