EL MUNDO › TROPAS LEALES A KHADAFI OCUPARON LA ULTIMA CIUDAD ANTES DE LA CAPITAL DE “LIBIA LIBRE”

Hacia una batalla que puede ser la última

Con un fuerte bombardeo y sin encontrar mayor resistencia de las desorganizadas milicias de oposición, las tropas leales entraron a Ajdabiya. La próxima ciudad hacia el este es Benghazi, baluarte de la revolución.

 Por Kim Kengupta
y David Usborne *

Desde Ajdabiya y Nueva York

El último baluarte de los rebeldes antes de Benghazi, la capital de “Libia Libre”, cayó ayer bajo un feroz ataque de las fuerzas de Muammar Khadafi. El ataque desde tierra y aire provocó incendios y sacó a los combatientes fuera de la mayor parte de Ajdabiya. Después de una sostenida descarga de artillería, las tropas del régimen tomaron el perímetro de afuera de la ciudad en el sur y en el oeste, lo que produjo un éxodo de aterrorizados residentes.

Un pequeño número de refuerzos enviados desde Benghazi para reforzar la resistencia en la ciudad de 120.000 habitantes, fue sobrepasado por los grupos de las fuerzas revolucionarias, el Shabbab, que huían en la dirección opuesta. Las casas en las áreas residenciales fueron atacadas por misiles y las ambulancias y los automóviles particulares transportaban muertos, incluyendo niños del área.

Benghazi está 90 minutos al este por camino y para la tarde las unidades del régimen se podían ver a lo largo de las huellas del desierto intentando anular esa ruta. Con un contingente de reducido número de combatientes rebeldes atrapados en Ajdabiya, los blindados del coronel Khadafi podían seguir a Benghazi, posiblemente tan pronto como hoy. Anoche, el grupo de Médicos sin Fronteras dijo que se había visto obligado a retroceder de la capital rebelde.

El liderazgo de la oposición en Benghazi se había comprometido a sostener a Ajdabiya y aseguraba que las tropas del régimen, con sus líneas extendidas al máximo y sufriendo escasez de combustible, no tendrían ánimo para una lucha casa por casa en el centro urbano densamente poblado. También han insistido que la “fuerzas especiales” revolucionarias han retomado Brega, un puerto petrolero que cayó en manos del régimen hace unos días.

Ayer, en medios de las salvas de los bombardeos, el humo y la confusión, aparecieron afirmaciones que parecían ser ilusorias. La principal puerta a la ciudad, donde el Shabbab había construido trincheras, zanjas y apilado bolsas de arena –la primera vez que habían tomado estas precauciones– fue rápidamente abandonada después de dos ataques aéreos. Mohammed Jawad, un combatiente rebelde que se retiraba de la ciudad, gritó: “¿Dónde está la zona de exclusión aérea que nos prometieron?” “¿Lo harán cuando todos estemos muertos?” En Trípoli, cientos de partidarios del coronel Khadafi celebraban el avance sobre Benghazi en la Plaza Verde, cantando canciones revolucionarias, blandiendo banderas verdes y disparando al aire.

En Benghazi no había señales de que los rebeldes se estuvieran preparando para oponer una vigorosa defensa, publicó The New York Times. Y desde la capital de la “Libia Libre”, los jefes rebeldes declaraban que sus fuerzas habían logrado recuperar Ajdabiya. Pero, con el régimen avanzando rápidamente en la “Libia Libre”, sostenida por los rebeldes, la probabilidad de una intervención por Occidente parece cada vez más difícil. Los esfuerzos hechos por los británicos para establecer una zona de exclusión aérea sobre el país sufrió otro revés cuando una reunión de cancilleres extranjeros del Grupo de los Ocho se separó en París sin consenso.

Mientras, miembros del Consejo de Seguridad comenzarán hoy a debatir la posibilidad de una intervención militar, sobre una nueva resolución para ayudar a los rebeldes libios y dificultar al coronel Khadafi con sanciones y restricciones, crecía la sensación en varias capitales que la diplomacia internacional ya había quedado atrás por las realidades militares en tierra.

Alain Juppé, el recientemente nombrado canciller francés y presidente de las conversaciones del G-8, reconoció en una entrevista en una radio francesa que se podría haber cerrado una ventana para la acción militar. “Si hubiéramos usado la fuerza militar la semana pasada para neutralizar algunos espacios aéreos, y las varias docenas de aviones que tienen, quizás el revés que tiene lugar ahora en detrimento de la oposición no hubiera sucedido”, le dijo a radio Europa 1. “Pero eso ya es el pasado.”

La reunión del G-8 concluyó con un acuerdo conjunto advirtiendo al coronel Khadafi acerca de “consecuencias nefastas” si continuaba su campaña para aplastar a los rebeldes y pidiendo que el Consejo de Seguridad tome la tarea de castigar y presionar a Trípoli. Fuentes en Nueva York dijeron que la nueva resolución incluiría provisiones para un área de no exclusión aérea, que tiene el apoyo de la Liga Arabe, y nuevas medidas para fortalecer el embargo económico y de armas.

Juppé dijo que esperaba que la nueva resolución de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se tome antes del fin de la semana. Por lo menos dos Estados con poder de veto –Rusia y China– probablemente no darán su apoyo.

Mientras tanto, Washington sigue jugando solo. Estados Unidos impuso ayer sanciones contra el ministro de Relaciones Exteriores de Libia y contra 16 empresas públicas de ese país, aumentando así la presión sobre el régimen que gobernó durante 42 años al país norafricano. El Departamento del Tesoro norteamericano anunció “nuevos pasos para aislar al régimen de Khadafi”, que recaen sobre el canciller Moussa Kusa y 16 compañías públicas en el terreno bancario, petrolero, aéreo y de inversión. Kusa, ex jefe de la Agencia de Inteligencia de Libia, ya era objeto de sanciones por un decreto que recae sobre altos funcionarios del gobierno libio.

El anuncio de Washington representa el último esfuerzo de la Casa Blanca para intensificar la presión para que el líder libio deje el poder, después de semanas de conflicto con grupos rebeldes que ya causaron miles de muertes y cientos de miles de desplazados.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12

Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Un miliciano se cae de la camioneta armada en la que huyen los revolucionarios hacia el este.
Imagen: AFP
 
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