EL MUNDO › LAS FUERZAS LEALES SE ACERCAN A ABIDJAN, EN COSTA DE MARFIL

La hora de la batalla final

Después de cuatro meses de asesinatos y anarquía, las tropas del presidente electo Alassane Quattara parecen tener rodeado al ex mandatario Laurent Gbagbo, que se negó a aceptar que perdió las elecciones en noviembre.

 Por Daniel Howden *

El miedo crece en Costa de Marfil, donde las fuerzas leales a Laurent Gbagbo se preparan para un último combate en Abidjan. Después de días de una retórica crecientemente anticolonialista en los medios controlados por el Estado, Francia desplegó tropas para rescatar a sus ciudadanos de los ataques de los jóvenes y violentos seguidores de Gbagbo. El presidente electo, Alassane Quattara, que controla el interior, ordenó cerrar las fronteras para forzar la salida del ex mandatario que se aferra al poder. Las Naciones Unidas denunciaron que hubo casi 500 muertos en los cuatro meses de conflicto y los Estados Unidos pidieron que termine el baño de sangre.

La intervención de mil soldados franceses parece marcar que la crisis que sacude al mayor productor mundial de cacao está entrando en su fase crítica. El conflicto estalló a raíz de que el saliente presidente Gbagbo se negó a abandonar el poder tras perder las elecciones. Se decía que tropas bajo el mando del presidente electo Allasane Quattara habían llegado a las puertas de Abidjan, la capital comercial de Costa de Marfil que en los últimos días se sumergió en una violencia caótica. Los seguidores de ambos presidentes dividieron la ciudad en barrios beligerantes, con milicias armadas que controlan las calles. Testigos denunciaron que había gente que era subida a autos y después quemada viva, y los vecinos denuncian que se encierran en sus casas por los tiroteos.

“Estamos muy preocupados por posibles crímenes de masas”, dijo Corinne Dufka, de Human Rights Watch (HRW). “A raíz del prominente uso que Gbagbo hace de los grupos paramilitares y de que los medios estatales están incitando a la violencia, le estamos pidiendo a la misión de paz de la ONU que haga todo lo que esté a su alcance para proteger a los no combatientes”, agregó.

Tras meses de resistirse a los pedidos internacionales de que renuncie dados los resultados de los comicios de noviembre, parece que Gbagbo está perdiendo apoyos. Su poder sobre el ejército se derrumbó después de que el jefe del arma, general Phillippe Mangou, pidió refugio en la residencia del embajador sudafricano. Pero del lado de Gbagbo no hubo ninguna señal de repliegue. “No va a renunciar por este ataque. No va a deponer sus armas”, dijo Toussaint Alian, un consejero de Gbagbo en Europa. “Se va a quedar en el poder para armar la resistencia a este ataque contra Costa de Marfil organizado por Francia, Estados Unidos y la ONU”, añadió.

Gbagbo todavía goza del apoyo de violentos grupos milicianos como “los jóvenes patriotas”, que fueron acusados por la ONU de cometer crímenes atroces en Abidjan. Esos grupos también puede estar detrás de los supuestos ataques contra ciudadanos franceses. El ex docente universitario izquierdista que llegó al poder en 2000 con una aguda retórica anticolonial apeló al sentimiento antiinmigrante para restarle apoyo a su norteño rival Quattara.

Las fuerzas leales al hombre que la comunidad internacional reconoce como el vencedor de las elecciones de noviembre recorrieron toda Costa de Marfil y lograron ocupar la capital oficial, Yamoussoukro, y San Pedro, el vital puerto desde el cual sale el cacao. Esas tropas también dicen haber ganado Mama, ciudad natal de Gbagbo donde construyó una residencia fastuosa. “Los soldados durmieron en la cama de Gbagbo”, dijo un asistente de Quattara. Desde el Hotel de Golf de Abidjan, donde vivió sitiado desde que se declaró ganador de los comicios, Quattara trató de ahuyentar los temores de una masacre o de una represalia. En una declaración, afirmó: “Para terminar con la escalada de violencia en nuestro país y para cumplir con la misión de proteger a la población de las milicias y los mercenarios que responden a Gbagbo, mis fuerzas decidieron restablecer la democracia y asegurar la elección del pueblo”. El mandatario electo decidió, por eso, cerrar las fronteras y declarar el toque de queda en Abidjan.

Por largo tiempo, el país del oeste africano fue visto como un oasis de estabilidad. Costa de Marfil recibió cientos de miles de migrantes económicos de la región. Los adherentes de Gbagbo quisieron desacreditar a su opositor diciendo que es extranjero. Los ataques de las milicias contra no marfileños causaron parte de las 500 víctimas de la crisis. Washington pidió ayer que se ponga fin al baño de sangre.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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Refugiados que abandonan Abidjan, capital económica del país, por la inminencia de la batalla.
Imagen: EFE
 
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