DEPORTES › EDICION 2009 DE LOS EVITA

Juegos con historias

Unos once mil jóvenes, de entre 13 y 18 años, invadieron Mar del Plata el fin de semana desde todas partes del país para las finales de la edición 2009 de los Juegos Evita. Luego de cada jornada, como si fuesen deportistas de elite, los chicos en grupos muy numerosos se paseaban por la zona céntrica marplatense con sus conjuntos deportivo blancos, azules o negros. “Los Juegos están pensados para dar respuestas desde lo social. De todas maneras, no descartamos lo que tiene que ver con la captación de talentos. Esta es una herramienta que tiene el Estado para el desarrollo humano”, explicó a Página/12 el secretario de Deportes de la Nación, Claudio Morresi, desde la pista de atletismo del Polideportivo de Mar del Plata.

Esa misma pista reunió dos realidades muy distintas que encajaban a la perfección con las declaraciones del funcionario. La de Braian Toledo, un lanzador de jabalina de 16 años, que viene de obtener la medalla de bronce en el Mundial de Atletismo para menores y que se llevó el oro de esta edición de los Evita y con un nuevo record. Por el otro, la de un grupo de ocho chicos de La Candelaria, un pequeño departamento de Salta, de menos de 600 habitantes, que llegaron de la nada a Mar del Plata y fueron condecorados como ciudadanos ilustres de su ciudad antes de competir en las finales nacionales.

“No tenemos nada”, exclaman de ambos lados. Toledo, que con un lanzamiento de 73,44 metros viene de conseguir la segunda medalla en mundiales para menores, después de la de Germán Chiaraviglio en salto con garrocha, fue becado hace dos meses por la Secretaría de Deportes. Antes, todo era muy distinto. “Nunca tuvimos el dinero para llegar a ese nivel de competencia”, señaló su entrenador, Gustavo Osorio. “La pista de atletismo donde entrenamos es un óvalo marcado alrededor de una cancha de fútbol, cercado por un alambrado, algo que es muy peligroso por el nivel de Braian, que lanza cerca de los 80 metros.”

Sin sponsors importantes y con herramientas deportivas muy caras, como las jabalinas y la indumentaria para competir, la promesa del atletismo contaba con un subsidio de 200 pesos de la Municipalidad de Marcos Paz y con 300 pesos de una empresa del lugar para afrontar los gastos más básicos, como estudios médicos y viajes.

De una familia humilde de Marcos Paz, en donde vive con su mamá y sus dos hermanos, el joven atleta sabe que para concretar el sueño de ser un “deportista de elite” tiene que dar todo. “De la única manera que puedo lograr mis metas es con mucho sacrificio”, aseguró.

Las buenas actuaciones que mostró en los últimos dos años, batiendo el record argentino de su categoría en once oportunidades, le permitieron conseguir la beca de la Secretaría, que le posibilitará prepararse mejor para los Juegos Olímpicos de la Juventud, que se disputarán el próximo año, en Singapur. “De no tener nada, esto es un montón”, subrayó Osorio, que pronosticó que su pupilo, en varios años, tendrá un promedio de lanzamiento de “90 metros”, una distancia que le permitiría llegar a un podio olímpico. “Mi sueño es estar en una Villa Olímpica y conseguir alguna medalla”, remarcó el jovencito.

Distinta es la ilusión de los pibes de La Candelaria, para quienes es un sueño llegar a Mar del Plata y otro tener lugar apto para entrenarse. “No contamos con ningún elemento”, le dice a Página/12 Juan Alberto González, el entrenador del equipo de atletismo del pueblo. “Con lo único que cuentan los chicos es con sus piernas y sus ganas. Caminan 12 kilómetros para venir a entrenar. Todo es a pulmón.”

Edgar Torres, de 14 años, Jorge Calderón, Vanina Cruz y Beatriz Velarde, de 16, y Wilson y Leonardo Díaz, Alfredo Fuensalida y Carlos Sabalza, de 18, fueron ocho de los 60 alumnos de la secundaria de La Candelaria que llegaron a las finales de los Juegos Evita y fueron distinguidos por la municipalidad marplatense. “Lo mejor que tiene el pueblo es su equipo de atletismo”, señaló orgulloso el entrenador. “Los chicos no conocían Salta capital y hace un mes conocieron Salta y Mar del Plata. Ellos se criaron en una zona rural y esto no se lo olvidan más.”

Comenzaron marcando un óvalo en un campito de fútbol con algunas botellas, para tener una noción, muy aproximada, de los tiempos que registraban. “Aprovechamos todo lo que tenemos a mano. La condiciones naturales son nuestras herramientas para ser competitivos. Los ríos, cerros y lomas son lo único que tenemos. Y a eso le sacamos el jugo”, concluyó González.

Producción: Matías Mazzocchi.

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Los pibes de La Candelaria.
 
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