EL PAIS › RECREAR, EL PARTIDO DE LOPEZ MURPHY, EN ESTADO DE CONVULSION

Una interna bien rabiosa

Pese a la magra cosecha obtenida en octubre, en Recrear se abrió una interna furiosa para conseguir la conducción partidaria. El 6 de abril irán a las urnas dos listas, una a favor y otra en contra de la alianza con Macri.

 Por Werner Pertot

Sacaron el 1,4 por ciento en octubre. Pero la interna que mantendrán el 6 de abril tiene más lágrimas, sudor y sangre que la del PJ. El partido de Ricardo López Murphy se debate a los golpes (literalmente) entre un sector más cercano al macrismo, que encabeza el ministro de Desarrollo Social porteño Esteban Bullrich, y otro más ultra, que impulsan los legisladores Marcelo Meis y Carlos Araujo. El viernes pasado, sin ir más lejos, las dos caras del bulldoguismo ajustaron cuentas a trompada limpia en la sede de Recrear.

La escisión se formó no bien se indigestaron con el resultado de las elecciones presidenciales. Con López Murphy retirado a cuarteles de invierno (renunció a la presidencia del partido en la primera oportunidad que tuvo), sus seguidores se dividieron entre quienes culpan a Mauricio Macri por su “deslealtad” y su tibio apoyo y los que consideran que el único futuro de Recrear está bajo la sombra del Jefe. La pelea se mantuvo latente hasta que se acercó la fecha de las internas, que definirán quién ocupará la silla que dejó vacante López Murphy.

Curiosamente, en la competencia para quedar al frente de un partido un tanto alicaído, se presentaron dos listas que no cesaron de intercambiar reproches y denuncias en los últimos meses. Del costado PRO del bulldoguismo quedaron Bullrich, Martha Varela y el tucumano Carlos Walter. El primero se postula para presidente de Recrear, fue uno de los denunciantes del caso Skanska y acompañó en la fórmula a López Murphy. Del lado ultrabulldoguista, están la diputada Nora Ginzburg –quien abandonó airada el bloque de PRO– y los legisladores Meis y Araujo. Su lista la preside Castor López, a quien el Bulldog había presentado en su gabinete virtual como su ministro de Economía.

Los dos sectores empezaron a acercarse a un acuerdo en algunos distritos, pero en la Capital estalló un intercambio de golpes más que de ideas. Los buenos modales de la derecha republicana se perdieron el viernes pasado en Avenida de Mayo al 600 –donde está la sede partidaria– cuando faltaban escasos minutos para el cierre de las listas. Los simpatizantes de la corriente PRO trabaron los ascensores para que sus adversarios no pudieran llegar al noveno piso a inscribir su lista a tiempo. La picardía terminó con empujones y trompadas entre los ex correligionarios. Finalmente, algo magullados, se anotaron ambos contrincantes.

López Murphy les hizo saber que no estaba nada contento con ese papelón, más propio (¡el horror!) del peronismo. El Bulldog intenta ser prescindente y sólo dio una instrucción a los propios: “Que cada distrito tenga autonomía para decidir sus alianzas y no se ciña a PRO”. Desde el macrismo, la mirada alterna entre la pena y la chanza alegre: “Sobrevive la costumbre radical de la interna. No tiene sentido: se pelean por cuatro votos”, comentaba un macrista que los conoce bien.

La guerra interna continuó esta semana cuando Meis presentó una impugnación a la lista de Varela por “no haber completado todos los espacios” ante la Junta Electoral de Recrear. También amenaza con presentarse ante la Justicia electoral por “irregularidades en los padrones, donde sobran 1100 personas”. Ayer hubo una primera negociación entre ambos bandos: el ultrabulldoguismo reclamaba nueve congresales de los 14 que elegirán a las autoridades nacionales. Algunos aventuraban que habrá acuerdo. Lo seguro es que quien gane no sabrá qué hacer con tanto poder.

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López Murphy y el ministro porteño Esteban Bullrich, líder de la corriente pro Macri.
Imagen: Nancy Larios
 
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