EL MUNDO › MASIVA MANIFESTACION DE HEZBOLA EN LIBANO PARA ECHAR A SINIORA

Un millón de razones para renunciar

La convocatoria de la oposición prosiria y cristiana dejó groggy al primer ministro apoyado por Estados Unidos y Europa.

Casi un millón de personas pidieron ayer en Beirut la renuncia del primer ministro del Líbano, Fouad Siniora. La marcha fue convocada por la oposición encabezada por el partido chiíta Hezbolá y sectores cristianos pro sirios. Los manifestantes bloquearon las calles alrededor del Palacio de Gobierno, donde se encontraba Siniora junto a varios de sus ministros, e instalaron carpas blancas para pasar la noche en el lugar. A pesar de las presiones, el premier, que cuenta con el apoyo de Estados Unidos y la Unión Europea, ratificó su decisión de mantenerse al frente del gobierno.

“¡Siniora, vete, Siniora, vete!”, coreaba una enorme multitud que enarbolaba banderas libanesas. Los manifestantes se movilizaron a la plaza de Riad Al Solh, en el centro de Beirut, exhibiendo pancartas con las leyendas “Gobierno de unidad nacional, no al gobierno norteamericano”, “Por el Líbano”, “Queremos vivir, pero con honor”, entre otras. Las personas que acudieron a la marcha fueron 800.000, según la policía, y más de un millón, según los datos proporcionados por los dirigentes de Hezbolá, un número que representa cerca de un cuarto de la población libanesa.

“Siniora ha cometido muchos errores y su gobierno ha hecho de la corrupción un asunto cotidiano”, dijo el ex primer ministro y líder cristiano Michel Aoun ante los manifestantes. “No queremos controlar el poder, sino compartir el proceso de decisión. El primer ministro debe salir y dejar el puesto a otro sunnita, más experto que él, a la espera de un gobierno de unidad nacional”, agregó. Tras el discurso de Aoun, comenzaron a instalarse carpas blancas en al menos tres rutas principales en dirección al Grand Serail, la sede del gobierno, donde se atrincheraron miles de manifestantes. Aoun invitó a los manifestantes a permanecer por tiempo indeterminado en el lugar, hasta la renuncia del gabinete de Siniora. Según los corresponsales extranjeros, cerca de 50 mil personas permanecían anoche en la Plaza de los Mártires y una de las rutas continuaba cortada, pero se permitía el paso en los otros dos accesos.

A pesar de todo, Siniora se mostró firme ayer en su decisión de seguir al frente del gobierno en una conversación telefónica con el premier francés, Dominique De Villepin. “Siniora manifestó su determinación de continuar su acción pese a las presiones”, informaron fuentes del entorno del dirigente francés. El jefe druso y prominente líder antisirio Walid Jumblatt también criticó la protesta y pidió a los manifestantes que permanecieran en calma. “Esto es un intento de golpe de Estado, pero seguiremos firmes”, indicó.

La marcha había sido convocada el jueves por el líder de Hezbolá, Hassan Nasralá. “Llamamos a todos los libaneses, de todas las regiones y de todas las corrientes políticas, a participar en la manifestación popular, pacífica y civilizada del viernes”, aseguró Nasralá. La respuesta del gobierno no tardó. Llegó por la noche, a través de un mensaje televisado del premier Siniora. “El sistema democrático está en peligro en el Líbano. El gobierno protegerá la independencia con las armas. No hay manera de destituir al gobierno, excepto mediante el Parlamento: cualquier otra cosa no tiene legitimidad, es irrisorio, viola la Constitución y constituye un golpe. El gobierno no se dejará intimidar por maniobras y amenazas”, advirtió Siniora.

El enfrentamiento entre sectores pro y antisirios en el Líbano es cada vez más fuerte. El sector antisirio, en el poder desde las elecciones de mayo y junio de 2005, sospecha que Siria quiere restablecer su tutela sobre Líbano y en particular impedir el proyecto de crear un tribunal internacional para juzgar a los asesinos del ex primer ministro Rafik Hariri, fallecido en un atentado en Beirut el 14 de febrero de 2005. Responsables sirios y libaneses fueron acusados del atentado, pero Siria siempre negó su implicación.

Desde hace varias semanas, Hezbolá, apoyado por Siria e Irán, reclama un mayor espacio dentro del gobierno, del cual dimitieron cinco ministros chiítas y un sexto cristiano prosirio, acusando a la mayoría antisiria de acaparar el poder. Desde entonces, la legitimidad del gobierno ya no es reconocida ni por el jefe del Estado, Emile Lahud, ni por el presidente del Parlamento, Nabih Berri, ambos vinculados con Siria. Las tensiones entre ambos bandos se deterioraron aún más después del asesinato del ministro Pierre Gemayel la semana pasada, tras el cual los dirigentes de la mayoría vieron una vez más la mano de Siria.

El mayor temor es que es probable que el conflicto siga escalando. Muchos libaneses temen incluso que se llegue a una guerra civil. Funcionarios de diversos bancos informaron que muchos ciudadanos retiraron dinero en moneda local de sus cuentas y lo cambiaron por dólares. En tanto, ayer muchas escuelas y universidades permanecieron cerradas por temor a la violencia callejera.

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La multitud se congregó en el centro de Beirut, frente a la casa de gobierno.
 
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