EL MUNDO › ESCENARIO

El equilibrista

 Por Santiago O’Donnell

No es casualidad que el director de la agencia mundial de energía atómica no sea un científico, sino un diplomático de carrera. Más que un diplomático, el egipcio Mohammed El Baradei es un equilibrista que camina una cuerda floja mientras lo tironean de todos lados. En el 2005 sus habilidades y las de la agencia que dirige, la OIEA, fueron reconocidas con el Premio Nobel de la Paz. Ayer estuvo de visita en la Casa Rosada y contestó algunas preguntas de un grupo de periodistas en el Palacio San Martín.

El Baradei tiene dos clases de clientes. Por un lado, regímenes de mala reputación, más bien reacios a transparentar sus programas de desarrollo nuclear, como el Irak de Saddam Hussein y la Norcorea de Kim Jong Il. Por el otro, las potencias nucleares de Occidente con buena prensa que pagan su sueldo en la ONU y que no quieren extender la membresía del club.

Ultimamente, El Baradei se dedica a mediar en el conflicto entre Estados Unidos e Irán. La rutina es más o menos así: El Baradei prepara un informe diciendo que no encontró nada en Irán y que Irán colabora, pero hasta ahí. Estados Unidos se agarra del “hasta ahí” para acusar y sancionar a Irán. Cuando lo sancionan, Irán retacea colaboración. Cuando le levantan las sanciones o fracasan los intentos de Estados Unidos, Irán colabora un poco más pero nunca lo suficiente como para dejar completamente satisfecho a El Baradei. Entonces El Baradei escribe otro informe y la ronda empieza de nuevo.

Los norteamericanos dicen que están convencidos de que los iraníes están desarrollando en secreto una bomba atómica y que deben ser frenados a toda costa, sin descartar un ataque nuclear. Los iraníes dicen que están en todo su derecho de desarrollar energía nuclear con fines pacíficos, como hacen 30 países en el mundo y que es mentira que estén preparando una bomba.

¿Y qué dice El Baradei? Dice que no tiene ninguna evidencia de que Irán esté desarrollando una bomba y que hasta los informes reservados de la CIA estiman que, aunque quisiera, está muy lejos de lograrlo. Acto seguido, aclara que no puede estar ciento por ciento seguro. Pero no se queda ahí. El equilibrista se mueve rápido porque sabe que si se queda quieto le sacuden la cuerda y se cae.

A Irán le dice que está bien, que está mostrando progreso, pero que tiene que mostrar más porque hay un problema de confianza derivado del aislamiento de décadas que sucedió a la caída del sha y la crisis con los rehenes norteamericanos en 1979. Pero aclara que aunque el aislamiento empezó con el ayatolá, el problema de la desconfianza empezó en el ’53, cuando “la CIA derrocó al gobierno democrático en Irán”.

A Estados Unidos lo deja tranquilo –no menciona las palabras “Bush” ni “United States” en 30 minutos de conversación–, pero señala que a algunos países les molestan las críticas y la independencia de la agencia “porque somos servidores públicos internacionales y ellos nos pagan el sueldo”. También dice que lo peor que se puede hacer es atacar a Irán, porque si eso sucede seguramente empezará a desarrollar su bomba.

El diplomático egipcio es un pelado simpático que habla sin parar en un inglés con acento norteamericano, producto de su paso por la Universidad de Nueva York. Usa expresiones típicamente norteamericanas como “al final del día” en oraciones como “al final del día todos saben que somos objetivos y creíbles y nuestro poder está en eso”. Pero no se priva de tocar los puntos sensibles para Occidente: Irak, Afganistán, Medio Oriente. Es más: afirma que para solucionar el problema nuclear de Irán es imprescindible apagar esos incendios.

El Baradei parece entender que en todo divorcio el arreglo llega cuando pasa el enojo. “Yo puedo verificar lo que Irán hizo en el pasado y lo que hace en el presente, pero no puedo adivinar lo que va a hacer en el futuro. Por eso digo que se trata de un problema de confianza que se arregla a través de la negociación”.

La Cancillería argentina es muy elbaradeísta porque el egipcio le da margen para despegarse de las posturas más extremistas de Bush, sin sacar los pies del plato de la comunidad internacional, y manteniendo la presión sobre Irán, país que protege a sus funcionarios y ex funcionarios acusados por la Justicia argentina por el atentado a la AMIA. De paso cambian figuritas: Argentina vota los informes de El Baradei; el egipcio manda inspectores para controlar la construcción de Atucha II, que viene siendo muy criticada por los ecologistas.

Para moverse en la cuerda floja, nada mejor que subirse a babucha del mejor equilibrista del circo.

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