EL PAíS › DESPIDIERON EN CHACO LOS RESTOS DE LUIS DíAZ

“Lucho”, de regreso con su gente

 Por Gonzalo Torres

Con la sala de audiencias del Tribunal Oral Federal de Resistencia a pleno, se entregaron en un sencillo acto los restos del mercedeño Luis “Lucho” Díaz a su familia y amigos. Lucho fue un militante de la Juventud Peronista y gremialista del sindicato de Judiciales de Resistencia y es uno de los asesinados en la Masacre de Margarita Belén.

En la sala de audiencias del TOF no cabía un alfiler. Toda la familia de Lucho, desperdigada por Mercedes, Corrientes Capital, Posadas, San Vicente (Misiones) colmó el pullman frente al estrado del tribunal. Amigos de la infancia y la secundaria, compañeros de trabajo, ex detenidos políticos y muchos más, en un clima de emoción y esperanzada alegría por este reencuentro de Lucho con los suyos y por la expectativa del juicio y castigo para sus asesinos.

El Tribunal integrado por Gladis Yunes, Eduardo Belforte y Luis González leyó el acta que formalizó la entrega de los restos óseos, efectivizada por Miguel Nieva, del Equipo de Antropología Forense, a la viuda y al hijo: Norma Cajal y Martín Díaz. No bien terminó la lectura del acta, la jueza Yunes, con una aspereza que no le es habitual, pidió a los presentes evitar cualquier manifestación al efecto. Hubo un momento de incomodidad para todos, pero Alvaro Piérola puso las cosas en su lugar: “¡Un aplauso para Lucho!”, reclamó, en el exacto momento en que el tribunal abandonaba la sala, con un fondo cerrado de aplausos.

Lucho fue velado durante toda la siesta en la casa de sepelios Edymar. Por la tarde, en un breve acto frente a la Casa por la Memoria, amigos y compañeros de militancia lo recordaron con anécdotas, cantos el chamamé “Adiós Ciudad de Mercedes”. Después, la comitiva partió hacia el cementerio San Francisco Solano para la inhumación de sus restos.

Colmada de los cariños y afectos de Lucho, la Casa por la Memoria fue sede de la previa: a media mañana, Norma y Martín, junto con Dafne Zamudio, hija de Carlos, asesinado en la Masacre, y amigo de Lucho y Miguel Nieva, del EAAF, dieron una charla homenaje. Norma remarcó “la dura lucha y el largo camino, el tortuoso camino recorrido por la verdad, ahora estamos en el camino por la justicia, no olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos”. “Quién habrá sido el responsable del cementerio que permitió que se entierren restos sin haber sido identificados... Seguiremos en la búsqueda de justicia hasta el último día de nuestras vidas.”

Cerró Dafne Zamudio, que leyó un escrito que resumió el sentir de todos: “Lucho para nosotros siempre fue el amigo de papá (...) que estén juntos en el final fue siempre un consuelo, saber que no estuvieron solos, creer que en aquellas últimas horas podían mirarse y darse fuerzas aun siendo conscientes del destino programado por los verdugos (...) Tanto Lucho como los demás compañeros muertos ganaron una batalla más, porque los asesinos trataron de ocultarlos y borrar las pruebas de lo que habían hecho, pero hasta allí resistieron y conservaron en ellos mismos la condena de estos cobardes”.

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