EL PAíS › LA MULTITUD QUE ACOMPAñó A LA PRESIDENTA EN LA PLAZA DEL CONGRESO Y EN LA PLAZA DE MAYO

Al calor de las masas

CFK se bajó del auto para bailar al ritmo de una batucada y saludar a la reina del Carnaval de Gualeguaychú. La gente que la esperaba se agolpó contra las vallas para verla pasar y saludarla o sacarle fotos. Los jóvenes la siguieron a la carrera.

 Por Werner Pertot

Tres columnas de humo espesas envolvieron la Casa Rosada: una era blanca, otra amarilla y la tercera, celeste. Dos camiones lanzaron agua sobre la multitud acalorada, que rugió cuando la vio venir. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner había recorrido ya el camino que va de Plaza de Mayo al Congreso, y de vuelta. En la Avenida de Mayo paró tres veces para bailar al ritmo de una batucada, para saludar a una reina del Carnaval de Gualeguaychú o de los carnavales de los pueblos originarios. Los jóvenes la siguieron a la carrera; la gran mayoría se agolpó contra las vallas para verla pasar y saludarla, cantarle o sacarle fotos. Hubo agrupaciones juveniles, sindicales, aliados y también gente que fue por la suya.

Eran las 10.30 y ya los bombos se escuchaban. En grupitos o solos, los manifestantes se acercaban. Los jóvenes eran mayoría. Frente al Congreso, sonaba Luca Prodan con un “comme on, Baby, light my fire”, a tono con el calor que ya empezaba a golpear. Los jóvenes de La Cámpora, ubicados frente a las escalinatas, se bañaban con botellas. De anteojos oscuros y con su pequeño hijo sobre los hombros, Juan Cabandié soportaba el sol. Sobre la 9 de Julio, otro grupo de chicos eligió tirarse en la fuente para refrescarse. Allí cerca había un camión cisterna de AySA con agua potable.

La llegada

Sobre el cielo de la Plaza del Congreso se ven inflables del Frente para la Victoria, Suterh, SOMU. Carlos cruza por debajo de uno de ellos fumando un pucho y con una remera que dice: “Asignación Universal es justicia”. Morocho, con sombra de barba, cuenta que milita en una Unidad Básica de San Antonio de Areco. “Queremos llevar el modelo a Areco, que por 12 años fue gobernado por gorilas”, se sonríe. Por la misma vereda, pasa Patricia que lleva sobre su cabeza un muñeco que atrae las miradas: es una pingüina con lápiz de labios y un moño. Es historiadora, milita en la Red de Mujeres con Cristina de Rosario. Viajó por separado de sus hijos, que militan también en el kirchnerismo. Ella, en los ochenta, estaba en el PI, no volvió a militar hasta 2007. “Es un momento luminoso de nuestra historia. En el 2001, después del neoliberalismo, no soñábamos esto.”

Contra la valla de Avenida de Mayo –que delimitaba el recorrido de la Presidenta–, ondean banderas de todos los colores: violetas del Movimiento Evita, rojinegras de la Fede, celestes y verdes de Nuevo Encuentro, blancas de la Tupac Amaru, verdes de Kolina. Bajo una que dice “Alicia K - Tigre”, Juan se asoma a ver si ve venir el auto. Tiene 32 años, es albañil y forma parte de una cooperativa en Pacheco. “La armamos hace dos años, gracias a la Presidenta”, dice. “Estamos en Kolina, con Alicia, que es la que nos pasa el material, la que nos está aguantando. Le venimos a hacer el aguante a la mina. Venir o no sale de cada uno. Es como un festejo”, afirma Juan, mientras se acomoda la bandera sobre su brazo lleno de tatuajes. El albañil asegura que la AUH generó cambios en su barrio: “Se ve en los negocios: la gente está más tranquila con la plata. Mi viejo, por ejemplo, no tenía laburo: ahora se levanta por algo”.

Sobre la misma valla, un grupo de mujeres toma mate y discute junto a una bandera de “Autoconvocados 6,7,8 Flores”.

–Casi siempre vamos a Carta Abierta –dice Estela.

–Vemos 6,7,8, Duro de Domar, la radio pública... Bah, somos de la secta –se suma Gabriela.

–Somos gente objetiva, ¿viste? –se ríe Virginia.

–Universitarias de los setenta, con eso te digo todo.

–Volvimos a la calle con Néstor.

–Me puse más fuerte con la 125. Ahí era resistir o irte como hizo Solá.

La conversación se interrumpe abruptamente. “¡Ahí viene! ¡Ahí viene!”, grita una. Todas se abalanzan sobre las vallas. Pasa el auto de CFK, escoltado por la comitiva oficial (a la ida, iba rápido). Una de las mujeres le muestra un cartel que dice: “Nos hicimos los rulos”. “¡La vi! Iba adelante a la derecha”, comenta una de las seisieteochistas.

La espera

Después de que CFK entra en el Congreso empiezan los cantitos alusivos al ex vicepresidente Julio Cobos. El de siempre y una variación: “Hoy se va Cobos, la puta que lo parió”. La multitud aplaude cuando se escucha por alguno de los parlantes que CFK dice: “...y él me lo demande”. Los de La Cámpora hacen un largo “uuuuuuh” cuando oyen el “ni Cobos hace eso”. Mientras tanto, una mujer conversa con un granadero, que intenta calmar a su caballo, que se inquieta ante cada bomba de estruendo. Una monja, con hábito y cruz, está sentada sobre una esquina. Aclara que no está allí por la Presidenta. “Sentí calor y me senté”, dice. Un cuarentón vende banderas argentinas a 20 pesos. “Se venden bien”, comenta a este diario.

Daniel lo ve pasar con su esposa y su nieta, Ailín. Pero no le compra: tiene en la espalda, como capa, una bandera roja con la imagen del Che. “Es un hecho histórico –indica– si bien nosotros somos socialistas.”

–¿De Binner?

–No, ese gorila no. Socialistas de los barbudos de Fidel.

“En los años de democracia, este gobierno es lo mejor que tuvimos”, comenta Liliana, su esposa, pelirroja y con rulos. “El capitalismo de Estado es un paso previo al socialismo –opina Daniel–. Apoyo la gestión, pero también tengo mis discrepancias con la burocracia de la CGT.”

No tuvo mucha oportunidad para cruzarse con ellos. Estuvieron las columnas de UPCN y de la Uocra, pero no se vieron banderas ni de Camioneros, ni de Metalúrgicos, por nombrar dos gremios mayoritarios. Sí estaban todas las juventudes kirchneristas, desde la agrupación Martín Fierro, hasta el Movimiento Evita y La Cámpora, que cantaban: “Ya se acerca Navidaaaaad, para todos los gorilas, el gobierno popular”.

Algunos vinieron de lejos: Alfredo es de La Cámpora de Tucumán. Milita en Acheral. “Ahí trabajamos en los barrios, tratamos de resolver las necesidades de los chicos”, plantea. Tuvo un viaje largo, al igual que Claudia, del Movimiento Evita de Santiago del Estero, la tierra del campesino asesinado Cristian Ferreyra. “En Santiago somos muchos, sobre todo en el interior”, cuenta ella, en el momento en que CFK termina de hablar. Se escucha de fondo un cantito: “Perón, Perón, qué grande sos”.

A Plaza de Mayo

Con antelación, la mayoría se acerca a las vallas. El auto de la Presidenta sale del Congreso; esta vez va a paso de hombre. Una nube de papelitos celestes y blancos bañan a la comitiva cuando sale de Plaza del Congreso. Ella se asoma por la ventana y saluda. Por momentos, saca medio cuerpo. Una oleada de cantos y aplausos la sigue. Algunos optan por sacarle fotos. Una manifestante logra pasar la valla y estira su brazo para tocarla, mientras la seguridad presidencial la ataja. “¡Acá tenés los pibes para la liberación!”, le cantan los jóvenes K. Una batucada la recibe sobre un escenario en 9 de Julio. CFK se baja, envuelta en papelitos de colores y baila unos minutos al ritmo de la música. La carrera continúa y muchos la siguen corriendo, esquivando obstáculos. En el periplo, evitan la placa de Gastón Rivas, uno de los fusilados el 20 de diciembre de 2001. Para un niño, es un juego: “Cristinaaaaaaa”, grita mientras persigue el auto, al costado de la valla tapizada de personas que se cuelgan, que saltan o gritan. “Fuerza, hermosa”, le dice uno.

Otro escenario y otro grupo musical la espera a la altura de Piedras. Esta vez, es un corso de Gualeguaychú. CFK se baja nuevamente y toma de ambas manos a la reina del Carnaval. Un hombre con sombrero de chef y vestido de trabajo se aproxima a la valla (¿salió de uno de los restaurantes?). Sigue el maratón. En Florida, otra parada: hay diablos y gauchos, con banderas de los pueblos originarios.

En Plaza de Mayo, la reciben más papelitos y un canto general: “Soy soldado del pingüino”. Enseguida, empieza la canción de Iván Noble: “Avanti Morocha”. CFK llega finalmente a la Rosada. Se baja con Florencia Kirchner. Van de la mano. La música termina. Quedan los aplausos.

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