EL MUNDO › TRAS LA CRISIS INMOBILIARIA, ES EL NUEVO MOTOR DE CRECIMIENTO PARA LA REGION

China se acerca a Latinoamérica

Casi todos los países de la región participan de la nueva prosperidad comercial del país asiático a través de ventas sin precedentes de materias primas. El nuevo actor en escena está modificando las economías de la región.

 Por Juan Jesús Aznárez *

El espectacular despegue de China obliga a esa nación, al igual que India, a la masiva compra de materias primas. América latina está aprovechando para vender las suyas a buen precio, aumentar sus ingresos y tratar de reducir una pobreza que castiga desde hace decenios al 38,5 por ciento de su población: 205 millones de personas.

Todo cambió en la región con la irrupción del nuevo agente comercial, y en el nuevo contexto, el precio de los alimentos vegetales o de la carne alcanzó en Argentina su cota más alta desde 1845. “La discusión de fondo es cómo se distribuye la renta. Y, en este contexto particular, cómo se distribuye una súper-renta”, declaró Martín Lousteau poco antes de ser sustituido al frente del Ministerio de Economía argentino. El debate es oportuno porque las reformas fiscales, claves para garantizar una mayor justicia distributiva, aún se encuentran en pañales en toda América latina. El rechazo de los empresarios agrícolas a las retenciones lo indica.

China acelera su penetración en Latinoamérica con intercambios comerciales cercanos a los 70 mil millones de euros. Su fuerza y potencialidades son temibles: 1300 millones de habitantes, 900 mil millones de euros en reservas y un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Salvo imponderables, la región crecerá este año un 4,9% según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). “Ocurre algo inédito. Los motores de crecimiento exógenos de la región fueron Estados Unidos y Europa en los años ’80 y ’90, pero ahora se está estructurando un tercer motor: Asia”, señala Javier Santiso, director del Centro de Desarrollo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). “En 2006, más del 36 por ciento de las exportaciones chilenas se dirigían hacia Asia, y el 12 por ciento, hacia China. Y no sólo Chile. Otros países también comercian intensamente con China. Este país está en boca de todos.”

China está en boca de todos porque casi todos los países participan de la nueva prosperidad comercial, aunque México o parte de América Central sufran la competencia de las baratas manufacturas asiáticas a la hora de colocar sus mercancías en Estados Unidos, la Unión Europea o Japón.

Los sectores más castigados son los relacionados con la maquinaria industrial y eléctrica, los productos electrónicos y los equipos de transporte y textiles. No obstante, la cercanía de Estados Unidos atenúa los efectos de esa competencia en Costa Rica o México, que, además, disfruta de un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos y Canadá. “Si China cuenta con salarios manufactureros cuatro veces inferiores, México goza de una proximidad única con Estados Unidos”, agrega Santiso. En 24 horas, los mercantes completan la travesía de Manzanillo (México) a Los Angeles, mientras que desde puertos chinos, el plazo ronda los 24 días.

Para la mayoría de los países latinoamericanos, China e India representan oportunidades comerciales más que una competencia a veces imbatible, según todas las fuentes consultadas. Cierto es, no obstante, el riesgo de una excesiva especialización, puesto que más de un tercio de las exportaciones se compone de materias primas.

Jorge Fuentealba, coordinador del Observatorio Iberoamericano de Asia-Pacífico, dice que América latina debe evitar su excesiva dependencia de la venta de recursos naturales y avanzar en la competitividad y en la innovación, necesarias para integrarse en la cadena productiva asiática, y beneficiarse así de su efervescencia industrial. “De todas formas, la compra de materias primas ha sido lo más importante y lo que ha permitido que muchos países de América latina tengan unos superávit comerciales muy importantes”, señala.

La diversificación pasa por la modernización de las precarias infraestructuras regionales. Sólo el 5% de las vías de comunicación brasileñas están pavimentadas, y sus sistemas ferroviario, portuario y fluvial distan años luz de los que operan en Hong Kong o Singapur. Y Argentina, uno de los grandes exportadores de soja del mundo, no dispone de capacidad portuaria suficiente para multiplicar el aprovechamiento de sus recursos naturales.

China puede ayudar porque, según el último informe de LatinAmerican Economic Outlook 2008, conforme evolucionen los patrones de consumo de los dos países asiáticos de referencia, surgirán nuevas oportunidades, siempre y cuando “los países agroexportadores latinoamericanos logren ascender en la cadena de valor y diversificar, innovar y crear conciencia de marca de sus productos de exportación”. Argentina, Brasil, Chile y Uruguay quieren avanzar por ese camino y han creado industrias agrícolas con posibilidades de crecimiento.

¿Y cuáles han sido las medidas establecidas por los países para rentabilizar los nuevos ingresos? Chile aplicó esta fórmula: para preservar la acumulación de las divisas obtenidas con las exportaciones de cobre, mantuvo el superávit en cuentas fuera del país.

El objetivo es impedir que los nuevos flujos monetarios distorsionen su economía. “Cuando un país se llena de divisas por todo lo que vende, se complican las cosas, porque se aprecia mucho la moneda local y pierden competitividad las exportaciones. Es el llamado mal holandés”, según explica Fuentealba.

Argentina también toma medidas para frenar las importaciones chinas, porque los productores locales de ropa y de otros sectores alertan contra los eventuales efectos de la crisis norteamericana, esto es, que suponga una reducción de las ventas de China en EE.UU. y la invasión entonces de otros países, entre ellos Argentina. México ya arbitró medidas compensatorias contra determinadas mercancías chinas.

Mario Esteban, doctor de Política China y Relaciones Internacionales de Asia Oriental en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), precisa que los chinos no sólo compran materias primas y alimentos a los latinoamericanos, “sino que, al aumentar tanto la demanda, están subiendo los precios, y eso es muy positivo para la región si lo sabe aprovechar”.

Para Javier Santiso, algunos países lo están haciendo mejor que otros, entre ellos Chile, Brasil y Perú: “Lo aprovechan de manera directa e indirecta. Es decir, en términos de la gestión macroeconómica que se está ejecutando, relativamente sostenible, y también aprovechando la relación comercial o industrial”.

Pero mucho tiene que cambiar en América latina para evitar una repetición del fenómeno comercial registrado en el siglo XIX: la exportación de recursos naturales enriqueció a los comisionistas y al empresariado agrícola, sin asentar un desarrollo industrial perdurable. “En general, los países latinoamericanos, Brasil y Argentina entre ellos, tienen la sensación de que los chinos les colaron un gol después de haberles reconocido el status de economía de mercado”, señala Mario Esteban.

Ese reconocimiento implica que las naciones que concedieron ese status reducen su capacidad de apelar a mecanismos de arbitraje dentro de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en caso de conflicto. Los latinoamericanos bajaron sus defensas comerciales con China cuando el gigante prometió fuertes inversiones en el desarrollo de infraestructuras. “Y tienen la sensación de que les colaron un gol, porque esas inversiones no se materializan.”

A la espera de que se materialicen, América latina continúa alimentando la sala de máquinas de China con unas ventas sin precedentes. Un informe del Banco Mundial recomienda no ceder a las tentaciones proteccionistas y promover cambios estructurales en los sectores que viven de la exportación de los recursos naturales; también, arbitrar ayudas para limitar los daños colaterales causados por el desembarco made in China.

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.

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China acelera su penetración en Latinoamérica con intercambios comerciales cercanos a los 70 mil millones de euros.
Imagen: AFP
 
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