DEPORTES › PUSO A BOCA FUERA DE COMBATE Y DEFINIRA LA COPA SUDAMERICANA CON NACIONAL DE MEDELLIN

River se hizo una panzada finalista

Con un gol de Pisculichi, el único en 180 minutos de choque, el conjunto de Núñez superó la serie y volverá a una instancia de definición internacional después de once años. El coraje y la seguridad defensiva, atributos del vencedor.

 Por Juan José Panno

River se dio el gran gusto de eliminar a Boca de un torneo internacional. Sin el juego fluido y vistoso que supo mostrar, pero con otros argumentos como el coraje y la firmeza defensiva, el conjunto de Marcelo Gallardo se impuso 1-0 y se metió en la final de la Copa Sudamericana. Por lo mostrado en el segundo tiempo, cuando generó muchas ocasiones de gol, el pasaje resultó justo. En la definición del certamen, su rival será Atlético Nacional de Medellín, que en la otra semifinal dejó en el camino a San Pablo por penales.

El partido de ida había sido tan malo que ya se sabía que el encuentro de vuelta iba a ser mejor. No había otra posibilidad. Pero en el balance fue bastante mejor de lo que se podía suponer. Es cierto que técnicamente se jugó mal, pero se compensó con la intensidad y la tensión que se palpaba en el campo.

En el partido de ida, River no había pateado al arco. Y en el primer tiempo, acaso en la única que pateó al arco, Pisculichi abrió el marcador, luego de un buscapié de Vangioni. Lo paradójico es que en el segundo tiempo, a diferencia de los 135 primeros minutos de la serie, pateó un montón. Y no metió más goles porque le faltó puntería, un poco por Orion y otro poco por ansiedad.

En el juego en la Bombonera, a River le habían amonestado a siete jugadores y a Boca sólo dos. Ayer fueron cinco del equipo de Arruabarrena, más un expulsado –Díaz–, contra cuatro del de Gallardo. Lo que sucede es que esta vez fueron los dos los que jugaron al límite, con mucha brusquedad. Y el arbitraje de Delfino fue mejor.

Otra gran diferencia estuvo en los delanteros. En la ida no jugó Mora. Y en la vuelta, Mora casi no jugó y pasó inadvertido. En cambio, Teo Gutiérrez, que había jugado un encuentro opaco en la Bombonera, anoche la rompió. Cuando Boca quedó partido en la mitad del campo, Gutiérrez tácticamente lo manejó perfecto, tirado a la derecha. Desde allí provocó un descalabro en la defensa visitante.

En el partido de ida, Boca tuvo la pelota, pero no pudo quebrar el férreo planteo de River. Pero ayer pareció que se jugó todos los boletos a meter un gol pronto. Al margen del penal rápido, que fue una casualidad porque Rojas no vio a Meli, Boca tuvo cuatro llegadas claras en ese primer tiempo y no merecía irse en desventaja. Las caras de la gente de River en ese entretiempo, lleno de tensión y ansiedad, marcaban el momento que se vivía: River ganaba, pero nada estaba resuelto.

Pero tras la salida de Gago y a pesar del ingreso de Chávez, en la segunda parte Boca fue pura impotencia. Atacó con pelotazos y no provocó ni una situación de gol. Mucho también influyó el planteo de Gallardo en el segundo tiempo, con la premisa de dividir al equipo en dos, con volantes muy cerca de los defensores y con atacantes prestos para contragolpear. A esa altura, no existía el mediocampo. Del lado de Boca, porque no tenía los elementos aptos para manejar la pelota en ese sector. Por eso, apostaba pasar esa zona por encima, buscando a sus dos centrodelanteros. Y por el lado de River, porque así lo eligió, abroquelado en el fondo y saliendo rápido con Gutiérrez como abanderando en ese juego. De esa manera, el conjunto de Gallardo tuvo no menos de siete situaciones de gol, incluida una de Cavenaghi.

Precisamente el ingreso del goleador hizo recordar a la definición de la Libertadores 2000 con la entrada de Martín Palermo. El resultado se pudo haber repetido, de manera inversa, pero a River le faltó aquella puntería. Y por eso, como no resolvía sus chances, la tensión seguía hasta el final, tanto que la gente de River aplaudía más los rechazos a cualquier parte que las contras bien armadas por sus jugadores. Y eso que Boca no generaba nada. En el primer tiempo merecía el empate, pero en el segundo tiempo fue pura impotencia. River no hizo lo que sabe, pero hizo lo que necesitaba para pasar. Lo ganó por coraje y por la impericia de su rival.

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Leonardo Pisculichi celebra su gol, el único del partido y de la serie, que mandó a River a la final de la Copa Sudamericana.
Imagen: Alejandro Leiva
 
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