EL MUNDO › WASHINGTON ENVIó A SU SECRETARIO DEL TESORO HORAS ANTES DE QUE COMIENCE EL ENCUENTRO DE BRUSELAS

EE.UU. mete la nariz en la cumbre europea

La agencia de calificación norteamericana Standard and Poor’s, otrora aliada del liberalismo europeo, puso bajo vigilancia la deuda de la Unión Europea y extendió su sanción al sistema bancario. Así sentenció el plan franco-alemán.

 Por Eduardo Febbro

Desde París

Crisis profunda y una casi guerra abierta entre mastodontes del liberalismo planetario como son Estados Unidos y la Unión Europea se combinan en vísperas de la cumbre donde los dirigentes de la Unión Europea discutirán el proyecto de reforma promovido por Francia y Alemania con el fin de zanjar la crisis. A pocas horas de la cumbre, la agencia de calificación norteamericana Standard & Poor’s puso directamente bajo vigilancia a la Unión Europea, un hecho sin precedentes hasta hoy, sobre todo entre jugadores del ultraliberalismo. Expertos, banqueros, analistas y dirigentes del Viejo Continente miran la década a través de un prisma de caos, ajustes y recesión donde todas las alternativas son tangibles, sobre todo las peores: el fin del euro ha dejado de ser un imposible, tanto como el surgimiento de una Europa a dos velocidades compuesta, por un lado, por los países rigurosos y competitivos del Norte y, por el otro, los del Sur. Citado por el vespertino Le Monde, Jean Pisani-Ferry, una analista belga del grupo de reflexión Brueguel, reconocía que las proyecciones catastróficas semejantes a la crisis norteamericana de 1929 “no se pueden barrer de un manotazo”.

Desde que el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y la canciller alemana, Angela Merkel, se reunieron el lunes en París para plantear un riguroso plan de control de los déficit, las malas noticias cayeron en aluvión sobre el Viejo Continente. Los proyectiles no vienen de adentro, sino de Estados Unidos, el otro gran eje liberal. En tres movimientos, la agencia de calificación norteamericana Standard & Poor’s ha sentenciado por adelantado la eficacia de las medidas que podrían adoptarse en la cumbre de Bruselas. A principios de la semana, Standard & Poor’s colocó en una perspectiva negativa las notas de los países de la Zona Euro y puso bajo vigilancia a 15 de los 17 países de dicha zona, incluidos Alemania, Francia, Austria, Luxemburgo, Finlandia y Holanda. A mediado plazo, esto podría traducirse en los próximos meses por una de las sanciones más agudas: la pérdida de la prestigiosa AAA. Dos días después, la misma agencia sepultó el famoso fondo de rescate europeo creado especialmente para salvar de la bancarrota a los países de la UE: S&P anunció que el fondo estaba bajo “supervisión negativa”.

El último acto fue un día antes de la cumbre de Bruselas: la agencia estadounidense puso bajo vigilancia la deuda de la Unión Europea (desde 1976 tiene la prestigiosa AAA) y extendió su sanción al sistema bancario. S&P adelantó que preveía bajarles la nota a varios bancos importantes de la Zona Euro entre los que figuran, en particular, los franceses BNP Paribas, BPCE, Société Générale, BRED-Banque Populaire, Crédit Foncier de France, Crédit Lyonnais, Crédit Agricole, los alemanes Deutsche Bank y Commerzbank y el italiano UniCredito. Durante un encuentro celebrado con diputados de su mayoría, Nicolas Sarkozy ofreció una síntesis realista de la situación.

El jefe del Estado francés no sólo dijo que el “riesgo de una explosión” es tangible sino que, además, explicó que uno de los mayores límites con que choca la UE radica en que “Europa necesita financiar su deuda, pero los prestamistas no le tienen confianza”. La Eurozona es una dama que pierde sus encantos y está en pleno colapso. Pocos episodios reflejan mejor ese nerviosismo como las reacciones que desató la visita del secretario del Tesoro norteamericano, Timothy Geithner (ver recuadro). El ex presidente francés Valery Giscard d’Estaing (1974 y 1981) la calificó de “inoportuna” e “insoportable”. El ex mandatario juzgó incluso que esa visita no hará sino contribuir a que Europa sea “una víctima entregada a todos los sacerdotes mundiales”. Giscard también impugnó al papel que desempeñan las agencias de calificación como Standard & Poor’s. En otros tiempos, desde luego, esas agencias eran aliadas del liberalismo europeo, pero ahora no es el caso.

Los analistas se preguntan cómo se llegó a un desastre tan profundo. Las respuestas no son tan convergentes como el cuadro que se pinta en caso de que el euro desa-parezca del mapa. Los expertos ya se adelantaron en los cálculos: inflación, fuga de capitales, devaluación, inestabilidad, etc., etc. Si las monedas nacionales volviesen a circular los países del Sur tendrían que devaluar sus monedas en un 30 o 40 por ciento al tiempo que los ciudadanos perderían cerca de un 40 por ciento de su poder adquisitivo sin que ello sea una garantía de estabilidad. Jean Pisani-Ferry, autor del libro El despertar de los demonios, recuerda en las páginas de Le Monde el territorio de arenas movedizas que amenaza a los países de Europa en caso de desaparición del euro y destaca lo que pasó en la Argentina con la crisis del 2001. El ensayista señala que en enero de 2002 el dólar costaba 1,4 peso y que, seis meses más tarde, la moneda perdió tres cuartas partes de su valor. En Gran Bretaña, donde no circula el euro, el portal de apuestas en línea William Hill reveló que las apuestas (tres contra uno) en torno del euro van en una sola dirección: su desaparición. Nicolas Sarkozy y Angela Merkel han tomado el timón de un barco en plena tormenta. Ello les ha valido el sobrenombre de “Merkozy”. Ambos preconizan “nueva unión para la estabilidad y el crecimiento” para los 17 países del euro. Dicho plan preconiza una férrea presupuestaria para absorber los déficit y castigo para quienes no cumplan con él. El voluntarismo oportunista del eje franco-alemán no es analizado, sin embargo, como una salvación, sino como un tardío movimiento de los sectores políticos por tener influencia en la enloquecida carrera de un sistema que se mutiló a sí mismo a fuerza de excesos e impunidad.

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El electo jefe de Estado español, Mariano Rajoy, saluda al secretario del Tesoro, Timothy Geithner.
Imagen: EFE
 
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