EL PAíS › EL TESTIMONIO DE DOS VíCTIMAS

Recusación pendiente

El Tribunal Oral Federal Nº1 de Córdoba, que juzga delitos de lesa humanidad en la Unidad Penitenciaria 1, resolverá el martes el pedido de recusación contra el juez José María Pérez Villalobo que presentó el mayor retirado Gustavo Adolfo Alsina, uno de los más crueles torturadores del III Cuerpo de Ejército y uno de los impulsores de la rebelión de Semana Santa en 1987. Gracias a la maniobra del militar, sólo dos jueces escucharon ayer a dos ex presos políticos que declararon como testigos.

Alsina alegó que Pérez Villalobo no garantiza imparcialidad porque habría jurado “por los héroes de Trelew” y porque el 24 de marzo fue visto con su familia frente al Archivo de la Memoria de Córdoba, que funciona en la ex sede del Departamento de Informaciones (D2) de la policía. Gran parte de audiencia de ayer se consumió con un debate sobre la incorporación de un video recibido en forma anónima y ofrecido como prueba por el Ministerio Público. Jaime Díaz Gavier, Carlos Lascano y el ex camarista Abel Sánchez Torres, designado para intervenir en la recusación, rechazaron la incorporación de la prueba.

El primer testigo fue Fernando Reatti, radicado en Estados Unidos. Declaró en la causa Gontero, que investiga secuestros y torturas de cinco policías. Relató que fue secuestrado con sus padres y un hermano el 2 de septiembre de 1976, y trasladado al D2. “Mis padres fueron liberados a los cuatro días y mi hermano estuvo ocho días, como yo”, dijo. “Me mostraron fotografías para ver si reconocía gente. En las últimas páginas había fotos de mis padres”, agregó. Recordó a un hombre de civil con una cruz esvástica en un brazalete. Su madre nunca olvidó al comisario Carlos Yanicelli. “Le decía que era una judía de mierda, que se hacía la mujer decente y que la iban a hacer jabón”, contó.

El escritor y periodista Rafael Flores, radicado en España, detalló las torturas en el D2 y luego en la UP1. Contó que Pedro Mones Ruiz ordenó que les quitaran todos los libros y taparan las ventanas. El general Juan Sasiaíñ admitió ante su madre que no existía acusación contra él, pero le explicó que “es un ideólogo, más peligroso que un guerrillero. Son avivagiles (sic), por eso no va a salir en mucho tiempo. Olvídese”, le aconsejó.

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