ECONOMíA › AUMENTO DE LAS NAFTA SúPER, LA COMúN Y EL GASOIL DEL SEIS POR CIENTO EN PROMEDIO

Todas las marcas a la vez y de la mano

Los cambios de precios en los surtidores se produjeron durante el fin de semana. La recomposición vuelve a dejar a YPF un escalón más abajo que el resto y a Shell con los valores más altos. Por ahora, el consumo convalida.

 Por Cledis Candelaresi

“Los aumentos los decidimos después de monitorear el mercado”, es la frase coincidente de las petroleras para explicar por qué, con pocas horas y centavos de diferencia, desde hace algo más de un año y medio todas vienen aplicando incrementos graduales e incesantes en los precios de los combustibles. El más reciente comenzó hace cuarenta y ocho horas y llevó el valor de la súper por encima de los 3,50 para YPF y casi 20 centavos más en el caso de la Shell. El reacomodamiento se completará en las próximas horas y, previsiblemente, no será el último del año. Cuál es el techo de este sendero de subas permanentes que las empresas aplican con anuencia oficial aún es un misterio.

Durante el fin de semana los surtidores estuvieron inquietos. YPF sólo mantuvo el valor de sus productos premium, pero aumentó todos los otros según la siguiente grilla: la común pasó de 2,532 pesos a 2,731; la súper de 3,247 pesos a 3,501 y el gasoil de 2,828 a 3,019. Shell aumentó todo salvo la común, y quedó con los precios más altos del mercado en todas las categorías.

Con un criterio algo diferente, Petrobras retocó exclusivamente los precios de los productos de más alta calidad. La premium de la brasileña pasó de 4,012 a 4,309 y el diésel plus, de 3,799 llegó a 4,019. En Capital Federal, hasta la noche de ayer Esso había hecho lo propio, llevando a la nafta de 97 octanos de 4,022 pesos a 4,309 y el gasoil especial de 3,927 a 4,060, pero también encareció la común de 3,049 a 3,169 pesos y se disponía a hacer lo mismo con la súper.

Un poco antes o un poco después, los precios terminan recompuestos pero dentro del mismo marco, en el cual YPF sigue liderando cómoda el mercado en todos los segmentos con precios que suelen quedar unos centavos por debajo que el resto. No hay disputa alguna para ganar consumidores por la vía de ofrecer combustibles más baratos. Al contrario. Ninguna marca parece interesada en incrementar su participación y la pauta, según se infiere del comportamiento de las empresas en el último año y medio, ha sido no alterar esa situación consolidada donde todos aumentan casi al unísono, en proporciones que difieren sólo levemente.

Cada marca tiene precios diferentes según la región y, en general, los carburantes resultan más baratos en la Capital Federal que en el interior del país. En 2009, las naftas aumentaron en promedio un 20 por ciento y el gasoil un 28. Esto responde al ánimo de desalentar el consumo de este combustible quizás para eludir la obligación de importarlo para atender una demanda interna insatisfecha, ya que todavía sigue siendo más caro afuera que adentro.

Según acusan los estacioneros –cuya remuneración es un porcentaje sobre este precio de venta–, en lo que va del año los productos premium fueron los que más subieron. Lo singular es que en los últimos dos años hubo un retroceso notorio en la venta de esta categoría de productos, de algún modo movida por su alto precio. Así, la súper se consolida como la preferida, lejos del resto.

Desde el punto de vista formal, los combustibles están desregulados y podrían moverse libremente. Sin embargo, lo hacen en virtud de un acuerdo de caballeros entre las refinadoras y el Gobierno, que hace poco más de un año y medio consintió esta estrategia de incrementos graduales. Las empresas no admiten ni esa regla consensuada con el poder estatal ni que existan movimientos coordinados con las otras refinadoras, lo que sería admitir que tienen un comportamiento cartelizado.

Sólo YPF, a través de un vocero, ayer sugirió que el aumento de costos podría ser también uno de los fundamentos de estos ajustes. En lo que coinciden casi a coro las refinadoras es que la suerte de sus surtidores está atada al “monitoreo de mercado”, es decir, a lo que haga el competidor. Esto equivale a decir que una sube si lo hace la otra, generando una espiral que se reanima cada vez con más frecuencia y vigor.

La duda es cuál es el techo. En la salida de la convertibilidad, el objetivo proclamado fue el de llegar al equivalente de un dólar por litro en la súper, cometido que estaría muy próximo (ayer la divisa cerró a 3,89 pesos) en Capital, pero es superado en muchos puntos del interior.

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Las pizarras de YPF muestran, desde esta semana, incrementos de 26 centavos en la súper.
Imagen: Leandro Teysseire
 
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