ECONOMíA › ARGENTINA Y BRASIL FIRMAN UN ACUERDO PARA LA INDUSTRIA AUTOMOTRIZ

Para salir del punto muerto

Funcionarios de ambos países suscribirán hoy un convenio con objetivos a corto y mediano plazo. Las empresas radicadas en el país aumentarían sus exportaciones a Brasil a cambio de garantizar una cuota de mercado para el socio del Mercosur.

 Por Javier Lewkowicz

Los gobiernos de Argentina y Brasil firmarán hoy la prórroga por un año del Pacto Automotriz Común (PAC). La cita entre el ministro de Economía, Axel Kicillof; su par de Industria, Débora Giorgi; el canciller, Héctor Timerman, y el titular de la cartera industrial de Brasil, Mauro Borges, está prevista para la tarde en el Palacio de Hacienda. Incluye una medida de corto y otra de largo alcance. En un sector aquejado por una fuerte caída de las ventas, la coyuntura muchas veces tapa el problema estructural de la baja integración de autopartes nacionales. El convenio que ahora se extiende sienta las bases para la política automotriz definitiva del Mercosur, a definir en 2015, de la cual depende en buena medida la regulación a las terminales y la promoción de proveedores, para que el sector deje de ser insostenible en términos de consumo de divisas.

Las negociaciones bilaterales alrededor del tema automotor no transitaron el último tiempo por el carril rápido. El año pasado, una de las herramientas que regulaban el comercio de autos, el coeficiente flex, terminó quedando sin efecto porque los gobiernos no se pusieron de acuerdo al momento de definir su valor. Es uno de los ítem en los que ahora ambas administraciones consensuaron. El flex vigente hasta mediados de 2013 definía que por cada dólar que Brasil importaba por el complejo automotor (autos y autopartes) desde Argentina podía exportar hasta 1,95. Si el saldo era favorable a la Argentina, por cada dólar comprado no se podía exportar más de 2,5. Por fuera de esos valores, el comercio pasaba a estar gravado con aranceles. El flex ahora se reestablecería en el mismo valor para ambos países, alrededor entre 1,5 y 1,6. La idea es restringir el desequilibrio potencial de modo de incentivar inversiones complementarias por parte de las terminales automotrices en los dos países. De todos modos, a corto plazo la medida no tiene efecto porque el comercio bilateral ya se maneja dentro de los márgenes del nuevo flex.

Otro acuerdo logrado que sí busca mejorar la situación coyuntural del sector es el aumento de la cuota de mercado de los autos argentinos en Brasil. Como anticipó Página/12, se convino que llegue al 11 por ciento, por encima del 8 por ciento que tiene en la actualidad. El análisis del Gobierno es que las exportaciones hacia el país vecino no sólo caen por la desaceleración general de Brasil, sino porque las terminales allí priorizan la venta de sus propios modelos, relegando las compras de vehículos argentinos.

El sector automotor registra desde comienzos de año fuertes caídas en el nivel de producción, lo que provocó que casi todas las terminales aplicaran medidas de suspensión de personal, con el consiguiente efecto negativo sobre buena parte del autopartismo. La delicada situación coyuntural deja fuera del escenario en muchos análisis al principal problema del sector, que se manifiesta a través del enorme agujero estructural de divisas por importación de autopartes.

Según datos del Centro de Estudios para la Producción (CEP), que depende del Ministerio de Industria, la producción automotriz en términos físicos era en 2012 un 80 por ciento más alta que en 1997, último año de dinamismo económico de la convertibilidad. Los puestos de trabajo en las terminales subieron en el mismo período un 20 por ciento. Esas empresas representan el 2,6 por ciento del empleo industrial, el mismo porcentaje que a fines de los ’90. En partes, piezas y accesorios para los vehículos automotores, la producción creció un 30 por ciento y el nivel empleo es el mismo que en aquel año de la convertibilidad. En tanto, la producción de carrocerías creció un 20 por ciento pero hay menos empleados que en 1997.

Los datos muestran que el de-sempeño entre terminales y proveedores fue desigual en estos años. Las automotrices echan culpas sobre autopartistas y dicen que no son eficientes. Los autopartistas alegan que las terminales priorizan los planes de compra que determinan sus casas matrices. El Estado no pudo avanzar en forma contundente en la resolución de este punto.

Como la estructura del sector es regional, la definición del protocolo automotor del Mercosur tendrá el año que viene mucha incidencia sobre la lógica del negocio hasta 2020. Allí se juega una parada importante para que ambos países puedan incrementar el peso de sus industrias en la producción de vehículos.

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El gobierno nacional aspira a que el entendimiento reactive la industria automotriz.
Imagen: Jorge Larrosa
 
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