CONTRATAPA

La memoria es

 Por Luis Novaresio

Uno: Hacer memoria es tan natural como tener proyectos hacia el futuro. Por ambas cosas, hacer memoria y ver al futuro no se hacen. Simplemente son.

Es natural poder recordar. No hay que hacer memoria, no hay acto voluntario para la memoria: se tiene. Te es dado. Agradecele a Dios, vos que le creés. Yo a la naturaleza. A lo que sea. La tengo. Como la respiración, como transpirar, como el placer del éxtasis sexual. Está. El enfermo que tiene amnesia merece tu compasión. Pobre, pensás. El tipo no puede recordar ni quién es. Pobre. Si la memoria perdida sin voluntad propia duele desde la condolencia, la deliberada espanta. Por contranatura. Por injerto de alambique siniestro.

Refugiarte en lo bueno del recuerdo, gozar desde los huesos con la cosa vivida en el querer, saber que pudiste hacer feliz a alguien, haberle estirado la mano a tiempo a otro, poder saber que fuiste gozoso entonces. Y, también, experimentar el temblor en el pecho frente a la memoria dolorosa. Extrañar con bronca a alguien, pensar en lo perdido injustamente, detestar esa negra historia que te laceró. La memoria es. No se hace. Es.

Y mirar hacia adelante es también. De igual existencia independiente a la voluntad. Proyectar fortifica. Da ímpetus, motoriza. Abrir los ojos con la convicción del futuro inmediato o del más lejano. Constatar tu propia respiración para llenar los pulmones que empujan los brazos y tus deseos hacia lo que pensaste hace poco. O simplemente, como quiere el poeta, para saber hacia adelante que hoy puede ser un gran día. Desafiar a ese paraíso perdido esperando construir uno mejor. Mirar al futuro es tan inevitable como ponerse canoso. Como tus uñas que crecen, tus dientes que se ponen amarillos si no se limpian. Son. Son.

¿Y entonces? ¿Quién es capaz de imaginarlos antagónicos? ¿Qué perversa manía de destruir hasta lo esencial puede parir esa maniquea banda que pide los ojos en la frente contra los ojos en la nuca? No caer en la tentación. No dejarlos. Como recordar y mirar al futuro son, la inteligencia exige desentrañar esa trampa.

Dos: La mujer fue secuestrada ya embarazada. Detenida en donde ahora está cantando la Negra Herrero. No hay posibilidad de poesía. Mirás las paredes e intentás imaginar la mano en la panza de alguien para descubrir las primeras patadas que van a nacer pronto. Su hombre estuvo allí. Y nunca más. Nunca más.

Es en agosto de 1976 cuando la mujer siente que se moja. No es el miedo de algunos otros, la proximidad de la picana, el dolor de no contener. Es la bolsa que rompe su hija que apura su llegada. En la Maternidad Martín llegan los uniformados. Pasás delante de esa plaza, te sentás bajo el árbol que entonces estaba y mirás. Tampoco hay aquí poesía.

En los hospitales mandamos los médicos. No los militares. Es el obstetra que ordena bajar los fusiles, sacar las esposas, desatar a la madre. La niña nace con toda salud. Llora y ensancha pulmones. En el libro de guardia repiten la consonante. N.N. El médico aún húmedo de transpiración y líquidos de nueva vida, tacha y escribe. El apellido del padre y la madre. Que en el libro de guardia quede una constancia que la bebé nació con madre y que ella dice que su padre tiene nombre y apellido. El militar amenaza con corregir la inscripción. En los hospitales mandamos los médicos. Era. Es.

La madre sobrevivió y vive con su hija. El padre no volvió. El médico tiene memoria, no lo usa como bandera, Mira al futuro. Es.

Tres: Hace casi treinta años Pablo Giussani escribió un libro que debería leerse con la convicción de la obligatoriedad. "Montoneros, la soberbia armada". Adriana era una piba de 16 años, ni siquiera, quince, porque ese día iba a celebrar el cumpleaños y salió de su casa con cualquier pretexto. En realidad llevaba una bomba para colocar en una comisaría. Y no pudo cumplir con su "Misión". La bomba la despedazó cuando le explotó en sus manos.

Dejame que transcriba diez líneas de Giussani. Un libro que es. Como la memoria. Que es. "Con horror pienso en el fin trágico de Adriana y en la personalidad que pudo haberla programado para esta inmolación. Las responsabilidades que se esconden tras la muerte de Adriana son esquivas, menos reconocibles. En contraste con las del régimen militar, expuestas desnudas a la abominación universal, estas otras se ven protegidas y disimuladas por una prestigiosa fraseología revolucionaria y por un peculiar estado de conciencia que genera en cierta clase media ilustrada predisposiciones a compartir, comprender o disculpar toda irregularidad que se cometa en nombre de la revolución. Los montoneros, afortunadamente, han quedado atrás en la historia argentina, en la ciencia de los argentinos y acaso parezca superfluo y anacrónico a esta altura un intento de estimular aversiones contra ellos. Condenar a los montoneros ya es en el país moneda corriente, casi una moda, por cierto más saludable que la moda precedente de ensalzarlos. Pero ocurre que los montoneros son sólo la puntita de un iceberg, cuyos componentes sumergidos no siempre están presentes en lo que se suele condenar bajo el rótulo de montoneros. Y una condena limitada a la parcela emergente es estéril, no denota conciencias inmunizadas contra una repetición del fenómeno. La inmunidad depende de que todo el iceberg esté a la vista."

Simplemente es.

Cuatro: Hacer memoria no es un purgatorio alegre para el olvido cómodo ni un hurgar malsano desde el rencor personal que da provecho a uno solo. Es necesario si se quiere pisar firme hacia delante. Es inspirar y espirar.

No es el juego torpe y de chiquitaje de jugar a ver quién está más a la izquierda en el pasado mientras en el presente se cierra por derecha. Saber que el estado de derecho se defendía en los setenta es pensar que se defiende hoy no haciendo añicos los órganos de control, haciendo sumisos a los legisladores, destrozando el Consejo que elige jueces. Hacer memoria es saber quiénes eran entonces y forjar la matriz para que la reconciliación nazca con los que son hoy sin facilismos que nieguen la verdad ni igualen injusticias. Es, por fin, no caer en la trampa de los dos bandos. Ni demonios de entonces, ni buenos y malos de ahora.

La memoria es. El mirar hacia el futuro es. Son. Inspirar y espirar.

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