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La mejor música del romanticismo italiano

Don Carlo, de Verdi, fue estrenada en francés. Una de las muchas versiones, en italiano y con un acto menos, será la que hoy a la noche vuelva al Colón, con el tenor Darío Volonté como protagonista.

 Por Diego Fischerman

“Para prevenir las modificaciones que los teatros hacen a las óperas, está prohibido alterar la partitura. Cualquier cambio que requiera la menor variación en la orquestación será penada con 1000 francos, que cobraré a través suyo a los teatros que hayan realizado tales infamias.” El texto, enviado por Giuseppe Verdi a su editor, Ricordi, en 1847 (el año en que estrenó Macbeth), habla a la vez de dos cosas. Por un lado, los usos y costumbres de una época en que la ópera era, sobre todo, un entretenimiento sujeto a las necesidades del mercado. Tanto las modas locales (la exigencia francesa de escenas de ballet, por ejemplo) como las veleidades de cantantes y empresarios teatrales hacían que fuera habitual, por ejemplo, agregar o sacar escenas según el caso. Pero, por otro lado, de lo que habla la carta de Verdi es de una preocupación nada frecuente en su época. Que haya varias versiones oficiales de sus óperas, revisadas por él mismo, debe entenderse en ese sentido. Una ópera, para Verdi, era una totalidad y, de hacerse algún cambio, debía ser él quien los hiciera.
Los dos Macbeth (1847 y 1865), Stiffelio (1850) o su revisión de 1857, con el nombre de Aroldo, Simon Boccanegra (1857 y 1881) y La forza del destino (1862 y 1869), no son nada al lado de Don Carlos, la fracasada ópera francesa que resucitó como ópera italiana, bautizada como Don Carlo y en varias versiones. La que se verá a partir de hoy en el Colón es la que se realizó en 1884, para el estreno en el Teatro alla Scala de Milán, en la que los cinco actos originales pasaron a ser cuatro (y antes de que volviera a la cantidad original de actos, dos años después). Los cambios más notables de esta versión corta son los cortes de la totalidad del Acto I (con el consiguiente traslado del aria de entrada de Carlos al acto siguiente), el ballet y su escena precedente en el Acto III y el coro de los Inquisidores en el último acto. Aun así, en esa historia sobre la Historia, en la que se mezclan las guerras del imperio español, amores correspondidos y de los otros, lealtades y traiciones, hay mucha de la mejor música del romanticismo italiano.
Ausente de la programación del Colón desde 1996, en que el papel de Rodrigo fue representado por Dmitri Hvorostovsky, la nueva puesta será responsabilidad de Roberto Oswald (también escenógrafo e iluminador) con la participación de Aníbal Lápiz como vestuarista. El director musical será Milen Nachev, un búlgaro formado con Ilya Mussin en el Conservatorio de San Petersburgo y con Gennadi Rozhdestvensky en la Accademia Chigiana de Siena, que condujo la Orquesta Sinfónica de la Radio Nacional de su país hasta el año pasado, en que se radicó en los Estados Unidos. El papel de Don Carlo será interpretado por el tenor argentino Darío Volonté, quien recientemente se presentó en Berlín personificando a Calaf en Turandot de Puccini. La soprano italiana Maria Pia Piscitelli –que cantó en Simon Boccanegra en la temporada pasada del Colón– será Isabel de Valois. En los demás papeles principales estarán el bajo Askar Abdrazakov (Felipe II), las mezzosopranos Alejandra Malvino y María Luján Mirabelli alternando el papel de la Princesa de Eboli, los barítonos Luis Gaeta y Omar Carrión en el de Rodrigo, marqués de Posa, y el bajo Mijail Svetlov como el Gran Inquisidor. Además de la de esta noche, habrá otras cuatro funciones de Don Carlo: el jueves 13, el domingo 16, el martes 18 y el sábado 22.

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Giuseppe Verdi creó Don Carlos en 1867 y la revisó en 1884.
 
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