DEPORTES › LA INCREíBLE HISTORIA DE WESTERLY WINDINA

Una rubia que fue rey

 Por Sebastián Fest

Las olas australianas vieron muchas historias de épica sobre una tabla, pero muy probablemente ninguna como la del rey del surf que decidió convertirse en mujer. “Su vida fue una mentira.” La frase sale de los labios de Westerly Windina, una dama de aspecto elegante en torno de los 60 años. Tres décadas atrás, Westerly Windina se llamaba Peter Drouyn, un gigante rubio que revolucionaba el mundo del surf con un estilo audaz y un carisma arrollador.

La decisión de Drouyn de someterse a una operación de cambio de sexo se conoció en octubre de 2008, pero no fue hasta muy recientemente que habló en profundidad de sus razones, de su vida, de lo salvaje e impiadoso que era el mundo de las tablas en los años ’60, ’70 y ’80 en Australia. “Yo no soy Peter, él se fue a otra parte. Si te dijera dónde, de todos modos no me creerías”, contó Windina en una extensa entrevista con la revista Tracks, considerada por muchos como la “Biblia del surf” australiano. Deporte minoritario en la mayoría de los países, el surf es parte fundamental de la cultura australiana, una forma de vida que impregna ciudades y generaciones. Así como en Europa o América se idolatra a futbolistas, en ciudades australianas se adora a surfistas. Así, cuando Drouyn apareció en la segunda mitad de los ’60, su desparpajo adolescente y manejo de la situación lo convirtieron en una figura sumamente popular en su país: parecía nacido para domar las olas. Y eso que en su primera gran aparición fue molido a puñetazos y patadas por sus rivales directos en la noche previa a competir.

Entre los aportes de Drouyn figuran la utilización de una tabla mucho más corta de la que era habitual en los ’70, un cambio con el que ganaba dominio, potencia y velocidad en los giros. El otro fue la imposición de un formato de competencia directa entre “surfer” y”surfer”, ambos cabalgando la misma ola. Drouyn era un imán para las mujeres, pero también un amante de lo extravagante. Su ego era proporcional a su inseguridad y a la rabia que sentía por no ser tratado por la prensa como creía merecer. Hablaba mucho, y no pasaba inadvertido. Consideraba el sistema de puntuación del surf “tan corrupto como el gobierno de Idi Amín”, comprensible para un deportista que alguna vez había sido despojado de un título en forma retroactiva tras la confabulación de sus adversarios. El surf, insistía, debía ser “un deporte de contacto para funcionar como deporte competitivo”. Y, en el colmo de la megalomanía, lanzó otra frase que lo retrataba: “Peter Drouyn es la personificación de lo que debe ser el surf... Merece ser una figura del deporte tan importante como Muhammad Alí”.

Pero la carrera de Drouyn se fue oscureciendo, y durante años vivió derrapando: creó una escuela de modelos, se convirtió en entrenador, trabajó en una tienda de surf, condujo un taxi, vendió seguros, diseñó una máquina de olas... vivía en departamentos diminutos o incluso casas rodantes, aunque tuvo tiempo de irse a Sudáfrica para casarse, divorciarse rápidamente y tener un hijo, hoy de 20 años.

Westerly Windina está hoy convencida de encarnar el espíritu de Marilyn Monroe –“¡Ni siquiera había caído en la cuenta de que ‘MM’ (Marilyn Monroe) es ‘WW’ (Westerly Windina) a la inversa!”–, y dice ser feliz, porque el sufrimiento acabó para Drouyn. “¿Quién es usted?”, le pregunta Tracks: “Westerly Windina es una persona que estaba dentro de Peter Drouyn. Ella tomó su cuerpo. Westerly dejó atrás los miedos de Peter... Ella es una comediante, una cantante. Westerly tiene una nueva vida. ¡Resucité!” Y entonces señala al cielo. “Peter se fue... Creo que está allá con mamá y papá.”

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