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Domingo, 14 de agosto de 2011

TELEVISIóN > BEAR GRYLLS, EL EXPLORADOR DE A PRUEBA DE TODO

Sobreviviendo

 Por Federico Kukso

“Tendría que haberme puesto una corbata”, admite por lo bajo Bear Grylls. En una habitación ubicada en el sexto piso de un hotel londinense, a metros de Picadilly Circus y de un enjambre de turistas que al mezclarse inventan una nueva nacionalidad, los fotógrafos no dejan de disparar sus cámaras y activar sus flashes que hacen que por un instante esto parezca más una discoteca para epilépticos que un evento de prensa.

El, Grylls, la celebridad televisiva inglesa de 37 años, el explorador de los siete continentes, el ex miembro de las Fuerzas Especiales del Ejército Británico que a los 22 se partió en tres partes la columna para meses después llegar a la cima del Everest como si nada, está ahí, en el centro, apoltronado en un sillón sin principio ni fin, con una sonrisa que no se disolverá de su rostro hasta finalizar el día.

Los cuatro minutos de entrevista sirven para intentar comprobar, a menos de un metro de distancia, si este exótico personaje que invadió las pantallas del mundo gracias a su show A prueba de todo de Discovery Channel (también conocido como Man vs. Wild) es o se hace. Si este Rambo sin músculos inflados que viaja por el mundo y en cada capítulo entra y sale de los lugares más inhóspitos tan sólo con un cuchillo y una cantimplora –las selvas de Borneo, los fiordos noruegos, la tundra siberiana, los campos de hielo patagónicos, el desierto del Sahara, islas desiertas del Pacífico sur, lo que sea–, es verdaderamente lo que dice y muestra ser –un McGyver del siglo XXI, el gran maestro del arte de la supervivencia– o simplemente es un bluff, un muñeco Ken, un producto del marketing que irradia cordialidad inglesa y sale, siempre, en todas las fotos, bien parado.

¿Por qué los programas de supervivencia como el suyo, o como el eterno reality show Survivor, son tan exitosos?

–Quizá porque a los espectadores les gusta verme sufrir, ser atacado por mosquitos o hundirme hasta el cuello en un pantano, rodeado de cocodrilos. Pero también intuyo que pegan tanto porque con estos shows se reencuentran con aquello que les es extraño: la naturaleza.

Sí, pero no la naturaleza bucólica a lo Disney, o como aparece distorsionada en las publicidades...

–Exacto. Vivimos engañados. La naturaleza no es como aparece en las películas. No todo es lindo. La naturaleza en realidad es cruel. No respeta tu edad, ni si sos lindo o feo. No le interesa si sos rico o pobre. Si no te adaptás, no sobrevivís.

¿Por eso se come todo lo que encuentra? ¿Qué es lo más exótico que probó?

–Un ojo de un yak congelado en Siberia y un testículo de cabra crudo en el Sahara. Ya estoy acostumbrado. Probé serpientes, gusanos, arañas, larvas, escarabajos, ranas, tortugas.

En un capítulo hasta bebió su propia orina para no morir deshidratado.

–Sí, no me hagas recordar eso. Fue horrible. Pero cuando estás perdido, en una situación extrema, no podés hacerte el fino. Es preciso dejar de lado todos tus tabúes. Se necesita energía para sobrevivir. Comerte una hormiga o un escarabajo podría hacer la diferencia entre la vida y la muerte.

Pero cuando vuelve a la civilización, no come eso. ¿O sí?

–No. Pero siempre que regreso, me siento extraño. Eso sí: un buen baño no lo cambio por nada.

¿Cuál es su libro favorito?

–Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, por supuesto.

Usted publicó unos 11 libros sobre experiencias personales y consejos para sobrevivir. ¿Los escribió usted?

–La mayor parte.

¿Qué es lo que no se ve en su programa?

–Al camarógrafo; un genio, que hace lo mismo que yo. Tampoco se ven mis heridas: me atacaron abejas, me mordieron serpientes y me picaron escorpiones. También me rompí ambos dedos gordos de los pies, las rodillas y un codo. Salté de una lancha y me caí de cimas y cataratas. Tengo muchas cicatrices. Y me disloqué las caderas. Y por suerte, también, las cámaras no graban el olor.

Hace unos años, se acusó a su programa de ser toda una gran puesta en escena. ¿Lo afectó en algún sentido?

–No mucho. Exageraron demasiado. Lo que hago es un show, un programa que le enseña a la gente técnicas básicas de supervivencia. Claro que está editado. Es televisión, ¿no?

La sexta temporada de A prueba de todo se puede ver los domingos a las 20 en Discovery Channel.

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