EL MUNDO › OPINION

El Uruguay que piensa Tabaré

 Por Mercedes López San Miguel

El giro de la política exterior del gobierno de Tabaré Vázquez con respecto a la de José Mujica va tomando consistencia. El distanciamiento con Venezuela, acompañado de un acercamiento a Estados Unidos y la idea de un regionalismo abierto en detrimento de la integración regional, marcan las primeras diferencias entre los liderazgos de la coalición de centroizquierda uruguaya Frente Amplio.

El canciller Rodolfo Nin Novoa, un centrista con origen en el Partido Nacional, dijo recientemente que sentía preocupación por la situación en las cárceles venezolanas tras leer el último informe de Amnistía Internacional en el que se denunciaron muertes de manifestantes por disparos de policías o grupos progubernamentales y torturas a detenidos. Nin Novoa señaló que Uruguay sentía una enorme preocupación, sobre todo “para un país que vivió las mismas condiciones que están viviendo parte de los venezolanos ahora hace más de treinta años, (cuando) tuvimos que salir al mundo a pedir ayuda”. De este modo, el ex vicepresidente del primer gobierno de Tabaré hizo alusión a las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura uruguaya, ejecutora de un plan sistemático de terrorismo de Estado, con secuestros, torturas y desapariciones, en coordinación con otras dictaduras del Cono Sur.

En 2010, cuando el Frente Amplio votó en el Congreso por una ley que en los hechos anulaba la ley de Caducidad o amnistía, el entonces senador Nin Novoa se opuso, aduciendo que la sociedad ya se había expresado en dos plebiscitos (en 1989 y 2009, que mantuvieron la impunidad). Sin pruritos, el actual canciller mostró disidencia sobre el compromiso alcanzado por la bancada oficialista en respuesta al reclamo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Las declaraciones del ministro de Exteriores previas a la realización de la última Cumbre de las Américas se sumaron a las del vicepresidente Raúl Sendic a principios de marzo, cuando dijo que “hay que estar atentos” a la situación de violencia que vive Venezuela. El hijo del emblemático fundador de Tupamaros indicó que si bien el gobierno venezolano habla “de injerencias externas, nosotros no tenemos elementos para acompañar esa afirmación”. El presidente Nicolás Maduro había denunciado un intento de golpe de sectores opositores venezolanos con el apoyo de Estados Unidos y había mostrado supuestas pruebas a los países de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), entre ellos, Uruguay.

Los dichos de Sendic casi coincidieron con el decreto de Obama del 9 de marzo que declaró a Caracas una “amenaza” para la seguridad nacional y sancionó a siete funcionarios de ese país.

La postura del gobierno de Tabaré más cercana a Washington no debiera sorprender a propios ni a extraños. En 2005, el gobierno uruguayo que él presidía coqueteó con un tratado de libre comercio con el país del norte, pero el asunto no prosperó por el revuelo que generó al interior del Frente Amplio y con los socios del Mercosur.

En el discurso oficial hoy han desaparecido algunos tópicos, señaló el semanario uruguayo Brecha. “Por ejemplo, la idea de Patria Grande, y la convicción de que el país integra un eje progresista junto a Bolivia, Venezuela, Ecuador, Brasil y Argentina”. O como dijo el ex canciller Almagro en marzo de 2014 en Venezuela: “La integración hace a la sustancia de lo que podemos ser como latinoamericanos o de lo que nunca seremos”.

En contraste, surge una nueva concepción de que para relacionarse con los países poderosos, especialmente Estados Unidos y Europa, no es necesario conversar bloque a bloque.

Actualmente, el pequeño Uruguay negocia su participación en el Tratado en Comercio de Servicios (TISA, por sus siglas en inglés), integrado por 24 países, incluido EE.UU., que promueve la liberalización del mercado de servicios, tales como la banca o el transporte. El pasado jueves, la central sindical PIT-CNT expresó su oposición y rechazo a la firma del acuerdo a través de un paro parcial.

A partir de todo esto, se podría pensar que la participación de Uruguay en política exterior tendrá un cariz más comercial y pragmático y menos latinoamericanista. Nada para extrañarse demasiado si proviene de un mandatario que llegó a pedirle a George W. Bush que estuviera atento a una eventual guerra con la Argentina producto del conflicto por la papelera sobre el río Uruguay.

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