EL PAIS › HILDA DEL VALLE FIGUEROA, SOBREVIVIENTE DE LA NOCHE DEL APAGON

“Me pidieron que perdonara”

Tenía 19 años cuando una patota del Ejército, la policía y Gendarmería la detuvo en el pueblo a oscuras, dominio del ingenio Ledesma. Simularon fusilarla, la torturaron, la violaron durante el año y medio que la mantuvieron detenida.

 Por Adrián Pérez

Entre el 20 y el 27 de julio de 1976, las noches fueron aún más noches en el departamento de Ledesma, al sur de la provincia de Jujuy. Un corte de energía eléctrica, que sembró oscuridad y terror en Calilegua y Libertador General San Martín, fue aprovechado por fuerzas conjuntas de la policía provincial, Gendarmería y el Ejército para secuestrar a 250 personas aproximadamente. A 34 años de esos hechos, Página/12 conversó con Hilda del Valle Figueroa, sobreviviente de La Noche del Apagón. Tenía 19 años y salía de la quinta cirugía reparadora en su pierna izquierda (padeció poliomielitis a los 3 años), cuando fue secuestrada por las fuerzas represivas. La noche del 20 de julio, ella y su hermana menor regresaban de despedir a su madre cuando se toparon con un panorama atípico en la entrada al pueblo. Cada tres metros, y durante todo el camino, “había soldados apostados a ambos lados de la calle que sacaban a la gente semidesnuda de sus casas”, recuerda la mujer.

“Primero me llevaron a la comisaría del pueblo y hablaban en códigos militares –recuerda la mujer–. Me pegaron en el pecho un cartón con el número 85.” Después la subieron en andas y la tiraron a un camión, sobre otras personas. “Entre las tonadas correntinas, porteñas, jujeñas y cordobesas, una voz nos pedía que no gritáramos ni habláramos”, identifica. En la madrugada del 21 de julio, el camión la trasladó junto a otros detenidos rumbo a la sede que Gendarmería tenía a pocos metros del Ingenio Ledesma, donde permaneció detenida hasta las 4 de la mañana. “Al llegar escuchamos mucho bullicio, como si estuvieran festejando algo”, afirma.

Más tarde serían llevados hasta el centro clandestino de detención de Guerrero. Llegaron a las 8.45, aproximadamente, y permanecieron secuestrados y tabicados en todo momento. Por una invitación de las monjas del hospital donde estuvo internada; Hilda había estado en ese mismo lugar a los 15 años, junto a su hermana, durante un retiro espiritual. En aquel entonces, funcionaba como una hostería del Obispado de Jujuy. “Los compañeros eran torturados muy cerca del hogar a leña donde recibíamos la misa”, señala.

Con 17 años abandonó su pueblo junto a otros compañeros de la secundaria, para estudiar abogacía en Tucumán. Pero con el golpe de Estado consumado, su madre decidió que regresara a Calilegua. “Muchos de mis compañeros en la Escuela Normal de Libertador que fueron a estudiar conmigo a Tucumán están desaparecidos”, recuerda la mujer y admite que reconoció sus voces durante las torturas en Guerrero. Un novio que había tenido años atrás estaba entre esas voces. “Lo sentí morir durante una sesión de tortura. Mientras lo picaneaban y era interrogado –rememora Hilda–, él pedía por la Virgen. Escuché que la misma voz que lo insultaba, en un momento dijo: ‘Se nos fue’. Fue ahí cuando dejé de escucharlo.” Rubén Canceco continúa desaparecido.

Hilda estuvo detenida en Guerrero entre el 21 de julio y el 2 de agosto de 1976, cuando fue trasladada junto a 20 personas al penal para varones de Gorriti. Allí la ubicaron en el Pabellón 4 de máxima seguridad, destinado a las presas consideradas “subversivas” (donde se encontró con una profesora de Psicología que estaba junto a su madre y su hijo nacido en cautiverio), donde permaneció a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN), hasta que en octubre de 1976 se produce un traslado masivo de presas a la cárcel de Devoto. “Quedamos cuatro mujeres en el pabellón.” El 26 de noviembre de 1976 fue desafectada del PEN. “Desde el 2 de agosto, y hasta la fecha de mi liberación, miembros del Ejército me sacaron en cuatro oportunidades ‘en comisión’, con golpes y torturas constantes y un simulacro de fusilamiento en el camino de cornisa que comunica Salta con Jujuy”, comenta.

Durante esas comisiones, la mujer reconocería a uno de sus captores, el capitán Jones Tamayo, “mano derecha del coronel Carlos Néstor Bulacios”, jefe del Regimiento de Infantería de Montaña Nº 20. “Ese hombre me dijo que estaba a cargo de mi caso, que en base a la investigación que habían hecho era inocente –apunta y agrega un dato más–. Me pidieron que hiciera como Cristo, que pusiera la otra mejilla y sepa perdonar.” Tanto en los días que estuvo detenida en Guerrero como durante su estancia en Gorriti, además de ser torturada, Hilda fue violada en reiteradas ocasiones. “Supe que era el día de la Gendarmería porque se hicieron una fiesta conmigo”, afirma. Hilda recuperó su libertad el 11 de enero de 1977.

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Todos los años, los organismos de derechos humanos recuerdan los más de 250 secuestros de esa noche.
 
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