ECONOMIA

Llegaron los años verdes para el comercio exterior

El histórico saldo negativo en los términos del intercambio se dio vuelta: ahora los precios de los productos exportables son superiores a los de las importaciones. Las consecuencias.

 Por Marcelo Zlotogwiazda

El precio internacional del maíz aumentó 15 por ciento en lo que va de 2007, cerca del 70 por ciento respecto de un año atrás, y su actual cotización cuadruplica a la de hace cinco años. Por su parte, la soja está en su valor más alto de los últimos dos años y medio, y el precio de los metales que exporta la Argentina subió más del 30 por ciento en los pasados doce meses. Mientras ésos y muchos otros productos que el país exporta se valorizaron mucho en los últimos años, los precios de importación están al mismo nivel que al comienzo de la crisis en 1998, lo que a la economía le representa una ganancia calculada oficialmente de 22.500 millones de dólares en el cuatrienio 2003-2006. La mejora en la relación entre precios de exportación e importación, es decir la mejora en lo que se conoce como términos del intercambio, es una de las principales causas del alto crecimiento que mantiene el país, aunque también es un factor clave de la presión inflacionaria de los últimos meses.

En su informe de anteayer, la consultora Economía y Regiones señala que “el sorprendente crecimiento de los últimos años es parte mérito de la política económica implementada en 2003/4, pero también consecuencia del extraordinariamente favorable contexto internacional. Los países emergentes se han visto beneficiados tanto desde el punto de vista financiero, recibiendo ahorro internacional a bajo costo, como experimentando una importante mejora en los términos del intercambio”.

De acuerdo con los datos publicados días atrás por el Indec, los términos del intercambio son actualmente 23 por ciento mejores que a comienzos del año 2000 y un 12 por ciento si se lo compara con el comienzo del gobierno de Néstor Kirchner. En ambos casos, la causa de la mejora es fundamentalmente el incremento en los precios de los productos que exporta el país, que están en un máximo histórico por lo menos desde 1986.

Hay dos razones básicas que explican ese fenómeno. En líneas generales, el mundo vive un proceso de notoria expansión, y en particular el crecimiento está en una medida importante motorizado por la fuerza de países como China, India y otros asiáticos que son intensamente demandantes de materias primas, tanto para abastecer su desarrollo productivo como para alimentar la incesante incorporación de consumidores al mercado. A esto último se debe, por ejemplo, el boom de la soja a partir de 2002, que tuvo un pico de precio en 2004 y que tras un descenso ha vuelto a engancharse en una tendencia ascendente que tocó el jueves el máximo de los últimos dos años y medio.

De acuerdo con el índice de precios de materias primas que elabora el Banco Central, en los pasados doce meses el poroto y los pellets de soja subieron 19 por ciento y el aceite de soja más del 30 por ciento. Téngase en cuenta que el complejo oleaginoso es desde hace varios años la principal fuente de divisas para la economía.

Un caso especial es el del maíz, que ya venía en alza por las mencionadas razones macroeconómicas internacionales, pero que en los últimos dos años ha pegado una estampida impresionante ocasionada por la irrupción de los biocombustibles como la energía del momento. Los números del Banco Central reflejan un aumento de más de 60 por ciento entre enero 2006 y enero 2007, a lo que hay que agregar la suba del corriente mes.

Los precios de exportación están tan de moda que hasta se metieron en el turbio conflicto que el Gobierno desató con sus intervenciones y manoseos metodológicos en el Indec. “Cualquiera que lea los diarios sabe del boom en el precio de los commodities”, dijo el viernes la ministra Felisa Miceli en conferencia de prensa. Era una mezcla de crítica y venganza al organismo que días atrás se había equivocado al informar que los precios de exportación de enero fueron más bajos que en enero de 2006, cuando en realidad resultaron 8 por ciento más altos.

El alza no es exclusiva de los productos primarios. El aluminio acumula un aumento anual del 19 por ciento según el índice del Banco Central, y si se observa el índice de precios de exportación que elabora el Indec se observa que el rubro “metales comunes y sus manufacturas” duplica el nivel que tenía hace tres años.

Una manera de cuantificar la contribución de la más favorable relación entre precios de exportación e importación es a través de lo que se conoce como ganancia (o pérdida) del intercambio, que consiste en medir en cuánto mejora (o empeora) el poder de compra de las exportaciones debido al efecto de los precios. Es un criterio análogo al de medir el poder de compra de una cantidad de horas trabajadas debido a cambios en el salario y en el precio de la canasta de consumo. Según las cuentas del Indec la ganancia de intercambio del último cuatrienio fue de 22.500 millones de dólares.

Claro que la mejora en los términos del intercambio, que como se vio deriva básicamente de la revalorización de los productos exportados, tiene como costado negativo una presión sobre los precios internos, que se realza por la característica argentina de que en su canasta de exportación pesan mucho varios productos de la canasta básica de consumo. Frente a eso, la estrategia del Gobierno ha sido durante un tiempo desenganchar los precios internos de los internacionales mediante el cobro de retenciones a la exportación. Y a medida que esa estrategia fue perdiendo efectividad y sumando quejas de los sectores afectados, están tratando de usar parte de los recursos fiscales que se originan en las retenciones para subsidiar a algunos de los perjudicados. El ejemplo más claro fue el anuncio de anteayer de subsidiar el precio del maíz a los productores de cerdo y a los que engordan con ese cereal el ganado vacuno.

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El ingreso de divisas del comercio exterior apuntala la economía.
Imagen: Ana D’Angelo
 

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