EL PAIS › GELMAN Y EL REY EXALTARON LA VERDAD Y LA JUSTICIA

De Villa Crespo a Alcalá

Juan Gelman recibió ayer el Premio Cervantes de manos del Rey de España. Ambos exaltaron en sus discursos la lucha por los derechos humanos, la verdad y la justicia. La mujer y los nietos de Gelman escucharon con los ojos húmedos de ternura. Una ovación de tres minutos e inusual intensidad respondió a sus palabras. Luego se inauguró en la Universidad de Alcalá de Henares una hermosa exposición en su homenaje.

 Por Horacio Verbitsky

Desde Madrid

El poeta argentino Juan Gelman y el Rey de España Juan Carlos de Borbón exaltaron la lucha por los derechos humanos, la verdad y la justicia, durante la ceremonia de entrega del Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, que un jurado internacional otorgó al autor de Mundar. El premio fue entregado por el monarca ante la mirada complacida del recién reelecto presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, la ciudad en la que nació el autor de Don Quijote hace 461 años.

Gelman pronunció su discurso de aceptación (ver aparte) desde un púlpito tallado con una policromía de verdes, rojos y dorados, bajo el artesonado morisco del paraninfo, construido en el siglo XVI. Al pie del púlpito lo custodiaban dos alabarderos de la Casa Real, ataviados con sus vestimentas medievales. Cuando el pibe de Villa Crespo, enfundado en un frac con la elegancia de quien lo usó toda la vida y que motivó admirativas observaciones femeninas, leyó sus conmovedoras palabras sobre el exilio, los desaparecidos por la dictadura militar argentina y el consuelo que encontró en Cervantes y en la poesía, desde un palco lateral lo observaban con los ojos húmedos su compañera de la vida, Mara La Madrid, y lo que Juan y Mara llaman “La nietada”. Este colectivo inseparable incluye a una hija y dos nietos de Mara (Paola, Andrea e Iván) y a dos nietos de Gelman, Jorge y Macarena.

En la primera fila estaban sentados dos de los miembros del jurado, el poeta español Antonio Gamoneda, premiado en la edición anterior del Cervantes, y el novelista argentino Martín Caparrós. Entre los invitados personales de Gelman estaba el artista Hermenegildo Sábat, quien pintó el retrato del poeta que será colocado en la galería de los autores que recibieron el premio Cervantes; el cineasta Jorge Denti, quien acaba de filmar un documental sobre la vida y la obra de Gelman; el bandoneonista Rodolfo Mederos; el rector de la Universidad Nacional de San Martín, Carlos Ruta; Silvia Vesco de Gorriarena, la viuda del pintor Carlos Gorriarena, amigo de Gelman desde la juventud hasta su muerte, en enero del año pasado; la médica y escritora Mónica Muller; el periodista Juan Carlos Algañaraz, quien trabajó con Gelman en el diario La Opinión en 1971 y ahora es corresponsal de Clarín en España, y el poeta mexicano Eduardo Hurtado. También asistieron el embajador argentino, Carlos Bettini, y su madre, Marta Francese de Bettini. Un hermano del embajador fue asesinado en un presunto enfrentamiento en noviembre de 1976. Poco después fueron secuestrados y nunca se supo de ellos su padre, el fiscal Antonio Bettini; su cuñado, el oficial de la Armada Jorge Devoto, y su abuela, de 77 años, Mercedes Hourquebie de Francese, Memé.

Conversación en el jardín

Al término de la ceremonia, la reina Sofía estuvo charlando en los jardines de la universidad con Macarena, hoy de 31 años, que nació en cautiverio en el Uruguay y fue entregada a un comisario policial por los mismos militares y policías que luego de su nacimiento asesinaron a su madre, María Claudia Irureta Goyena. Bajo la sombra de un árbol Sofía le pidió que le hablara de su vida y de la tarea que realizaron sus abuelos Juan y Mara para localizarla, hace nueve años, y permitirle que conociera su identidad y recuperara su apellido. Macarena accedió al pedido, con su bello rostro encendido por la emoción. La Reina también quiso conocer a Andrea, la nieta adolescente que no quiere soltarse de la mano de su abuelo, con quien parecen dos enamorados. Hace dos años, cuando Gelman recibió el premio Reina Sofía de poesía Iberoamericana, Andrea le mandó decir con Mara que ella era una princesa. “Quiero conocer a esa princesa”, reclamó la Reina. La nietada había recibido el encargo de guardar la caja de fulgurante cuero rojo de la que el Rey extrajo la medalla con la que condecoró a Gelman, y que no cabía en ninguna cartera. Como parte de la farra, los chicos la llamaban “El portacervantes”.

Mudos testigos

Las paredes del paraninfo lucían en letras doradas los nombres de alumnos ilustres de la Universidad de Alcalá. Estos fueron los mudos testigos del homenaje al gran poeta argentino: el historiador, arqueólogo y lingüista Ambrosio de Morales, que sólo escribía luego de investigar los hechos en los lugares donde habían sucedido; el historiador jesuita Juan de Mariana, autor de la doctrina del tiranicidio que justificó el magnicidio si un monarca imponía impuestos a los ciudadanos sin su consentimiento, les expropiaba su propiedad o impedía la reunión de un parlamento democrático; el médico y escritor renacentista Francisco Vallés de Covarrubias, el primero que enseñó anatomía con cadáveres humanos; el humanista y gramático Antonio de Nebrija; los escritores Lope de Vega y Francisco de Quevedo; el responsable de la primera edición políglota de la Biblia, en ocho volúmenes publicados en 1572, Benito Arias Montano; el clérigo Juan de Avila, procesado por la Inquisición a mediados del siglo XVI por llamar mártires a los quemados por herejes y sostener que las puertas del cielo estaban cerradas para los ricos; el teólogo Bartolomé de Carranza, quien también fue denunciado al Santo Oficio por postular limitaciones al poder papal; el filósofo Juan de Vergara, procesado por la Inquisición debido a su correspondencia con Erasmo; el místico agustino Santo Tomás de Villanueva, que agotó su fortuna y vendió hasta el jergón en que dormía para ayudar a los pobres; el dominico Domingo de Soto, profesor de teología y de economía, que desarrolló la teoría sobre la usura desde una perspectiva tomista, en la que el diferencial de precios se asimilaba al precio justo; el secretario de Estado de Felipe II, Antonio Pérez, el mayor coleccionista privado de arte de su tiempo; el filósofo y político de la Ilustración Gaspar Melchor de Jovellanos; pero también el fundador de la Compañía de Jesús, Ignacio de Loyola; el teólogo dominico Juan Ginés de Sepúlveda, defensor de la esclavitud de los americanos en el debate con Bartolomé de las Casas y el historiador Francisco López de Gomara, quien exaltó sin mucho apego por la verdad de los hechos la conquista de México por Hernán Cortés. Debajo de cada uno de esos nombres ilustres pendían blasones de la casa real, salvo dos que correspondían a la Universidad de Alcalá.

Los colores del saber

A la izquierda del Rey se sentaron los decanos y vicedecanos de las distintas facultades de Alcalá, todos con sus togas negras, pero cada uno con una museta de distinto color, según la respectiva especialidad: azul los de ciencias, rojo los de derecho, celeste los de humanidades, marrón los de ingeniería, naranja los de ciencias económicas y amarillo los de medicina. Los decanos tenían además birretes del mismo color que su museta. El discurso de Gelman fue saludado por una ovación que sorprendió a los habituados a estas ceremonias, por su intensidad y duración. La audiencia se peló las manos aplaudiendo durante no menos de tres minutos. Terminados los mensajes, una solista y un coro entonaron el himno universitario Gaudeamus Igitur también llamado De brevitate vitae. Su letra, que suele considerarse originaria del siglo XIII, comienza:

Alegrémonos pues,
mientras seamos jóvenes.
Tras la divertida juventud,
tras la incómoda vejez,
nos recibirá la tierra.

Sin inmutarse por estos versos cantados en latín, Gelman, quien dentro de diez días cumplirá 78 años, cuando esté en vuelo desde Madrid a México, y se propone vivir por lo menos 100, inauguró después una muestra en su homenaje organizada por la Universidad de Alcalá, titulada “El emperrado corazón amora”. Incluye una selección de los últimos cuadros que pintó Gorriarena, cada uno acompañado por un poema de Juan; la proyección de la película de Jorge Denti; una biografía literaria de Gelman compuesta sobre el diseño de las tres constelaciones de Centauro y la Cruz del Sur, con fotografías de los autores que ama, entre ellos Shakespeare y Cervantes, los desaparecidos por la dictadura Rodolfo Walsh, Paco Urondo, Haroldo Conti y Miguel Angel Bustos, Cortázar, Marechal, Pound, Pavese, Homero Manzi, Marcelo Ravoni, Baudelaire y Van Gogh; una caricatura de Rep y otra de Sábat, en la que Cervantes acaricia las alas de Gelman; las tapas en facsímil de las primeras ediciones de cada libro de Gelman, desde Violín y otras cuestiones, de 1956, hasta Mundar, de 2007; un capítulo sobre la obra periodística de Gelman, que incluye facsímiles de las tapas de las revistas Crisis, Panorama, el suplemento cultural del diario La Opinión, la tapa del diario Noticias que con la mera palabra “Dolor” anunció la muerte de Perón; la tapa del primer número de Página/12 y la nota que Juan escribió en esa edición sobre el juicio en Francia a Klaus Barbie.

El emperrado corazón

También se exhiben varios poemas de Juan, entre ellos el manuscrito “Sí”, que dice:

“celebrando su máquina
el emperrado corazón amora
como si no le dieran de través
de atrás alante en su porfía
alante de ala de volar
que no otra cosa intenta
molestándole piedras
como especie de pies
pies que piesan en vez de alar o cómo
sería el mundo el buey lo que se hija
si no nos devoráramos
si amorásemos mucho
si fuéramos o fuésemos
como rostros humanos
empezando de a dos
completos en el resto”.

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El premio fue entregado por el Rey, bajo la complacida mirada de Rodríguez Zapatero, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares.
 
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