EL PAIS › HUBO NUEVAS PROTESTAS EN LA ZONA NORTE DE LA CAPITAL QUE TERMINARON EN INCIDENTES

La segunda batalla de las cacerolas

La protesta en la ciudad de Buenos Aires estuvo encabezada por jóvenes, hijos de productores agropecuarios. En el centro se sumó un grupo de neonazis. Cerca de Plaza de Mayo hubo cruces y golpes con manifestantes kirchneristas.

 Por Emilio Ruchansky

Se juntaron ayer en Callao y Santa Fe y caminaron batiendo cacerolas en dirección a la Plaza de Mayo. En el trayecto recibieron el afecto de los vecinos de Recoleta, que tocaban bocina o salían al balcón para aplaudirlos. La mayoría eran jóvenes estudiantes, hijos de productores rurales, emocionados porque para algunos era su primera marcha. Cruzaron la 9 de Julio exultantes y avanzaron para conquistar la Plaza. Cuando estaban por llegar, se sumó un pequeño grupo de neonazis que dio la arenga final. “Argentina, Argentina, Argentina” cantaron todos juntos. Del otro lado, esperaban los piqueteros K que coreaban el contrapunto: “Oligarcas, oligarcas, oligarcas”. Hubo trompadas y los autoproclamados “defensores del campo” no pisaron la Plaza. Huyeron corriendo y se refugiaron en el Obelisco.

“Sabíamos que nos estaban esperando, pero no pensábamos que nos iban a negar el paso. ¡Esta plaza es del pueblo, no de estos piqueteros parias!”, gritaron los chicos que encabezaron la manifestación, en plena retirada. Muchos criticaron a la policías apostados en Diagonal Norte por no haber evitado la riña, los agentes contestaron con una sonrisa. En Plaza de Mayo, los integrantes de Movimientos Evita y algunos frentes barriales cantaban la marcha peronista. “¡Fue un operativo del Gobierno! ¡Nosotros no queríamos quilombo!”, insistían los jóvenes, que despidieron a sus rivales cantando: “Vinimos gratis, la puta que lo parió”.

“La convocatoria salió así, de la nada. Por mail, msn, fono y mensajitos”, contó excitado Miguel Caribe, un joven de boina y alpargatas que dijo que “no tiene campos” porque su papá acaba de venderlos. Pura, una anciana traspirada que caminaba a la par de los muchachos, aseguró que “el problema no es el desabastecimiento de carne, hay otras cosas para comer; acá nos quejamos del maltrato que la Presidenta le dio a la gente del campo, nada más”. Junto a Pura marchaban varias adolescentes con su uniforme escolar y un reclamo particular: salir en las fotos, pero no salir mal. “Mostrame, a ver. Bueno, sí. Esa foto zafa”, les indicaban a los fotógrafos.

Horas antes de que la gente se concentrará en Callao y Santa Fe, Página/12 recorrió el barrio de la Recoleta en busca de las pocas carnicerías que hay en la zona. Sobre Rodríguez Peña, a la altura de la calle Vicente López, el carnicero José Ernesto Menéndez minimizó la cuestión: “Carne hay, faltan los cortes más exquisitos nada más”. Claro que el hombre, viendo como venía la mano, congeló una buena cantidad de peceto y lomo como para mantener satisfecha a la clientela. “Hoy las tarjetas las hicieron de goma”, bromeó ante una señora que, tarjeta en mano, se llevó dos tiras de asado. La mujer le confió a este cronista que en el barrio hubo una especie de “corrida” en los supermercados. “La gente se llevaba todo lo que había, no sólo carne, como si se viniera una guerra”, comentó.

A las 20, en medio de las vinerías, las casas de antigüedades y los lujosos edificios de Recoleta comenzaron a sonar las bocinas y las cacerolas. Era el llamado a la manifestación. Los grupos disgregados –de Juncal y Uruguay, Callao y Quintana, Las Heras y Montevideo, Cabildo y Juramento– caminaron hasta el punto de encuentro y desfilaron juntos por la avenida Santa Fe. “Abran el diálogo”, pedía la bandera que encabezaba la marcha, que después del breve enfrentamiento, derivó en el Obelisco. Allí, sorpresivamente apareció Amancay Ardura, dirigente de la Corriente Clasista Combativa, para solidarizarse. “Estamos convocando a los cacerolazos para renovar la unión entre el piquete y la cacerola –comentó–, la Presidenta busca enfrentar ricos contra pobres. Pero la Sociedad Rural no está en los piquetes, ahí están los chacareros.” “¡Qué dejé el Calafate y venga a pisar la bosta. ¡Cristina es una oligarca!”, gritaban desde atrás.

Hernán, de 22 años y estudiante de ingeniería industrial, escuchaba al dirigente de la CCC con cara de confundido. “¿Estás de acuerdo con lo que dice?”, le preguntó este cronista. “Ahora no se de que lado estoy. Esta todo muy mezclado, pero en definitiva es todo política”, respondió despectivamente.

Más protestas en el interior

Ayer, en varios puntos del país continuaron las manifestaciones y cacerolazos a favor del campo. En La Pampa, cientos de personas realizaron por segundo día consecutivo una manifestación en la plaza San Martín, frente a la Municipalidad de Santa Rosa. Allí se mantuvieron varios cortes de rutas provinciales, el más importante sobre la ruta nacional 5. En Salta, unas trescientas personas hicieron un cacerolazo por las calles céntricas de la capital provincial. En Paraná, Entre Ríos, los productores marcharon en sus tractores para que el gobernador Sergio Urribarri adoptara una posición firme favor del sector. En la localidad bonaerense de Junín se llevó a cabo una protesta por el centro comercial de la ciudad.

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Los jóvenes, muchos hijos de productores, las chicas que querían salir en las fotos y los neonazis que se sumaron a la movilización.
 
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