DEPORTES › LA CURIOSA PARTICIPACION DE MARTIN REDRADO EN LA EMPRESA PUNTOGOL

Entre lo público y lo privado

El por ahora presidente del Banco Central habría violado la ley 25.188, sobre ética en la función estatal, cuando se desempeñaba como vicecanciller y en la compañía que controlaba los derechos de imagen de la AFA.

 Por Gustavo Veiga

En la vida del atrincherado presidente del Banco Central, Martín Redrado o Hernán Martín Pérez Redrado –tal su verdadero nombre–, nunca quedó muy claro si sus distintas funciones públicas se superponían con incompatibles actividades privadas. En particular, y de estas últimas, las que tenían relación con el mundo del fútbol. Al economista, un Chicago Boy –que no significa decir: un chico del club de Mataderos–, siempre le costó aventar las sospechas de que violaba la ley 25.188 o de Etica en la Función Pública. Sobre todo cuando era vicecanciller, cargo al que accedió el 11 de septiembre de 2002 para acompañar al ministro Carlos Ruckauf en Relaciones Exteriores. De las declaraciones que hicieron en los últimos años diputados nacionales y un abogado que trabajó en Puntogol, la empresa que controla los derechos de imagen de la AFA, se desprende que el actual titular del BCRA podría haber incurrido en aquella conducta. Curiosas coincidencias también abonan esa hipótesis: la más evidente es que su sociedad en liquidación, B.A. Investment, compartía la misma dirección y piso que la comercializadora de la Selección Nacional, hoy en manos del grupo español Santa Mónica.

Preocupados por las presuntas incompatibilidades de Redrado, en febrero de 2004, los legisladores cordobeses Eduardo Fernández y Ricardo Fonseca redactaron un proyecto con el propósito de investigarlo. “Si se comprueba que es cierta la vinculación de Martín Redrado con Puntogol sería una vergüenza, porque la persona que debe promocionar las exportaciones argentinas estaría favoreciendo a una multinacional”, advirtieron.

Por entonces, el funcionario todavía ocupaba un amplio despacho en el moderno edificio de la Cancillería, donde había prendido su idea de la Fundación Exportar. Este periodista fue invitado a concurrir allí una tarde de aquel año, después de que publicara una nota, “La pelota manchada” (Suplemento Líbero del 9/2/04), donde citaba las sospechas que deslizaban los diputados. Redrado se esmeró en desbaratar cada una de las hipótesis tejidas en torno de sus supuestas incompatibilidades. Aseguró que se había alejado de Puntogol antes de acceder a su cargo en el ministerio y que el presidente de la compañía, Eduardo Martino, podía corroborarlo.

Otro proyecto de resolución harían los diputados, también cordobeses, Beatriz Leyba de Martí, Fernando Montoya, María Leonelli y Luis Molinari Romero el 29 de junio de 2005. Sostenían que “en publicaciones periodísticas, hasta ahora no desmentidas por los directamente involucrados, se hizo mención a la participación que le cabe al actual presidente del Banco Central de la República Argentina en actividades que no se corresponden con su función”. Que todos los legisladores fueran de Córdoba se debía a que apoyaban la idea de que se fabricara en la provincia una pelota de fútbol oficial que se pudiera utilizar en los torneos de la AFA. El polo industrial de Bell Ville, pionero en los balones cosidos a mano, competía con proveedores extranjeros sobre los que Puntogol tenía la potestad de resolver. Por eso cobró visibilidad la figura de Redrado, aunque él sostenía que ya se había desvinculado de la empresa.

Tres años después, el 30 de junio de 2008, el portal Sentimiento Bohemio, un sitio web donde se difunde información sobre el club Atlanta, difundía una extensa entrevista realizada por el periodista Edgardo Imas al abogado Alejandro Sánchez Kalbermatten. Su testimonio cobra importancia porque trabajó en Puntogol entre 2000 y 2005. A la tercera pregunta sobre Rogelio Riganti, un empresario vinculado estrechamente con Julio Grondona y su hombre de confianza en la compañía, respondió que “otra de las personas que aparecen por ahí detrás es el presidente del Banco Central, Martín Redrado, y otros grupos. La cuestión es que esta gente hace un contrato de sublicencia con ISL Fútbol Argentina que en ese entonces tenía los derechos de la AFA. La idea era hacer un portal bueno de la AFA, interactivo, con juegos”.

Sánchez Kalbermatten sostenía también que Puntogol lo había contratado para que fuera “el presidente de lo que iba a ser la empresa puntocom, es decir, para la explotación comercial del sitio de Internet de la AFA, que se llamó Puntogol Argentina”.

El actual presidente del BCRA pudo relativizar afirmaciones o conjeturas sobre sus actividades, pero no una coincidencia llamativa, basada en un hecho concreto. La dirección de Avenida del Libertador 1068, donde se levanta el vidriado edificio Blue Sky, alberga a Puntogol Sport Technology y Marketing, que compartía el piso 11º con la liquidada B.A. Investment SA de Redrado, cuyo inicio de operaciones se remonta a marzo de 2002. El mismo banco de datos comerciales del que proviene esta información da cuenta de que el funcionario que cobró fama durante el gobierno de Carlos Menem como presidente de la Comisión Nacional de Valores, hoy se dedica a la enseñanza universitaria, con excepción de los posgrados.

Cuando era el CEO de Puntogol, allá por 2001, la definía como “una empresa proveedora de contenidos y tecnología relacionados con el fútbol latinoamericano” que planeaba recuperar su inversión en 2003. También se ufanaba de que apuntaba a consolidarse como única líder en el mercado y que, gracias a los contratos de exclusividad –como el que firmó con la AFA–, la competencia nunca podría desalojarla de su segmento. Distintos directorios y accionistas pasaron desde que se constituyó la primera Puntogol el 23 de enero de 1998, tras la caída de ISL Argentina, su predecesora en el negocio del mercadeo futbolístico. Trident Invest Group, Latin America Sports, Puntogol Corp, Futdial y Santa Mónica fueron o son algunas de las sociedades controlantes del emprendimiento.

La presencia de Redrado en esta secuencia de nombres sería, según sus propias palabras, apenas una foto. Siempre le importó que, varios años después de su paso por Puntogol, se disiparan las presunciones sobre su participación en ella mientras era funcionario. No lo logró del todo. La propia matriz de las operaciones que se dan en el mercado, con sociedades que encajan unas dentro de otras como las cajas chinas, le juega en contra. Está en la naturaleza del sistema. Y el presidente del BCRA lo sabe mejor que nadie.

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Redrado compartió la doble función desde fines de 2002.
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