EL MUNDO › PARTE RUMBO A NICARAGUA PARA REFORZAR LA PRESENCIA MILITAR DE WASHINGTON

Zarpó la IV Flota de EE.UU.

Con la pretendida consigna de “atender a las comunidades marginadas” navegará las aguas de Colombia, República Dominicana, Guyana y Trinidad y Tobago, llevando médicos, ingenieros y hasta veterinarios a los destinos elegidos.

Zarpó la Cuarta Flota. El buque anfibio USS Kearsarge dejó ayer el puerto en Mayport, Florida, y se adentró en las aguas del Caribe con destino a Nicaragua. Su misión, la primera desde su reactivación en mayo pasado, será “atender a las comunidades marginadas” en ese país y en Colombia, República Dominicana, Guyana, Panamá y Trinidad y Tobago. El buque, uno de los más grandes de la flota, no llegará a los países del Cono Sur y recién volverá a atracar en las costas de Florida en noviembre.

El objetivo de la misión, según la tripulación del Kearsarge, es conseguir contactos e información. “En el caso que se produjera un desastre en una de esas áreas, Estados Unidos podría trabajar sobre la base de la cooperación y la información clínica y sanitaria que obtenemos en estas operaciones”, ejemplificó el comandante del equipo médico que viajará, el comodoro Dave Damstra.

El Comando Sur estadounidense explicó ayer que el buque transportará médicos e ingenieros de Brasil, Canadá, Francia, Holanda y España. Se trata, explicaron en Florida, de médicos clínicos, dentistas, oftalmólogos, cirujanos y hasta veterinarios. A principio de junio pasado, durante su visita a la Argentina, el comandante del Comando Sur, el almirante James Stavridis, había destacado que sus hombres trataron a más de un millón de personas en los últimos cuatro años y también a 250 mil mascotas.

Por su parte, el equipo internacional de ingenieros acompañará el esfuerzo de los médicos, construyendo hospitales o mejorando caminos para acceder a ellos. Lo que no queda del todo claro es a qué se dedicarán los 1300 militares que componen la mayor parte de la tripulación del Kearsarge. Algunos, explicó el Comando Sur, son ingenieros de la marina y la fuerza aérea, y ayudarán en los proyectos de construcción.

“Estaremos trabajando con nuestros vecinos en muchos asuntos de interés común”, celebró con una sonrisa el capitán del buque José Fernández Ponds, minutos antes de zarpar. No dio detalles sobre a qué comunidades irán ni qué tratamientos ofrecerán. En mayo y junio pasado, el USS Boxer, un buque aún más grande que el Kearsarge, atendió a 14 mil pacientes en Guatemala, El Salvador y Perú.

El Comando Sur nunca detalló quiénes eran ni qué tipo de tratamiento recibieron. En el caso del país andino, numerosos informes periodísticos de los medios locales denunciaron que los militares estadounidenses llegaron para ayudar a las comunidades marginadas con ametralladoras y armas de guerra.

Pero no es inusual que esto suceda en las misiones humanitarias del Comando Sur. En mayo pasado, cuando estalló la noticia de la reactivación de la Cuarta Flota, el buque de guerra George Washington estaba recorriendo las costas de Sudamérica en un esfuerzo por mejorar las relaciones con las fuerzas armadas locales y con las sociedades civiles. El comandante de la nave bajaba a tierra, daba charlas y su tripulación ofrecía tratamiento y capacitación médica a las autoridades de las zonas rurales o más rezagadas. A pesar de las críticas que provocó en países como Nicaragua y Brasil la presencia del George Washington, para el Pentágono la gigantesca nave bélica de 4500 millones de dólares no es más que un barco hospital.

Durante su paso por la Argentina, el jefe del Comando Sur juró una y otra vez que la Cuarta Flota “nunca tendrá capacidad ofensiva”. Sin embargo, el origen de la flota despertó temores entre los gobiernos y los militares de Argentina, Brasil, Venezuela, Ecuador y Bolivia. “La reactivación de la Cuarta Flota es parte de una política exterior de prepotencia que ya conocemos”, le había dicho a PáginaI12 el senador brasileño y experto en Defensa, Pedro Simón.

El gobierno norteamericano creó la flota en 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, para defenderse de eventuales ataques en el Hemisferio Occidental. Cinco años después del fin de la guerra, Wa-shington decidió que ya no era necesario mantener aviones, submarinos y buques de guerra patrullando la región.

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George Bush parece mirar a través de su largavista cómo parte la IV Flota rumbo a Sudamérica.
Imagen: AFP
 
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