EL MUNDO › OPINIóN

Una victoria apenas relativa

 Por Eric Nepomuceno *

Alrededor de las ocho de la mañana de ayer, unos 2500 hombres de las fuerzas conjuntas (Ejército, Marina y Policía Militar) avanzaron hacia la parte más elevada del cerro del Alemán, el Complexo de más de diez favelas que se mezcla en la zona norte de Río y que era –y es– considerado el principal polo del narcotráfico de la ciudad. No encontraron resistencia. Desde las ocho de la noche del sábado, cuando se agotó el plazo dado por la policía para que los narcotraficantes se entregasen, lo que hubo fueron tiroteos esporádicos, que atravesaron la madrugada.

Las tropas invadieron el lugar sin enfrentamientos. No hubo siquiera señal de la tan temida batalla con los cerca de 800 hombres armados al mando de los cabecillas del narcotráfico pertrechados en la región. Luego de barrer cada casa, cada rincón, la Policía Militar descubrió drogas (fueron incautadas 40 toneladas de marihuana y al menos 300 kilos de cocaína), dinero (no se divulgaron cifras oficiales, pero los comentarios indicaban por lo menos un millón de dólares en moneda brasileña y norteamericana), artefactos bélicos (hubo la aprehensión de 200 kilos de munición pesada, incluso granadas), armas (inclusive ametralladoras antiaéreas, lanzacohetes capaces de tumbar tanques y helicópteros, un sinfín de fusiles de largo alcance). Hasta las diez de la noche seguían las detenciones. Fueron apresados tres o cuatro cabecillas conocidos, además de muchos criminales buscados desde hace tiempo por la policía. Y, a pesar de toda la tensión, el ambiente era de optimismo.

Hay que conocer un poco de la topografía de la región para tener idea de lo que se trata. Las favelas del Complexo del Alemán se extienden por cerros y bajadas de una zona miserable y de abandono, que abarca más de un millón de metros cuadrados y abriga a por lo menos 50 mil personas que viven en construcciones pequeñas, erguidas en callejuelas angostas, con trechos de no más de metro y medio de ancho, donde mal caben dos personas. Las viviendas y todo lo demás –templos de sectas evangélicas, peluqueros, carnicerías, electricistas, panaderías, boliches– se esparcen entre partes planas y pendientes elevadas, entre plazoletas y espacios razonablemente amplios.

Cada tanto hay casas grandes, algunas con aspectos de bonanza (parrilla en la azotea, por ejemplo, o garaje para coches). Pero la casi totalidad es de construcciones precarias, agobiantes, mal terminadas, donde se hacinan familias enteras en espacios mínimos.

Hasta hace pocos días, por todas partes deambulaban muchachos en shorts, chancletas y fusiles en la mano. La zona era territorio libre de los narcotraficantes que imponían ley y orden, del toque de queda a los tribunales sumarios. Esos soldados del crimen circulaban en motocicletas (casi todas robadas), en pareja, o caminaban a gusto imponiendo temor y respeto. Ahora desaparecieron todos.

No ha sido la primera vez que el Alemán es declarado “territorio reconquistado”. La imagen de soldados con la bandera nacional en el pico del cerro puede agradar a cierta prensa y a las clases medias que viven en barrios lejanos. En 2007, por ejemplo, se vio exactamente la misma escena, siendo que en lugar del Ejército y la Marina los victoriosos eran integrantes de la Policía Militar de Río. Se quedaron un tiempito, luego se fueron, y volvió la normalidad del horror y del abandono.

Es razonable entender que ahora no se lanzó una operación nocturna de invasión y control del Alemán por temor a causar una mortandad incalculable de moradores inocentes. Pero, ¿dónde fueron a parar los tan mencionados 800 “soldados del tráfico”? No más de 60 se rindieron o fueron detenidos. ¿Y los demás? Ayer se comentaba que estaban todavía ocultos en escondites subterráneos, en la red de desagüe o mezclados con los moradores. De los capos, ninguno fue detenido. ¿Cuándo y cómo escaparon? ¿Y hacia dónde, si el área estaba totalmente cercada?

El secretario de Seguridad Pública de Río, José María Beltrame, hizo un resumen sincero. Dijo que lo más importante ha sido la reconquista del territorio. Todo lo demás –armas, drogas, dinero– es fácil (para los narcos) de reponer, dijo. Importa ahora no dejar que retomen el territorio.

Hay, sin embargo, preguntas incómodas: ¿hasta cuándo la cuestión del tráfico y su control sobre cerros y favelas será tratada bajo la óptica bélica? ¿Cuándo, en fin, el Estado asumirá sus reales responsabilidades y se lanzará a una operación social, de rescate de la ciudadanía, más allá de acciones militares? ¿Cuándo se cortarán los lazos entre la policía corrupta y los bandos de narcos?

En Río, ayer, se ganó una batalla. Importante por cierto. Pero la guerra sigue. Y es larga, muy larga.

* Periodista y escritor.

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