EL MUNDO › FUERTE TESTIMONIO DE SOBREVIVIENTES DEL ATENTADO EN EL SUBTE DE LONDRES

Ellos vivieron para contarla

Ayer, en la investigación judicial por la muerte de 52 personas asesinadas en los ataques, sus historias fueron finalmente contadas, con los detalles de las vidas de cada una de las víctimas y cómo encontraron la muerte.

 Por Mark Hugues *

Avanza la investigación del atentado del 7 de julio del 2005 en el subte de Londres.

En los momentos posteriores a los atentados del 7 de julio de 2005 en Londres, junto con la terrorífica oscuridad de la red de subtes, las personas que iban al trabajo se agolparon para tratar de salvar a sus compañeros de viaje. Ayer, en la investigación por la muerte de 52 personas asesinadas en los ataques, sus historias fueron finalmente contadas. Durante el segundo día del proceso, el consejero Hugo Keith escuchó. Mientras recorrió los nombres de los fallecidos, también mencionó a varios pasajeros valientes que arriesgaron sus propias vidas para socorrer a los otros. “Fueron actos de remarcable heroísmo y fortaleza humana”, insistió Keith.

Las detonaciones comenzaron a las 8.49 de la mañana del 7 de julio de 2005, con la primera explosión en Aldgate. En la corte se dijo que el tren circular estaba desplazándose a menos de quince kilómetros por hora cuando su conductor, Timothy Batkin, escuchó un ruido ensordecedor. Batkin no pudo llamar con la radio del tren, así que usó su teléfono móvil para avisar a quienes estaban sobre la tierra acerca de la tragedia que había sacudido al transporte. Después de escuchar los alaridos de los pasajeros que pedían socorro, evacuó a los que estaban en la parte frontal y después ayudó a los que permanecían en la parte trasera.

La médica Gerardine Quaghebur, una pasajera del tren circular, comenzó a tratar a los heridos junto con su compañero de viaje Stephen Desborough. Juntos se encontraron a Lee Baisden, que había muerto instantáneamente por la explosión. Quaghebur vio a Fiona Stevenson, de 29 años. La médica le tomó el pulso y la asistió durante 20 minutos, hasta que llegó un paramédico. Pero para ese momento ya estaba muerta. Después la doctora vio a Carrie Taylor, una joven de 24 años que trabajaba para la Sociedad Real de Artes. Taylor había sido despedida a través de una ventana de plástico, tenía lastimaduras graves en la cabeza y rogaba que la ayudaran. Steven Jones, otro pasajero, la recostó sobre el piso mientras la médica gritaba: “Consíganme un médico. Esta mujer sólo tiene minutos de vida si no me traen a un médico”. La muchacha murió poco después.

En el mismo vagón, Elizabeth Kenworthy, una oficial de policía que no estaba en funciones, usó su campera de corderoy para aplicarle un torniquete a Andrew Brown en su pierna. Luego se sacó su cinturón e hizo lo mismo con Martine Wright. Les dio agua y les sostuvo las manos hasta que fueron rescatados. Los dos sobrevivieron.

Se escucharon también los relatos de los primeros integrantes de los servicios médicos en llegar al lugar. Después de quince minutos de buscar sobrevivientes y de socorrer a los heridos, a Craig Ca-ssidy, a sus colegas paramédicos y a los bomberos les ordenaron evacuar el túnel por temor a ser asesinados si se producía una segunda detonación. Pero decidieron ignorar la advertencia y se quedaron.

En la estación de Edgware Road, los pasajeros que viajaban en paralelo con el tren volado por Mohammad Sidique Khan rompieron sus ventanillas y atravesaron las vías para ayudar a los heridos, sin pensar en su propia seguridad, dijo Keith. Dos de ellos, Anthony Pantling y Sandip Meisuria, ayudaron a Michael Brewster, un funcionario que había viajado desde Derby para participar de un encuentro. Los hombres le dieron agua y le masajearon el pecho, antes de usar una corbata para aplicarle un torniquete a su pierna. A pesar de sus esfuerzos, el hombre de 52 años murió. Otro pasajero, Steve Huclesby, se encontró con Laura Webb, de 29 años, y trató de resucitarla. Ella también falleció poco después.

La doctora Elizabeth Wynne Evans había llegado a Edgware Road como parte de su trabajo en el Hospital Real de Londres. Después de escuchar que la estación estaba cerrada, se quedó para tratar a los heridos que habían logrado salir. Después bajó para hacer lo mismo en los vagones.

Junto con las historias de heroísmo aparecieron las de los fallecidos. Sam Lee, un australiano de 28 años, resultó herido en la explosión del micro en Tavistock Square, sobrevivió una semana en el hospital y murió el 14 de julio. Su padre había volado hasta Londres y pasó cuatro días al lado de la cama de su hijo hasta que murió. La explosión en el colectivo sucedió casi una hora después de la de los trenes. El ruido de las 9.47 fue tan fuerte que los paramédicos que estaban trabajando en la estación ferroviaria de King Cross creyeron que se trataba de un segundo ataque en los trenes. Aquellos que estaban en el micro recién se estaban enterando de los ataques del subte. Algunos habían huido de las estaciones subterráneas afectadas. Pero la gran mayoría de las que después fueron víctimas se habían subido a ese medio de transporte porque les habían dicho que el subte no funcionaba. Aún faltan cinco meses de investigación.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12

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