DEPORTES › EL SECRETO DE SUS OJOS

Schiavi y Falcioni

 Por Facundo Martínez

El Flaco Schiavi agradecía, los ojos llenos de lágrimas, se despedía de los hinchas de Boca. “Estoy muy contento, muy feliz”, decía como al pasar ante la insistencia del movilero de Fútbol para Todos. El reconocimiento era grande para el capitán que llegó a Boca de la mano de Carlos Bianchi con 28 años y, tras 253 partidos, 27 goles y nada menos que 9 títulos, se retiró a punto de cumplir los 40, enemistado con el actual entrenador, Julio Falcioni.

Precisamente, el ex DT de Banfield parecía despedirse también, solitario, los brazos cruzados, parado a un costado, observador, los ojos enrojecidos también y no precisamente por la agónica victoria de su equipo, que volvió a jugar mal ayer. Miraba Falcioni y parecía reflexionar sobre su futuro. “Todavía no contesté”, dijo ofuscado a la televisión, cuando se le preguntó si iba a extender su contrato a pesar del castigo del público. Estaba molesto Falcioni, serio, como si las recriminaciones le hubieran calado los huesos, incluso a pesar de la maniobra interesada de la barra brava que intentó tapar el descontento de los hinchas con cánticos de aliento al equipo, todo demasiado obvio y, por supuesto, preocupante.

Todavía no había sucedido lo peor para él. El pedido de los hinchas para que vuelva Bianchi, el DT más ganador en la historia de Boca. Es cierto que Falcioni deberá responderle al presidente de Boca, Daniel Angelici, sobre su continuidad en los próximos días. Pero los ojos deL ex DT de Banfield, ayer, durante el retiro de Schiavi, parecían hablar de otra despedida. La propia.

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