DEPORTES › OPINION

Balbi aprueba, Chacón aburre

 Por Daniel Guiñazú

Raúl Balbi y su victoria por nocaut técnico en el segundo round ante el colombiano Jorge Noriega salvaron la velada del viernes por la noche en el Luna Park. Después de la decepcionante performance de Pablo Chacón ante el puntano Julio César Algañaraz, el ex campeón mundial AMB de los livianos le puso alto voltaje emotivo al estadio de Corrientes y Bouchard, y con poco más de cinco minutos de acción electrizante clavó otro hito exitoso en su camino de regreso a los altos niveles del boxeo internacional.
Noriega (63,450 kg) no fue la oposición que se esperaba para Balbi (63,500 kg). Lento y llamativamente poco resistente, sufrió la derrota más categórica de sus nueve presentaciones en la Argentina. Se lo imaginaba duro y difícil, sobre todo si la pelea se hacía recia y fragorosa en los intercambios. Pero el argentino resolvió todo con velocidad y clase. Al final del primer asalto, derribó a Noriega con dos ganchos de izquierda, uno al hígado y otro al mentón. Y en el arranque del segundo, primero lo sacó del ring con una izquierda larga y abierta, y después lo terminó con una combinación al cuerpo y a la cabeza en el mismo momento en que el árbitro Fernando Peyrous detenía las acciones y el Luna bramaba como en los viejos buenos tiempos.
El gran problema de Balbi es ajeno a su voluntad. En su categoría reinan tres de los mejores campeones mundiales del momento. Floyd Mayweather manda en el Consejo, el portorriqueño Miguel Cotto en la Organización y el inglés Ricky Hatton en la Asociación y la Federación. Y ante ninguno se lo ve ganador. Balbi es bueno, sin dudas, y ha retornado bien luego de dos años de inactividad por una lesión en la mano derecha. Pero no parece tener el plus necesario para dar el gran salto y meterse en el ruido grande del boxeo. Mientras tanto, suma, sigue y espera que cambien los vientos. En 2005 peleó tres veces en el Luna y ganó las tres, todas antes del límite.
Chacón, mientras tanto, no mejora. Aburrió soberanamente y, aunque ganó por puntos y con amplitud una pelea sin variantes ni enigmas, no pudo noquear otra vez a un boxeador como Algañaraz que no tiene ninguna virtud estimable. El mendocino adujo que, después de haberlo derribado al puntano con un gancho zurdo en el primer asalto, sufrió una distensión en el bíceps izquierdo que le complicó la tarea. Lo cierto es que el público lo abucheó y con razón. Verlo 12 rounds tirar cada tanto una izquierda suave y sin profundidad, sin que la derecha viniera fuerte detrás, fue muy aburrido.

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