CONTRATAPA

Campos

 Por Enrique Medina

Dimas abusa de los recursos más lamentables para expresarse –piensa Iliana–, no sólo muletillas y latiguillos tradicionales, sino ¡hasta silla de ruedas y látigos de cochero!, el muy cabrón...

Ajeno a lo que piensa su mujer, Dimas, engreído como cualquier periodista y animador de radio y televisión, comenta una película que vio en la trasnoche desde la cama:

–Esteee, ¿viste?, la quise ver, eeeh, porque la tenía catalogada como genial, eso, desde que iba a los cineclubes, sí, no, lo podía creer, como decir, ¿viste cuando te frustrás?, bueno, nada, eso, eeeh, y yo la veía para ver hasta dónde llegaba, yo, digo, esteeee, mi pelotudez de entonces, mirá vos, quiero decir, ¡no lo podía creer!, y la vi toda, por eso, lo que digo, sí, como autotorturarme ¿no?, digo, eso, eeeh...

Wanda, como ajena y ya alejada a lo que acaban de hacer en común los cuatro, le coloca el reloj pulsera a Francisco y pregunta por preguntar creyendo que no le importa lo que pregunta pero al emitir la pregunta reconoce que le interesa la respuesta:

–¿Qué película era?

–A ver, veamos, la vi en inglés, eso, Bad Day at Black Rock, eso, con el siempre viejo Spencer Tracy, sí, te digo, una risa, no lo podía creer, de mala, digo, eso, y decíamos que era de esas películas malditas de Hollywood, a ver, no se puede creer, no se puede, esteee, cosa de locos, el viejo era manco y pelea y nunca, mirá vos, nunca se le cae el sombrero, lo que te digo, como Alan Ladd, eso, que nunca se le desarmó el jopo, ni creer, te digo, nada, esteee, eso...

–Conspiración de silencio, se llamaba –acota Francisco, terminando de ajustar el reloj en su muñeca, y volviendo a apoyar el brazo sobre los hombros de Wanda–. Quisieron seguir la onda de A la Hora Señalada, que años antes había ganado el Oscar, con Gary Cooper; la misma historia: un tipo llega a un pueblo, una comunidad de mierda, todos cobardes, y él solito un genio, que luego de enseñarles la escoba de 15, se las pica elegante y despectivamente como si fuera el inventor de la milanesa al barro; intentaban repetir la fórmula, la recuerdo, falsa, nada creíble, pretenciosa, tenés razón, los cráneos de la crítica la endiosaban...

–¡Y era una reverenda cagada!, no me digas que no –interrumpe certera y sabiamente, Dimas–, a ver, nada, digamos así, lo que quiero decir: ¡éramos flor de boludos y nos creíamos unos sabelotodos!, eso, ni más, ¿me siguen?, qué lo parió, che, te digo, el pueblo una maqueta, ¡nadie podría vivir ahí: y todos vestían como para una casamiento!, mi Dios...

–Se pretendía el esquema, lo abstracto como símbolo, verso puro, luego la mitología, la sacralización de la mentira. Laburaba Borgnine, que después de ésa en el mismo año filmó Marty y compitió con Tracy por el Oscar y le ganó... Creo que también competía James Dean, y Sinatra..., y no sé si también James Cagney...

–Bueno, nada, te digo, la vi hasta el final para, te digo, eso, a ver, estar seguro de que no me equivocaba, mirá vos, a ver, eso, si no me equivocaba del horror que estaba viendo, te digo, en serio, te digo, eso, esteee, nada, eeeh...

–Si nos habrán hecho tragar sapos. Desplegaban las redes y no nos dábamos cuenta...

–No sé, mirá, te digo, a ver, a pesar de todo, mirá, la rescato, te digo, mencionan los campos de concentración para los japoneses, eso, ¿ves?, nada, es la única película que al menos lo dice. ¿No, eh?, digo, y esos ñatos, de Hollywood jamás hicieron una película sobre los campos de concentración para japoneses en los Estados Unidos, sí hicieron la de Kubrick con Kirk Douglas destapando el forúnculo francés, o la de Vietnam con ¿Al Pacino?, y sobre los alemanes malos, eeeh, pero ellos siempre eeeh, haciendo de buenitos, eeeh...

–No era Pacino. ¿Era el de Taxi Driver cómo es que se llamaba?.. Siempre fue así el cine yanqui, la paja en el ojo ajeno... Y no me acordaba de eso, Dimas, qué bien, así que mencionan la represión a los japoneses..., no deja de ser un mérito.

Iliana, al ver que Francisco destaca la observación, apoya su mano en la pierna de Dimas y le restaura su jerarquía; de inmediato yergue el cuerpo, le acaricia estos pelos que tanto le gustan...

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