DEPORTES

La nueva Historia de Grosso

 Por Juan Sasturain
Desde la casa

En estas largamente mitologizadas tierras, el nombre de Grosso –no por el efímero alcalde porteño, precisamente– encarnó durante décadas una versión oficial y simplificada acerca de nuestro pasado. Su pequeño manual de historia nacional –la sempiterna “Historia de Grosso”– que junto a la cartilla y el libro de lectura Upa constituían el kit básico de los educandos nacionales del primer tercio largo del siglo veinte, repitió e hizo repetir las leyendas más vistosas, desde el caballo blanco de San Martín al aceite hirviendo volcado sobre los ingleses, las Damas Mendocinas y las Niñas de Ayohuma. Ese Grosso, que meloneó a un puñado de generaciones de argentinitos, fue el difusor convencido de la historia oficial.

A diferencia de este paladín de lo establecido, desde la gloriosa jornada de ayer el oscuro siciliano Fabio Grosso, lateral izquierdo italiano sucesor del interminable Paolo Maldini, ha dejado en la historia y la leyenda de los mundiales un gesto nuevo de llamativa disidencia. Escribió contra lo que estaba escrito. Cuando el tiempo se iba, recibió del pausado Pirlo y con un hermoso tiro cruzado de zurda a colocar –estaba en el otro lado, con la cancha cambiada– la puso con comba hacia adentro en el palo más lejano, lo mandó a revolver los piolines a un Lehmann que no lo tenía en la media ni en papelito alguno. Con ese gesto ofensivo, de algún modo coronación en diferido de la intrépida subida que les dio el penal trucho y la victoria también agónica a los azzurri ante Australia, este Grosso escribió una historia nueva: la refutación de il faccio catenaccio y la revisión del rol del tacaño Lippi, devenido –gracias a su gol y al de Del Piero– en vidente estratega.

¿Qué vigencia tendrá esta nueva Historia de Grosso? No se sabe. Italia tiene un capital futbolero mucho mayor que el que utiliza habitualmente. Y no sólo el consabido de Buffon hasta Pirlo. También más arriba. Sin embargo, no ha entregado casi nada de eso, excepto solidez defensiva, en la mayoría de los partidos que ganó. Así, la Historia de Grosso durará el tiempo que le dure al canoso allenatore y a su hoy maquillada miserabilidad la ocasional decisión estratégica de ayer (poner juntos a Del Piero, Totti, Iaquinta y Gilardino sobre el final) y la suerte para que le cierren, sobre la hora, las mezquinas cuentas.

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