ECONOMIA › AGREDEN A UNA FAMILIA SANTIAGUEÑA EN UN PIQUETE

Descontrol rural

Un piquete de productores y empleados de los campos más ricos de la zona de Quimilí atacó al chofer de un auto que viajaba con su familia. Vecino del lugar terminó en terapia intensiva.

 Por Alejandra Dandan

Andrés Torres frenó su coche ante un corte de ruta de productores agropecuarios de Quimilí, en Santiago del Estero. Pero nunca volvió a arrancarlo. Los productores se le cruzaron con cuatro camionetas 4x4 y unas cuarenta personas que bajaron enloquecidas hasta con palos. Andrés estaba con su mujer, sus dos hijos, su yerno y una nieta de siete meses camino a la terminal de ómnibus del pueblo. Le dieron una trompada en el maxilar que lo tumbó en el suelo. Quedó bañado en sangre e inconsciente. Luego de dos intentos de reanimación, lo llevaron al sanatorio Alberdi de la capital de la provincia, donde quedó internado en terapia intensiva y estado reservado.

“¡¡Mami, mami!!”, gritó su hija Andrea apenas pudo. “¡¡Papá está muerto!!” En segundos fue ella la que se tiró al piso para hacer los primeros intentos de reanimación y retenerlo.

La familia había salido el miércoles a las tres de la tarde de Banderas a Quimilí, a unos 170 kilómetros. Iban a la estación de ómnibus para recoger a los suegros de Andrés dispuestos a unas vacaciones. Hacía mucho tiempo les habían prometido un viaje a las cataratas y, como si fuera parte de un cuento, ahora acababan de sacar un crédito para pagarlo.

Se toparon con el primer corte de los muchos que poblaron las rutas en varias zonas del país, a las tres de la tarde. En la rotonda de entrada a Quimilí, sobre el cruce de la Ruta Nacional 89 y la ruta provincial 92 había un grupo de productores agropecuarios de la Sociedad Rural de Quimilí con su reclamo. Ante la evidencia, Andrés retrocedió tres kilómetros para buscar un camino vecinal alternativo. Cuando llegó, notó que el camino también estaba cortado.

Negociaron el pase con la única camioneta detenida, la 4x4 que lograron fotografiar (imagen que acompaña la nota). “¿Qué quieren?”, les dijo el hombre. “Que les ocurra lo mismo que está ocurriendo en Gancedo (Chaco) y recuerden que hay personas muertas.”

Esa persona llamó con su teléfono celular a alguien y así llegaron los refuerzos con camionetas y los matones que los terminaron rodeando.

“Bajaron cuarenta como un enjambre”, dice Norma, la mujer de Andrés, aún shockeada. “Uno bajó con un palo, eran jóvenes, bastantes corpulentos, no había niños ahí ni ancianos, iban de los 25 a 50 años, y les empezamos a hablar.”

Norma llevaba a su nieto en brazos y en el barullo se abrió paso para sumarse a la negociación.

“Escuchame, hermano –le dijo a uno–, dejame pasar, vengo de una zona de agricultores, sé lo que están ganando, nosotros no estamos en contra de eso, pero hace 16 años que quiero llevar a mis padres de vacaciones a las cataratas, vos podés irte cuando quieras con tu 4x4, la lancha y te vas, pero para no-sotros no es tan fácil.”

Probablemente ninguno de ellos lo sabía, pero los Torres tienen sangre de militantes. Andrés es el hermano de Cristina Torres, una de las ex detenidas políticas de Santiago del Estero y uno de los pilares del movimiento social que terminó con la larga dictadura de los Juárez. Ahora, ella es delegada provincial del Archivo Nacional de la Memoria del Ministerio de Justicia de Nación y, en este episodio, una de las portavoces.

La denuncia original por el caso quedó registrada en la comisaría de Quimilí y el Juzgado del Crimen de Tercera Nominación de Jorge del Valle Salmón, que hasta anoche no había ordenado ninguna detención. Según la información de la familia, entre los piqueteros agrarios había productores y empleados de los campos más ricos de la zona. Entre ellos el jefe de seguridad de uno de los campos. En Santiago del Estero esa combinación de matones en grandes extensiones de tierra no es desconocida, y es trágica. En los últimos años florecieron las llamados Guardias Blancas como organizaciones de tipo paramilitar de los dueños de medias y grandes extensiones pensadas para frenar la ocupación campesina. Lo que no se sabía, hasta ahora, es que la defensa también incluye caminos.

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Uno de los agresores, fotografiados por la familia de Andrés Torres.
 
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