SOCIEDAD › OPINION

Mérito, educación e igualdad

 Por Javier Bráncoli *

La decisión del ministro de Educación de la Provincia de Buenos Aires, Alejandro Finocchiaro, de reinstalar los aplazos en el sistema de calificaciones en la escuela primaria y las declaraciones de los funcionarios que acompañaron tal medida merecen una reflexión crítica.

La decisión gubernamental se funda en un consenso social e institucional construido minuciosamente por la actual fuerza de gobierno, organizaciones no gubernamentales, instituciones de evaluación educativa y referentes académicos. Este consenso tiene como piedra angular la argumentación sobre la “baja calidad” de la educación en la Argentina y puede resumirse en un zócalo reciente en una señal de noticias: “La política aplazó a la educación”.

La meritocracia es el nuevo (¿viejo?) paradigma para las políticas educativas como bien lo desarrolla Carina Kaplan. Se sustenta en la igualdad de oportunidades y el esfuerzo personal. La medida reintroduce la posibilidad de calificar como insuficiente a niñ@s de 6 a 8 años en el primer ciclo y calificaciones numéricas inferiores a 4 en el segundo. Esta medida adoptada en forma aislada denota el carácter selectivo que se pretende dar a la institución escolar y situar al niñ@ y su familia como responsables exclusivos de su trayectoria.

La publicidad de una conocida marca de automóviles que se ha visto en estos días forma parte de la misma matriz conceptual. Todos somos iguales, quienes llegan a mejor situación son los que se esfuerzan y triunfan. El resto no hizo lo “suficiente”.

Frente a estas orientaciones que se enuncian para la Educación en la Argentina, corresponde decir que la igualdad de oportunidades ha sido la falacia sobre la cual el neoliberalismo construyó estos consensos sociales en diferentes momentos de la historia Argentina. Francois Dubet plantea que es la igualdad de posiciones la que permite reconocer que no todos los sujetos parten de la misma línea de largada en una sociedad profundamente desigual. Está largamente estudiada y probada la relación entre condiciones materiales de vida y posibilidades de aprendizaje en la escuela.

Los sujetos merecen y pueden desarrollar capacidades si cuentan con los soportes necesarios para hacerlo. Aquí cumple una función sustancial el rol del Estado para hacer accesible para niñ@s, jóvenes y adultos significativas experiencias de aprendizaje que amplíen su universo cultural, enriquezcan sus trayectorias educativas y mejoren su desempeño en la escuela.

En la última década e impulsadas por el Ministerio de Educación de la Nación, un conjunto de políticas socioeducativas tendieron a reducir esa distancia posicional a partir de un conjunto de iniciativas tales como: Conectar Igualdad; Programa de Coros y Orquestas infantiles y juveniles; Turismo Educativo; Centros de actividades culturales, recreativas y deportivas que funciona(ban) en el marco de la escuela y en instituciones barriales.

En el marco de estas políticas socioeducativas se creó una red de organizaciones territoriales que trabajan cotidianamente en contextos de vulnerabilidad para acompañar a las familias en su tránsito por la escuela. La consigna que las convoca es Estudiar es tu Derecho y funciona desde el año 2010 a la actualidad 1.

Las organizaciones comunitarias ganaron protagonismo en los años de la crisis y se consolidaron luego como parte central en la ejecución de políticas públicas en el territorio en la última etapa. Han sumado a las acciones de carácter asistencial, alternativas educativas productivas, culturales y de comunicación.

Centros y jardines comunitarios, espacios de apoyo escolar, bibliotecas populares, centros culturales, radios escolares y comunitarias, clubes barriales y parroquias recibieron apoyo estatal para acompañar a niñ@s, jóvenes y sus familias en el proceso de escolarización. Este acompañamiento se desarrolla a partir de la implementación de la Asignación Universal por Hijo para la protección social. Como parte del proceso de trabajo intersectorial muchas de estas organizaciones fueron reconocidas por el Estado como instituciones educativas.

Escuela, familia y comunidad se articulan en espacios y proyectos de trabajo conjunto para mejorar las posiciones de quienes parten de una situación de desventaja. Denominamos a estas experiencias espacios socioeducativos 2 y representan un soporte para las familias pobres y segregadas que por su grado de desintegración y fragilidad no pueden garantizar funciones propias del núcleo doméstico de la familia.

Hacer la tarea, compartir juegos, leer cuentos, ver películas, realizar salidas educativas, cuidar la salud y la higiene personal forman parte de estas tareas propias del trabajo afectivo o emocional. Estas acciones –que constituyen una economía doméstica de cuidado– inciden decisivamente en el proceso de socialización y se realizan en contextos comunitarios.

Hoy estos programas se encuentran paralizados y con un futuro incierto por falta de financiamiento, desarticulación de los equipos de trabajo y una imprecisa descentralización operativa.

Quienes plantean como norte de la propuesta educativa, el mérito y el esfuerzo individual son los mismos que restringen a su mínima expresión las posibilidades de educación de los más débiles. Una propuesta basada en la planificación de la desigualdad.

* Profesor e investigador UBA-UNM. Coordinador de la Red Estudiar es tu Derecho.

1 Sitio institucional: www.estudiarestuderecho.net

2 Puede consultarse experiencias de trabajo en: http://portales.educacion.gov.ar/dnps/fi les/2011/06/Red-de-Organizaciones.pdf

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