EL PAíS › ANUNCIOS DE CRISTINA KIRCHNER PARA BAJAR LA DESOCUPACION Y LA POBREZA EN DOS AÑOS

Con el segundo centenario en el centro de un nuevo plan

La Presidenta anunció créditos accesibles del Nación a las pymes, explicó sus ideas económicas y las puso en el marco de un plan para tener un dígito de pobreza y 5 puntos de desocupación. Recompensas por los represores prófugos.

 Por Martín Piqué

La primera sorpresa llegó cuando el locutor anunció que la Presidenta hacía su ingreso al recinto de la Cámara de Diputados. Eran las 12.11 cuando Cristina Fernández apareció en el salón con presencia casi perfecta –sólo habían nueve bancas vacías–, esquivó algunos asientos del estrado y se detuvo frente a la silla principal, que suele usar el titular del cuerpo. Enfundada en un tailleur largo de color blanco, la Presidenta no estaba acompañada por su esposo. Como Néstor Kirchner no estaba en el espacio destinado a los ministros, todos esperaban que ingresara junto con la mandataria. Pero no. La segunda sorpresa en realidad fue a medias. La Presidenta no leyó su discurso, como ya había hecho en su asunción, pero tampoco se ayudó con un machete o un ayudamemoria. Durante una hora y cuarto expuso los lineamientos del “acuerdo del Bicentenario” –-un pacto sobre el modelo de país– que propuso para el resto de su mandato. Dijo que el objetivo primordial será bajar la pobreza a un dígito. Otra meta será llevar la desocupación al 5 por ciento. Hubo anuncios económicos, de infraestructura, planes en salud y educación, retos hacia la banca privada. Entre todo lo que dijo hubo espacio para otra sorpresa, que no pasó inadvertida para los opositores: no habló de la inflación ni del nuevo índice de precios al consumidor.

Cuando llegó el momento de hablar de la gestión de su marido, la Presidenta no se preocupó por la modestia. “Por primera vez en cien años tuvimos cinco de crecimiento económico ininterrumpido. Si la Argentina vuelve a crecer este año habremos completado en toda nuestra historia, desde 1810, el mayor período de crecimiento del país”, se jactó. Los elogios molestaron a la oposición, que los consideró desmedidos. Para el oficialismo fueron el detonante del primer aplauso de la jornada. El discurso siguió con una organización en cuatro capítulos: económico, infraestructura, conocimiento y salud, desarrollo social.

Para empezar su discurso, la Presidenta recordó cuál era el sentido de su presencia en el Congreso. “Vengo a dar cuenta del estado de la Nación”, dijo. En la política norteamericana uno de los rituales que se repite cada año es la visita del mandatario al Parlamento para hablar sobre “el estado de la Unión”. CFK usó las mismas palabras, siguió con un repaso de la historia económica del país. “La Argentina es una sociedad desequilibrada con fuertes crisis y con un pasado volátil. En los últimos 24 años tuvimos nueve recesiones. Uno de cada tres años fue de recesión”, dijo. En la primera fila del corralito reservado a ministros y jefes militares se lo veía a Martín Lousteau. En su libro coescrito con Javier González Fraga, Sin atajos, el ministro de Economía hizo el mismo diagnóstico. Ayer fue uno de los funcionarios más solicitados para los saludos.

Aunque la oradora no tenía apuntes, los item coincidían con los apartados de un libro celeste que había sido repartido a todos los legisladores. “En esos libros tienen el detalle pormenorizado de todo lo que es la inversión del Estado”, dijo la Presidenta. Rápido de reflejos, el ministro de Justicia, Aníbal Fernández, abrió el libro y lo empezó a ojear. Luego se sumó su par de Planificación, Julio De Vido, que parecía uno de esos viajeros de tren que espían el diario del pasajero más cercano. Ambos estaban debajo del palco reservado para la prensa. Antes de pasar a los anuncios, CFK definió cuál era el modelo que proponía como eje del Bicentenario. “Este es un modelo de acumulación con inclusión social. Con un fuerte sesgo exportador. Los pilares básicos del modelo son los superávit gemelos, el superávit fiscal y comercial”, aseguró.

Cuando la Presidenta hizo la primera crítica ya se habían escuchado varios aplausos (fueron 39 en total). Pero la bancada oficialista recién pareció soltarse cuando CFK cuestionó a los bancos privados. Era un estilo más parecido al Kirchner de los primeros tiempos, aquel que usaba el atril para cargar en público desde la cadena nacional. “Exhortamos a la banca privada, que tiene altísimos niveles de rentabilidad, a reorientar su línea de créditos no sólo al consumo sino también a la inversión productiva”, dijo. Uno de los más efusivos fue el diputado Carlos Kunkel.

Junto con la condena a la banca privada, CFK adelantó que en una semana el Banco Nación lanzará un plan de financiamiento para Pymes con tasas accesibles. Entonces aprovechó para mencionar a la titular del banco, Mercedes Marcó del Pont. “Hasta hace poco una legisladora como ustedes”, la definió. A lo largo de su discurso la Presidenta se encargó de resaltar a varios funcionarios. A algunos los citó con nombre y apellido: Marcó del Pont, Graciela Ocaña, Luis Barañao. Ocaña agradeció el comentario tocando en la espalda al jefe de Gabinete, Alberto Fernández.

Otro reproche pareció dirigido al socio mayor del Mercosur. Con mucha más cautela, CFK reconoció que la balanza comercial con Brasil tiene un déficit de 4300 millones de dólares. No fue la única mención a los brasileños. Al rechazar las advertencias sobre una posible crisis energética, criticó una polémica frase del presidente de Petrobras, José Gabrielli. El brasileño había dicho que su gobierno no podía ceder “ni una sola molécula de gas a la Argentina”. “Es un criterio poco feliz para la integración”, estimó. También hubo cuestionamientos para medios y periodistas argentinos. Siguió una ratificación de la alianza con Venezuela. “Es clave para cerrar la ecuación energética. No es una cuestión de simpatías personales o amiguismos políticos.”

Los legisladores del PRO, el ARI y los partidos provinciales escuchaban sin hacer gestos. Su descontento se expresaba con el silencio, en la falta de aplausos. Así fue cuando la Presidenta defendió el tren de alta velocidad y los acuerdos sectoriales de precios. “Siempre tendremos problemas por resolver, pero no podemos dejar de abordar la modernidad por problemas irresueltos”, dijo. Antes había comparado la polémica sobre el tema con la que enfrentó el PSOE español cuando decidió construir el AVE de Madrid a Sevilla. Al hablar de precios no mencionó el nuevo IPC: destacó la labor realizada para mantener precios accesibles para el mercado interno y otros para la exportación. “Los argentinos deben saber cómo son las cadenas de valor porque tienen derecho a la racionalidad de los precios y a saber lo que están pagando”, argumentó.

Una gran parte de su discurso se la dedicó a hablar de la educación, la salud y la Justicia. Como ya había hecho en la audiencia con la CTA, criticó a los gremios docentes por los paros realizados desde 2003. “No hay peor escuela pública que la escuela pública que está cerrada y no da clase.” Dijo que llegó el momento de discutir la calidad educativa. También prometió cambios en la educación superior. Para el final llegaron los anuncios de salud: un plan para atender cardiopatías congénitas en niños y otro de Sanidad Escolar. Estos proyectos, al igual que una exhortación a Inglaterra para que permita viajar a los familiares de los caídos en las Malvinas, recibieron aplausos de todas las bancas.

Tras comparar los delitos comunes con los de lesa humanidad, llegó la sorpresa final. “El Estado va a recompensar para lograr la captura de los represores prófugos. Hasta ahora la recompensa sólo se da en casos de narcotráfico o secuestro”, adelantó CFK. Hubo aplausos de ministros y legisladores, pero los jefes militares mantuvieron las manos bien quietas.

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Imagen: Gustavo Mujica
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