DEPORTES › SEBASTIAN “TATO” RODRIGUEZ, HOMENAJEADO EN EL SUPER 8

Le puso el corazón al juego

El capitán de Peñarol, cuya camiseta fue retirada el miércoles, y las circunstancias que lo obligaron a dejar la práctica.

 Por Ariel Greco

Desde Mar del Plata

“Ese es el famoso Tato/ El Tato de Peñarol/ por Peña dejó la vida/ la vida y el corazón...”. Los hinchas de Peñarol encontraron a través de esa canción la manera perfecta de despedir a su capitán. Sebastián Rodríguez, que en la noche del miércoles vivió un emotivo homenaje cuando el club retiró su histórica camiseta número 8, le contó a Página/12 sus sensaciones de una noche emocionante y cómo está reorganizando su vida tras el obligado retiro de la actividad por una grave afección cardíaca, justo antes del arranque de la temporada en la que su club buscará el inédito tricampeonato de la Liga Nacional.

–¿Cómo vivió el homenaje del miércoles?

–Fue muy emocionante. No hay reconocimiento más importante para un basquetbolista que el retiro de su camiseta. Hay muy pocos casos en la Liga Nacional. Y que haya sido en Peñarol, el club en el que arranqué a picar una pelota a los cinco años es otro motivo de orgullo. Y en el momento se me cruzaron miles de situaciones, de los momentos lindos y de los otros, que sirvieron para que uno después pudiera gozar más de las buenas.

–A la distancia, ¿cómo recuerda aquel momento que le dieron la noticia del corazón?

–Me acuerdo de que cuando el cardiólogo comenzó a decirme que no iba a poder seguir practicando un deporte de alto rendimiento ya no lo escuché más. Mi vida era el básquet y no podía seguir. Me dijo eso y después me planteó un montón de cuestiones de cómo iba a seguir. Cuando le mandé un mail haciéndolo muchas consultas, me respondió que se notaba que estaba nervioso porque todo eso ya me lo había explicado... Me dijo “no podés jugar al básquet” y yo no escuché más.

–¿Cómo lo asimiló?

–Fue muy duro. Primero me encerré, me quedé mucho con mi familia y recién con el paso de los días fui tomando conciencia de lo que había sucedido y de la suerte que había tenido de que me lo hayan descubierto a tiempo. Me podría haber pasado una fatalidad en el medio de la cancha, con mis hijos mirando el partido. Y si bien es difícil, sé que tengo que empezar una nueva etapa, disfrutando de pequeñas cosas que son maravillosas y que antes se me pasaban por alto, como llevar los chicos a la escuela, verlos en un acto o salir a caminar o trotar con mi mujer, que antes por estar tan metido en el básquet me los perdía.

–¿Cuál fue la evolución en estos meses?

–Por suerte, hace una semana me hice unos estudios y dieron muy bien. La afección cedió unos milímetros, con lo que puedo hacer una vida normal. Me compré una bicicleta –con los colores de Peñarol, aclara y muestra una foto en su celular– y salgo a andar con mi hermano, puedo trotar. Para una persona que fue deportista toda la vida es muy difícil no poder descargar esa adrenalina, así que estoy muy contento.

–¿Te quedó alguna deuda pendiente?

–Está claro que me tuve que retirar y que no era algo que yo quería y que no pensaba que se iba a dar de esa manera. Pero no me puedo quejar porque en el básquet pude cumplir mi sueño, que era salir campeón con Peñarol, que es más que mi club, es mi casa. Tuve la suerte de ganar varios títulos y nadie me va a quitar que en mi último partido salí campeón de la Liga y lo terminé con la copa en la mano.

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