DEPORTES › EL PUEBLO SE VOLCO A LAS CALLES PARA VIVAR A LOS PILOTOS Y LOS VEHICULOS

La gente abrazó al Dakar de la Plaza

El Rally más exigente del planeta tuvo su largada simbólica, con una multitud, desde el parque cerrado de Tecnópolis hasta la explanada frente a la Casa Rosada. Muchas sonrisas y selfies. Desde hoy arranca la verdadera odisea.

 Por Pablo Vignone

Las imágenes más insólitas se vieron en la Plaza de Mayo: desde la monja asomada al balcón del edificio de la arquidiócesis, junto a la Catedral, para ver el paso de las motos, hasta los multicolores camiones de cuatro metros de altura y casi diez toneladas de peso desplazándose entre vocingleros bocinazos en torno de la Plaza. Tan insólitas como suele ser el Dakar, el rally más exigente del planeta, que vivió con desprejuicio el arranque simbólico de su edición número 37, la séptima en Sudamérica, con las escalinatas de la Catedral convertidas en tribunas, parejas bailando tango en una tarima levantada frente al Cabildo, y las pilotos maniobrando sus máquinas en la esquina de Balcarce y Rivadavia para subirse a la rampa de partida.

En el podio organizaba los movimientos el francés Etienne Lavigne, la cabeza visible de ASO, la empresa propietaria del Dakar, que se preocupó en destacar, en referencia al futuro de la prueba en la Argentina, que es “fiel al Gobierno, no estamos buscando alternativas por afuera”. Y agregó: “Gracias a la presidenta Cristina estamos organizando un evento fantástico. Tenemos ahora poco tiempo para armar la siguiente edición. Vamos a esperar al último día de carrera.” Por el podio se desplazaron el ministro de Turismo, Enrique Meyer, el responsable de la cartera del Interior, Florencio Randazzo, y al secretario general de la Presidencia, Aníbal Fernández. También se los vio, entre otros, a Karina Rabolini, la mujer del gobernador bonaerense Daniel Scioli, y al ministro de Seguridad porteño, Guillermo Montenegro.

Demasiadas vallas debieron sortear los fanáticos y los curiosos para acercarse al centro caliente de la largada. Las escenas más nutridas se veían a lo largo de la Diagonal Norte, por donde las máquinas llegaban desde Tecnópolis, el parque cerrado del Dakar, y volvían a la base desde hoy partirán muy temprano ya en carrera efectiva. “Impresionante”, aseguró el español Carlos Sainz, siempre muy aplaudido en la Argentina.

Muy entusiastas los hinchas bolivianos, desperdigados a lo largo de toda la Plaza con sus banderas tricolores y vivando a sus pilotos, como el Chavo Salvatierra, que monta la KTM N 28. Otros alentaban al chileno Francisco Errázuriz, que apenas 200 metros después de la rampa de largada, frente a la Catedral, tuvo que tirarse al piso a reparar su Husqvarna.

Los más aplaudidos por la gente fueron el príncipe qatarí Nasser Al Attiyah, que rodeó la Plaza ondeando una bandera argentina y recibió el aplauso cuando se detuvo en la esquina de San Martín y Rivadavia para recibir el cariño de la gente, y el estadounidense Robby Gordon, que fiel a su costumbre tomó corta carrera con su camioneta naranja –a la que bautizó Gordini– para saltar la rampa como si fuera un lomo de burro.

También llamaron la atención el Buggy N 353 con una carrocería similar a la de Herbie, el VW Escarabajo que popularizó Disney, y que lleva el mismo número 53 de la pantalla grande, conducido por el belga Stephane Henrard; y el Acciona N 369 de los catalanes Albert Bosch (un aventurero que asegura que después del Dakar 2011 cruzó la Antártida a pie) y el ingeniero Agustín Payá, un vehículo completamente eléctrico: la batería pesa 430 kilos y consumirá entre tres o cuatro por etapa.

La fiesta se prolongó hasta que las sombras ganaron la Plaza, cuando los últimos camiones hicieron la ronda. Fueron más de 400 máquinas las que completaron todo el recorrido desde Tecnópolis para ponerse formalmente en carrera, aunque recién se pueda acelerar a partir de hoy. Los organizadores acusaron 650 mil espectadores a lo largo del tramo y otros 150 mil en Tecnópolis.

“El marco de público fue imponente, una verdadera fiesta”, destacó el mendocino Lucio Alvarez, uno de los argentinos que estarán peleando por un lugar entre los primeros 20 al cabo del rally, en dos semanas. “Fue muy emocionante, casi conmovedor recorrer esos kilómetros hasta Plaza de Mayo con un cordón interminable de hinchas.” Para el veterano navegante Rubén García, “el argentino es muy tuerca y si esto fue así acá en Buenos Aires, no quiero ni imaginarme lo que va a ser mañana (por hoy) cuando lleguemos a Carlos Paz”.

El Dakar accesible, el de la sonrisa y la selfie, terminó ayer. Hoy comienza la odisea.

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La impresionante imagen de los vehículos, junto a la multitud que los acompañó en el recorrido.
Imagen: Télam
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