ECONOMíA › EL FUTURO DEL SISTEMA BANCARIO EN EE.UU. Y EUROPA

Regulado, más chico y menos rentable

 Por Hamish McRae *

Cualquiera sea la forma de rescate que eventualmente ponga en práctica Estados Unidos para su sistema bancario, éste será totalmente diferente durante una década, quizás una generación. La regulación será más ajustada y ese sector será más pequeño y menos rentable. El resto del mundo también se ajustará, aunque quizá no en la forma draconiana que parece ser probable en Estados Unidos. Como los gobiernos han tenido que hacerse responsables de las instituciones financieras que fracasaron y transferirles la deuda a otros para que puedan seguir, los contribuyentes se verá forzados a hacerse cargo de enormes pasivos adicionales. Los políticos no estarían cumpliendo con su deber si no les exigieran a las instituciones financieras que se sometan a una regulación más rigurosa. Y así sucederá.

El asunto aquí es que si las bancas centrales no hubieran hecho esto, el sistema bancario entero hubiera colapsado. El mercado interbancario, en el que las entidades se prestan entre sí, apenas está funcionando: los bancos con dinero disponible lo acumulan en lugar de prestárselo a otros. Las entidades tienen que hacer un balance de libros diario: tienen que pedir dinero suficiente para financiar sus préstamos. De manera que la única fuente para algunos han sido las bancos centrales. Dejemos de lado por el momento toda la historia de que los bancos han sido irresponsables y han creado instrumentos monetarios complejos que ni ellos entienden. Dejemos de lado el hecho de que hasta un cierto punto los reguladores son culpables por haber aceptado la regulación, mientras no estaban alertas a los grandes peligros. Dejemos de lado la culpa que hasta cierto punto debe cargarse a la Reserva Federal de Estados Unidos por bajar las tasas de interés, creando así un boom inmobiliario global. Dejemos todo esto de lado. Olvidemos la culpa. El hecho es que si los bancos no tienen el dinero, no lo pueden prestar. Esta es la razón por la que la oferta de hipotecas es sólo un tercio de lo que era hace un año. El peligro es que la hambruna por las hipotecas se reproduzca en el mundo y se convierta en una hambruna global de préstamos. Hasta ahora, la economía mundial ha salido bastante bien parada de la agitación bancaria. Hay una ralentización, pero era inevitable. No hubo una debacle en la actividad económica, aunque algunos sectores obviamente están en problemas. Pero si hubiera una hambruna global de préstamos, eso sería algo que empujaría las cosas más allá de la caída “normal” de posguerra.

De manera que tiene que haber más regulación, y debe estar hecha de tal manera que los bancos puedan continuar funcionando efectivamente. Pero ese sector será más pequeño y menos rentable y sería ingenuo no admitir que el resultado será una recuperación económica más lenta. Cuanto más se puedan sanar los mercados financieros, menos onerosa será la regulación que les será impuesta, pero hasta ahora ni siquiera han comenzado la convalecencia.

Los bancos, los valores comerciales, los seguros y todos las otras industrias de servicios financieros son notablemente durables. Son anteriores a la Revolución Industrial y han sobrevivido a guerras mundiales. Su rol fue cambiado por el crecimiento del gobierno central y cambiará nuevamente. En realidad, a los gobiernos pocas veces les gusta la finanza como una industria, pero la necesitan. Un efecto colateral en el crecimiento de los préstamos públicos será que deberán emitir mucha más deuda, que tendrá que venderse a través de instituciones financieras.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para PáginaI12.

Traducción: Celita Doyhambéhère

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