EL MUNDO › LOS SOCIALISTAS ABANDONARON LA DISCIPLINA SILENCIOSA CON UN PRONUNCIAMIENTO INEDITO QUE PONE EN APRIETOS AL PRESIDENTE

El PS francés pide que Hollande deje a Merkel

En un documento, los socialistas denuncian el rumbo actual de Europa bajo la batuta de la papisa del liberalismo, la canciller alemana Angela Merkel. También tildan de “thatcheriano” al premier británico David Cameron.

 Por Eduardo Febbro

Desde París

Hollande y Merkel, una alianza que disgusta al partido del presidente francés.
Imagen: EFE.

El Partido Socialista salió de su disciplina silenciosa para arremeter con una vehemencia inédita contra a la canciller alemana Angela Merkel y empujar al presidente François Hollande a “enfrentar a Merkel”. En un documento de 21 páginas coordinado por el diputado Jean-Christophe Cambadélis, vicepresidente del Partido Socialista Europeo (PSE), los socialistas denuncian el rumbo actual de Europa bajo la batuta de la papisa del liberalismo del Viejo Continente, Angela Merkel. El texto argumenta que “el proyecto comunitario está herido por una alianza de circunstancia entre los acentos thatcherianos del primer ministro británico –quien sólo concibe Europa como un menú y a bajo precio– y la intransigencia egoísta de la canciller Merkel, la cual sólo piensa en los ahorristas de Alemania, en la balanza comercial de Berlín y en su porvenir electoral”.

El ataque frontal interviene en pleno debate sobre el mantenimiento de la línea de rigor adoptada por François Hollande e inmediatamente después de una intervención pública muy dura del actual presidente de la Asamblea Nacional, el socialista Claude Bartolone. El responsable se pronunció a favor de una “confrontación” con Alemania para salir del círculo interminable del rigor. Las baterías políticas de la izquierda del PS se pusieron en movimiento en momentos en que Francia registró el nivel de desempleo más alto de la historia con 3.224.600 de personas sin trabajo, un pico que superó la marca anterior de 1997. Toda el ala izquierda del PS lleva varias semanas levantando la voz contra la inamovible política de rigor y de control presupuestario asumida por Hollande. “La seriedad presupuestaria, si mata el crecimiento, ya no es más seria. Es absurda y peligrosa”, dijo Arnaud Montebourg, el actual ministro de la Reactivación Productiva. La llamada “keine alternativa” empieza a agotar hasta los más fieles allegados a Hollande. Sin embargo, el jefe de Estado repite que “no cambiará” de política económica: rigor, rigor y austeridad matizados con expresiones de dulce inspiración social demócrata. Pero la realidad no se mueve. Las palabras van por un lado, los hechos por el otro: cada vez hay más desempleados, más pobres y, desde luego, más ricos. “El presidente avanza derecho contra el muro sin tocar bocina”, dice el diputado ecologista Jean-Vincent Placé.

La mayoría socialista está entre dos barcos que navegan en un océano muy agitado. Una parte centrista respalda al mandatario, la otra no cesa de reclamar otra política. La izquierda que llegó al poder con tantas ilusiones parece desahuciada, mareada por el golpe y la amplitud no prevista de la crisis. El argumento de François Hollande consiste en decir que el control de los déficit y la política de rigor que lo acompañan permitirán que la deuda de Francia (94 por ciento del PIB) baje. Ello, sumado al retorno hipotético del crecimiento, le dejará a la izquierda un margen importante para distribuir. Paguen primero, distribuimos después. Daniel Cohn-Bendit, el líder del movimiento estudiantil que estalló en Francia en mayo de 1968, encuentra que ese argumento es incongruente y que la social democracia está “desamparada frente a la amplitud de la crisis”. Según el ex eurodiputado ecologista, “la globalización de la crisis económica, financiera y ecológica pone en tela de juicio la idea tradicional del reparto de los beneficios y del crecimiento”.

La crisis, las políticas de rigor y las incontables promesas electorales jamás cumplidas por François Hollande acabaron por formar un nudo sin fin. El horizonte está habitado por un discurso único y, como lo expresa muy bien Daniel Cohn-Bendit, “la izquierda está desmoralizada”. Benoît Hamon, ministro de la Economía Solidaria y representante del ala de izquierda moderada del PS, alega que “no se puede vivir bajo esa tapa de plomo mantenida por la derecha alemana. El ritmo impuesto al mantenimiento de una consolidación presupuestaria que nos confina a la austeridad puede conducirnos a un camino sin salida”. Pero se vive así y en plena impotencia. Ninguna línea se mueve. Cecile Duflot, ministra de la Vivienda, asegura: “Debemos probar que la política actúa sobre la realidad”. Por ahora actúa sin mejorarla. O sólo se mejora en Alemania. La izquierda francesa terminó peleándose más consigo misma que con sus adversarios de la derecha. Entre las alas izquierdas del PS, de donde son oriundos varios ministros, el Frente de Izquierda de Jean-Luc Mélenchon, que se burla con una sorna violenta del gobierno, y el centroderecha, que controla las carteras esenciales del Ejecutivo, la polifonía es discordante. Y esa cacofonía es extensiva a otros actores políticos y económicos.

Hace unos días, el presidente de la Comisión Europea, José Miguel Barroso, el guardián de las políticas de reducción de déficit, dijo que la “austeridad había llegado a sus límites”. A principios de este año, Olivier Blanchard, el economista en jefe del Fondo Monetario Internacional, reconoció que todo había salido al revés de lo previsto: “en las economías desarrolladas, la fuerte consolidación fiscal –reducción de déficit– fue a la par de un crecimiento más débil de lo esperado”. Los resultados son catastróficos, pero nadie que esté en el poder se aleja de esa línea. Recién ahora, después de estar casi un año en el gobierno, el PS sacó su primera flecha: “Enfrentar democráticamente la derecha europea”. En parte, en mayo, François Hollande había sido electo con esa ilusión. Pero Angela Merkel manda siempre en el tablero europeo.

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