ECONOMíA › OPINION

Tasas para ahorristas

 Por Alfredo Zaiat

El artículo 7 de la Carta Orgánica del Banco Central dispone, entre otras atribuciones del directorio, “fijar las tasas de interés y demás condiciones generales de las operaciones crediticias del banco”. Para espanto de representantes de la ortodoxia, la autoridad monetaria tiene la facultad de determinar el nivel de la tasa de interés de los bancos, ya sea la que retribuye a los ahorristas o la que cobran por los créditos. Sobre esta última, el Central estableció topes para préstamos personales y prendarios al vincularlas con el rendimiento de las letras (Lebac) que emite, instrumento de deuda utilizado para regular la masa monetaria del sistema. De ese modo, en junio, los préstamos personales que promediaban una tasa del 47 por ciento, se redujo al 38,9 por ciento (1,45 veces la tasa de la Lebac) para las entidades de primera línea, al 48,3 por ciento (1,8 veces) para los de segunda línea y al 54 por ciento (hasta 2 veces) para los descuentos de cartera de las entidades no financieras proveedoras de crédito. En este último grupo están incluidas mutuales, cooperativas y agencias de crédito. Existen antecedentes internacionales de fijar tasas para préstamos: Chile define una tasa máxima convencional, que corresponde a la tasa de interés máxima que los oferentes de crédito pueden cobrar en sus operaciones; Colombia considera una tasa usuraria por encima del 50 por ciento de interés corriente; en Uruguay existe una Ley de Tasas de Interés y Usura desde diciembre de 2007, que fija un tope para el costo de los préstamos, que incluye compensaciones, gastos administrativos y comisiones; en Alemania se utiliza una regla implícita que fija un tope del doble de la tasa promedio de depósitos; en Francia regulan las tasas desde 1966; e Italia establece el delito de usura desde el 50 por ciento de interés anual. Si quiere dejar de ser un actor pasivo ante las tensiones del mercado cambiario, el Banco Central tiene la posibilidad de intervenir sobre la tasa de interés que las entidades ofrecen para captar el dinero de ahorristas y grandes inversores.

Pese a la queja de banqueros acerca de que ese tipo de medidas afectaría la rentabilidad, el último informe de Bancos que elabora el BCRA revela que, según el balance consolidado de las entidades, no bajaron sus ganancias por el tope a la tasa de préstamos, sino que las aumentaron en términos globales y también en el rubro “resultado por intereses” que subió de 5063 a 5445 millones de pesos de junio a julio pasados. Esta utilidad es el saldo entre lo cobrado por créditos y lo pagado por depósitos.

En esos meses la evolución del crédito no registró una expansión considerable para explicar ese incremento. Para preservar y hasta incrementar el margen de rentabilidad disminuyeron la tasa de interés a los ahorristas y grandes inversores. Esa menor retribución en un contexto de disputa con los fondos buitre ha contribuido a alimentar las presiones cambiarias. La disminución de esa tasa ha sido un factor más de desestabilización del mercado del dólar en sus diferentes versiones (blue, Bolsa, contado con liqui y ahorro). Si las tasas son bajas y si además la gestión económica no ofrece ni induce a orientar el ahorro a otras opciones rentables, como acciones y bonos (existe un boom bursátil deliberadamente ignorado en los análisis financieros), el callejón conduce a una sola ventanilla de color verde.

En amables negociaciones el Banco Central puede invitar a las entidades a que paguen una tasa de interés más alta o directamente fijarla, como lo ha hecho con las tasas para préstamos. Sería un aporte importante del Banco Central para obturar una de las vías que utilizan las entidades financieras para alimentar la corrida cambiaria.

Los bancos están ofreciendo tasas del 17 al 20 por ciento anual, cuando hace pocos meses el rango era del 22 al 26 por ciento. Con una tasa de inflación anual que se dirige hacia ese umbral mayor e inestabilidad en el mercado cambiario, lo que genera expectativas de devaluación, disminuir la tasa por colocaciones a plazo es una provocación para la compra de dólares. El Banco Central posee las herramientas normativas y el suficiente peso político de disuasión para interrumpir esa estrategia de desestabilización de las entidades.

Obligar o inducir una suba de la tasa de interés pasiva (la que pagan a los ahorristas) no necesariamente debe tener como resultado un aumento de la tasa para créditos. Esto afectaría el ingreso disponible de los acreedores dañando el consumo e inversión. Analistas y economistas estrechamente vinculados a la banca, con amplia repercusión en grandes medios, dicen que es impracticable esa pretensión de determinar la tasa pasiva. Saben defender muy bien las ganancias de los bancos sumergiendo el debate en un mar de confusiones. Esa eventual medida del Banco Central intervendría precisamente en esos extraordinarios márgenes de utilidad.

Es muy sencillo el esquema de negocio de las entidades: toman el dinero de ahorristas pagando 20 por ciento anual, y luego lo prestan al Banco Central, vía Lebac, recibiendo una tasa de hasta el 29 por ciento, o al consumo o por prendas, a una tasa del 40 al 50 por ciento. Esa diferencia del 20 al 29 o al 50 por ciento es el margen que contabilizan los bancos. Es una ganancia del 45 al 150 por ciento por la intermediación del dinero, diferencia que pocas actividades están en condiciones de exhibir.

El Banco Central puede disminuir apenas esas ganancias fabulosas, y de ese modo colaboraría para desalentar el aporte que hacen las entidades para incitar la corrida cambiaria. El argumento previsible que irrumpirá para resistir una iniciativa que impulse un alza de la tasa de interés para los ahorristas sin elevar la tasa activa es que perjudicará la rentabilidad del sector. Es cierto que la disminuiría pero no sería una situación inquietante de acuerdo con los balances que muestran los bancos. El resultado por intereses exhibe un recorrido ascendente sin pausa, y una interrupción en esa tendencia no sería tan relevante teniendo en cuenta que sería parte de una estrategia global para enfrentar una corrida cambiaria y, fundamentalmente, para prevenir una bancaria.

En mayo, las utilidades nominales por los intereses cobrados menos intereses pagados del sistema financiero fue de 4786 millones de pesos (5,4 por ciento del activo neteado), en junio subió a 5063 millones de pesos (5,5) y en julio siguió creciendo hasta los 5445 millones de pesos (5,9). En los siete meses del año, ese rubro acumula 35.331 millones de pesos, 7487 millones más que en igual período de 2013. En los últimos doce meses (julio 2013-julio 2014), último dato del Informe sobre Bancos, la utilidad nominal acumulada ascendió a 57.822 millones de pesos (5,8 por ciento del activo neteado).

Es un revelador ejercicio observar la evolución del resultado por intereses en porcentaje del activo neteado para tranquilizar a los voceros de la banca preocupados por la rentabilidad de la banca:

2008 3,1%
2009 4,3%
2010 4,3%
2011 4,6%
2012 5,7%
2013 5,9%

Las entidades están en camino de repetir en este año el último muy bueno de ganancias por intereses, que marcó un pico máximo. Otra información relevante que proporciona el Informe de Bancos en el anexo estadístico es el diferente comportamiento de la banca según el origen de la propiedad. La de capitales extranjeros acumuló en los últimos doce meses (a julio) 22.883 millones de pesos, el 8,2 por ciento del activo neteado; la de capitales nacionales contabilizó 18.623 millones de pesos (6,7); y los bancos públicos, 14.064 millones de pesos (3,3). Estas cifras muestran el importante espacio que existe para el Banco Central para intervenir sobre la tasa de interés a los ahorristas que paga la banca privada.

El desafío para el equipo económico es neutralizar movimientos especulativos e implementar una estrategia para manejar la masa de dinero en circulación, el dólar y las tasas. Ese objetivo requiere de una activa intervención del Banco Central. La Carta Orgánica brinda herramientas para actuar sobre una dinámica financiera perturbadora de la estabilidad y el crecimiento de la economía. Puede hacerlo regulando las tasas de interés, como lo ha hecho con la de préstamos, pero también tiene la posibilidad de hacerlo con la que reciben los ahorristas. Puede implementarlo a través de normas monetarias y contables o puede invitar a los bancos a subirlas voluntariamente. Esta última instancia estaría facilitada porque las autoridades del Central son bien consideradas por la banca de acuerdo a las crónicas publicadas en la mayoría de los medios.

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