EL MUNDO › EL PLENARIO DE LA UE ACERCó SU DISCURSO SOBRE EGIPTO A LA POSICIóN DE EE.UU.

Europa, en el huso horario de Washington

Tarde, pero llegó, y los veintisiete miembros de la Unión llamaron a que “la transición en Egipto comience ya”. Berlusconi dio la nota al elogiar a Mubarak como “el más sabio” estadista de calibre internacional.

 Por Eduardo Febbro

Desde París

La Unión Europea arrinconó un poco más al presidente Hosni Mubarak en momentos en que Washington negocia su salida y el ingreso a escena de los representantes de la oposición egipcia empieza a ser más visible. En ese pelotón de candidatos a dirigir la transición el nombre de Amr Musa, el comunicativo secretario general de la Liga Arabe, comienza a sonar providencial. Reunidos en Bruselas, los 27 miembros de la UE se pusieron del lado de los manifestantes de la Plaza Tahrir y reiteraron que “el proceso de transición debe empezar ya”. En esta manera velada de pedir en bloque que el presidente egipcio deje el poder, la única voz disonante fue la del presidente del gobierno italiano, Silvio Berlusconi. Fiel a su legendaria brutalidad, il Cavaliere dijo que Mubarak “en Occidente, y más que nada en los Estados Unidos, está considerado como el más sabio de los hombres y un punto de referencia”. La sagacidad de Berlusconi no fue compartida por el resto de los gobernantes. Los 27 reclaman que los cambios futuros “respondan a las aspiraciones del pueblo egipcio con reformas políticas y no con represión”.

La Unión Europea admitió ayer haber sido sorda y ciega ante las situaciones de países como Túnez y Egipto, dos países entre las tantas dictaduras del planeta con quienes Europa mantiene desde hace décadas una política de cooperación donde sólo los intereses cuentan y no lo que ocurre dentro del país o quién está en el gobierno. En este contexto, la Unión se pronunció a favor de “una nueva asociación que integre un apoyo más efectivo a esos países que emprenden reformas políticas y económicas”. La UE precisa que esa nueva asociación incluye la “Política de Vecindad” y la “Unión por el Mediterráneo”. La primera es un esquema adoptado en 2004 que regula las relaciones con los países con fronteras terrestres o marítimas. La casi totalidad de esos países tienen gobiernos que distan de coincidir con un modelo democrático decente (Argelia, Armenia, Azerbaiján, Bielorrusia, Egipto, Georgia, Jordania, Líbano, Libia, Moldavia, Marruecos, Palestina, Siria, Túnez y Ucrania).

La Unión ofrece relaciones privilegiadas con esos países basadas en el compromiso mutuo de democracia y derechos humanos, estado de derecho, buen gobierno, principios de economía de mercado y desarrollo sostenible. Desde luego, hay que buscarlos con lupa en la casi totalidad de los países mencionados. En cuanto a la Unión por el Mediterráneo, es un caracol sin contenido ni metas precisas.

Los jefes de Estado y de gobierno de la UE parecen haber puesto sus relojes a la hora de Washington. En su declaración de ayer, la UE insiste en que Egipto tenga “una transición ordenada hacia un gobierno amplio”. El problema consiste en saber quién asumirá esa transición. El desafío es tanto más particular cuanto que los cambios fueron empujados por un movimiento democrático que no responde a las amenazas con que se identifica a la región; islamismo, terrorismo, antisemitismo, etc.

Cuatro nombres aparecen en la lista de posibles pilotos de un barco que pierde su rumbo: Mohamed El Baradei, ex jefe de la Agencia Internacional de la Energía Atómica y Premio Nobel de la Paz 2005; Amr Musa, secretario general de la Liga Arabe; Ahmed Zewail, Premio Nobel de Química en 1999; y el candidato presentado por los Hermanos Musulmanes, Faruk Sultán, presidente del Tribunal Constitucional.

Musa, ex canciller, salió ayer a la arena política y se presentó como un actor de la transición. “Estoy listo para servir como un ciudadano que tiene derecho a ser candidato”, dijo el viernes. Muy popular en su país a la vez por su sentido del humor, su habilidad para manejar los medios de comunicación y sus críticas acerbas a Estados Unidos e Israel, Musa suscita desconfianza en Occidente por sus ataques contra Washington y Tel Aviv. Curiosamente, el secretario general de la Liga Arabe fue uno de los primeros en reconocer la legitimidad de la revuelta que estalló en Túnez. A principios de enero, durante la cumbre de la Liga Arabe celebrada en Charm el-Cheikh justo después de la fuga del presidente tunecino Ben Ali, Musa pidió que se diera una respuesta a “la cólera y la frustración sin precedentes” del mundo árabe al tiempo que hizo un diagnóstico demoledor de la situación global: “El alma árabe está rota por la pobreza, el desempleo, y el retroceso de los índices de desarrollo”. Su llamado desentonó con el perfil bajo del resto de los dirigentes árabes que asistían a la cumbre. Discreto pero claro, desde el principio de la revuelta Musa dijo que apoyaba “a los jóvenes que manifiestan y a sus reivindicaciones”. Para muchos analistas occidentales, a pesar de las reticencias que despierta, Amr Musa es el hombre que más cartas tiene en la mano para encauzar la revuelta, apaciguarla y darle credibilidad a la transición.

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La Unión se reunió en Bruselas y finalmente tomó posición sobre la crisis en El Cairo.
Imagen: EFE
 
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