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Un intercambio de votos y favores precede la elección de Sudáfrica

Blatter quería darle el Mundial de 2006, pero los alemanes maniobraron en la FIFA. El sábado reparará el daño para el 2010.

 Por Pablo Vignone

El presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki, se pondrá al frente de la delegación de su país para defender, el sábado en la sede de la FIFA, en Zurich, la candidatura de la nación a la organización del Mundial de Fútbol 2010. Parece un gesto grandilocuente, ya que todo indica que el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, no se dejará madrugar esta vez y cumplirá lo que prometió en 1998, cuando reunía los votos necesarios para ganar las elecciones en la multinacional del fútbol. En julio de 2000, una serie de maniobras tras bambalinas le dieron el Mundial 2006 a Alemania, en desmedro de la postulación sudafricana y del suizo. Esta vez, con el apoyo en masa de los países sudamericanos, Blatter conseguirá imponer su predilección.
Sudáfrica compite en esta carrera con Marruecos, Egipto y Libia –Túnez se retiró oficialmente ayer– y el informe técnico de la FIFA, difundido la semana pasada, pone a ese país en papel de gran candidato. Los sudafricanos tenían todas las chances de adjudicarse la organización del Mundial 2006, pero fue una oscura historia la que lo impidió y por la que Blatter ahora intentará remediar lo que no pudo completar cuatro años atrás.
En junio de 1998, el suizo ganó las elecciones para presidente de la FIFA por 111 votos a 80 del sueco Lennart Johansson. Los votos de las 51 confederaciones africanas que integran el organismo fueron decisivos: hubo denuncias de corrupción, 50 mil dólares a cambio por cada voto. Y una promesa: que Africa organizaría la Copa del Mundo en 2006.
Algo no salió como estaba planeado y Blatter no logró cumplir su promesa. Alemania dio vuelta el resultado en el Comité Ejecutivo de la FIFA, en el que votan sus 24 miembros. Consiguió 8 sufragios de los representantes europeos y otros cuatro más.
La votación tuvo lugar el 6 de julio de 2000. Diez días antes, un conglomerado de empresas alemanas anunció inversiones por 2000 millones de dólares en Tailandia y Corea del Sur. Ocho días antes, el gobierno federal alemán aprobó la venta a Arabia Saudita de 1200 lanzagranadas antitanque. Esos tres países votaron por Alemania. El cuarto fue Qatar, cuyo representante es el jeque Mohammed Bin Hammam, quien le prestaba su jet a Blatter para la campaña electoral.
Alemania tenía 12 votos, necesitaba uno más, o que Sudáfrica perdiera uno propio. El delegado de Oceanía, el neozelandés Charles Dempsey, denunció “presiones intolerables” y se fue antes de la votación; la primera ministra de Nueva Zelanda, Helen Clarke, había arreglado con Mbeki su apoyo a la candidatura sudafricana. Sudáfrica sólo tuvo 11 votos; de haber igualado en 12, el presidente Blatter hubiera desempatado. En su favor.
Esta vez, no sucederá lo mismo. La AFA recibió un millón de dólares de Libia y 900 mil dólares de Marruecos para presentar a la Selección Argentina en sendos amistosos el año pasado y éste, pero votará por Sudáfrica porque la decisión del bloque sudamericano (integrado por Julio Grondona, el paraguayo Nicolás Leoz y el brasileño Ricardo Teixeira) es respaldar a Blatter y cumplir con el compromiso pactado en 1998.
El diario La Opinión de Marruecos, el país que es principal rival de Sudáfrica en la elección, aconsejó buscar los votos de Qatar, Estados Unidos y Trinidad y Tobago para tratar de pelear la elección. Parece un gesto inútil. Blatter y Bin Hammam estuvieron juntos dos días atrás en Malasia (ver foto abajo); el jeque se pasó de bando. Jack Warner, el dirigente del país caribeño, reunió 50 millones de dólares desde que la FIFA le concedió la organización del Mundial Sub-17 en 2001; y Chuck Blazer, el representante de EE.UU., fue la mano derecha de Warner en la Concacaf. Se descuenta que los representantes en el CE de la FIFA de Samoa y Tonga, países de nula relevancia futbolística que deben su posición a Blatter, también apoyarán a los sudafricanos. Ninguno de los miembros del Comité Ejecutivo de la FIFA cobra sueldo por el cargo, pero desde que Blatter es presidente del organismo, reciben 50 mil dólares anuales en concepto de viático.

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Nelson Mandela y el presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki.
 
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