DEPORTES › OPINION

Una casetera en el paladar

 Por Diego Bonadeo

Hay quienes podrán suponer que lo “atropelló el alemán”, o que los almanaques son perversos –que es lo mismo–, o que su proverbial impunidad dialéctica aprovechando la pusilanimidad de cuanto interlocutor enfrenta, conducen a Julio Humberto Grondona a espetar cuanto despropósito le pasa más por la lengua que por el cerebro.

Como presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, idealizó la improbable –económicamente para Grondona prácticamente imposible– contratación del entrenador de Barcelona, Pep Guardiola, para que eventualmente se hiciera cargo de la Selección Nacional. Lo que demuestra que al corralonero de Sarandí le da lo mismo el caviar que la mortadela.

Es que no otra cosa puede uno deducir al recorrer la nómina de quienes estuvieron a cargo de los equipos nacionales desde que en 1979 Grondona fue ungido a cargo de Viamonte 1366. De Menotti a Bilardo, de Bilardo a Basile, de Basile a Passarella, de Passarella a Bielsa, de Bielsa a Pekerman, de Pekerman a Basile, de Basile a Maradona, de Maradona a Batista, de Batista a Sabella.

Y está claro que si Grondona idealizó la utopía de Guardiola en la Selección, Sabella no puede menos que, o bien renunciar, o a lo sumo pedir explicaciones.

Pero en términos de gustos futboleros, Grondona no fue “atropellado por el alemán”. Lo que le pasa es que tiene una casetera en el paladar. Y es una casetera berreta y antigua. Una Betamax, como la que todavía por estos tiempos sigue usando Bilardo para imaginar lo que nunca fue.

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